La estatua de Duarte en Nueva York

Por: JOSE C. NOVAS
Recientemente ha surgido en la ciudad de Nueva York un movimiento que impulsa la idea de eliminar los nombres de algunas calles y las estatuas de varias figuras históricas de Estados Unidos y otras partes del mundo.
Quienes sustentan la iniciativa lo hacen en base a politización o debido a circunstancias actuales que nada tienen que ver con razones históricas. Se sustentan en la supuesta conducta de los personajes, a los que acusan de haber promovido racismo en el pasado.
Desde nuestro punto de vista podemos decir que en lo relacionado al prócer dominicano en dicha propuesta ha primado la ignorancia y el desconocimiento del legado del patricio. De las otras figuras que se exige la remoción de nombres o monumentos en plazas públicas en la multiétnica ciudad de Nueva York, algunas son verdaderamente cuestionables. Otras no. Cualquier plaza o estatua se erige en base a méritos, no en actitudes negativas o perniciosas.
Entre las estatuas señaladas como parte del plan de eliminación está la de Cristóbal Colón, la cual constituye un ícono entre los espacios históricos de la ciudad de Nueva York. En lo que toca a la estatua del padre de la patria dominicana, ubicada en la Sexta avenida en Manhattan, creemos que ha primado la insensatez. 
En ambos casos los reclamantes atribuyen actitud de intolerancia hacia la raza africana, cosa que para nosotros carece de fundamento documental y de lógica; la iniciativa por lo que se ve, se sustenta en la mezquindad de grupos que desconocen la verdadera historia de Cristóbal Colón y la de Juan Pablo Duarte.
En primer lugar, el navegante europeo en su época no fue más que un empleado al servicio de las elites reales, por tanto, lo que hoy se pueda atribuir a su accionar o que parezca prejuicio racial, debe interpretarse como el cumplimiento de las instrucciones que recibió de sus patrocinadores, si alguien promovió prejuicios durante la colonización no fue Colón, sino los auspiciadores del sistema colonial, el navegante no era más que un obrero que trabajaba para el imperialismo de su época.
En lo que refiere a la acusación contra el legado de Duarte, podemos reiterar que se trata de una actitud aberrante de algunos que por desconocimiento de la historia o inspirados por intereses políticos cometen el error de señalarlo como promotor prejuicios hacia la población haitiana o hacia la negritud; los dominicanos lograron la separación de Haití en base a una lucha patriótica que nada tuvo que ver con la composición racial que en ambos casos, los habitantes eran en mayoría racialmente mestizos.
El prócer dominicano tenía plena conciencia sobre la lucha que por la libertad había librado el pueblo haitiano contra los colonizadores europeos y que culminó con la abolición de la esclavitud en toda la isla.
Para que quede claro, establecemos aquí que el proyecto de liberación del pueblo dominicano y el movimiento Trinitario fueron iniciativas políticas que culminaron en un estallido social por la búsqueda de espacios en la escala social y esas luchas se sustentaban en los aspectos culturales disimiles en las tradiciones y costumbres de ambos pueblos. Duarte a pesar de haber manifestado ideas brillantes en el plano político no fue dado a escribirlas, pero su hermana Rosa comprendió la importancia de su obra y recogió para la posteridad en frases, notas o discursos.
Una de las citas de Rosa Duarte sobre su hermano establece lo siguiente: “Admiro al pueblo haitiano, porque leyendo su historia lo veo luchando contra poderes sustancialmente superiores y con su determinación y amor a la libertad los vence una y otra vez”. La interpretación de esa frase es más que elocuente en su trasfondo, es claro indicador que Duarte no tenía prejuicios raciales contra la población haitiana como se alega ahora, en ese momento la mayoría de los pobladores de la isla era mulata y negra, los que ahora alegan que Duarte tuvo prejuicios hacia la raza africana es porque sencillamente desconocen su legado.
La estatua de Duarte en Nueva York representa un reconocimiento a los aportes que ha dado a Estados Unidos presencia dominicana desde que inició el asentamiento en 1919, es una señal de su vitalidad, su aporte a la economía y la cultura a la sociedad norteamericana hasta nuestros días.
La estatua de Duarte debe permanecer y ser respetada, como merecen respecto los cientos de miles de inmigrantes que proceden de la isla con sus descendientes, los que hoy constituyen una importante columna de sustento en todos los ámbitos de la la sociedad en Estados Unidos.josecnovas@yahoo.com