A propósito del mundial de futbol (Alejo Carpentier)

Por ANDREA TEANNI CUESTA

Decía Eduardo Galeano, y coincidía con algunos medios de comunicación que el Mundial de Futbol de 1995 lo  vieron cerca de trecientos mil  personas por partido. Hoy con la irrupción de los medios tecnológicos de la información, especialmente con la bien llamada magia del internet, estas cifras   resultan irrisorias. La enorme publicidad del Mundial 20018, de alguna manera, seduce a todos por escéptico que seas respecto al mismo. Es en teste contexto, que traemos a colación el texto de Alejo Carpentier: Fraternidad y deporte publicado en 1953.

Plantea Alejo Carpentier en el referido texto:” El deporte no es tan fraternal como lo pintan. Ni creo que contribuya mucho al acercamiento entre los hombres. Es una lucha, y como toda lucha atiza pasiones y alimenta rivalidades”. Hoy, Carpentier ratificaría su tesis dado la circunstancia en las que se compite en cualquier deporte y en cualquier parte del mundo.  Esta expresión representa una antítesis con la imagen idílica que describe del deporte, y que forma parte, en muchos contextos, del imaginario popular.

La estampa que describe Carpentier presenta al atleta dando el todo por su emblema,  solo por su emblema, al término del partido, vencidos y vencedores se unen en un abrazo de fraternidad, que justifica el concepto que su generación  aprendió de  padres y maestros: Los deportes contribuyen a la confraternidad humana. Sin embargo, en su visión real, el deporte agudiza el chauvinismo, crea rivalidades entre los pueblos y enardece  nacionalismos mal entendidos.

Con respecto al futbol, Galeano decía que este se explica solo, cuando se juega como es debido, se juega por jugar no por ganar, quienes confunden el derecho de jugar con el derecho de ganar son arruinadores del futbol. Lamentaba que su profesionalización lo haya convertido en un negocio, en un espectáculo  lucrativo y un trampolín político. Apuntaba también, que los fanáticos convierten sus ídolos en dioses y de la misma forma los destruyen. Ambas trampas conspiran contra la alegría de jugar.

Los fanáticos no comprenden lo que apunta Rosa Montero en su texto: La tiranía del éxito y del fracaso: No hay éxito que no esté manchado de fracasos, ni fracasos sin esperanza. De los atletas, sus fortalezas y debilidades son ventiladas en público y los fanáticos no aceptan las debilidades, que junto a las fortalezas, lo revelan como humano. Ante cualquier fallo, los dejan caer y destruyen su estima y amor propio. Exigen de ellos una perfección  que los lleva al límite de su fuerza y resistencia.

Señala Montero una serie de atletas que han sido víctima de la depresión y otras dolencias que los han llevado a la muerte. Esa mezcla de dios y objeto del mercado que  perfila a los atletas, los convierte, en muchos casos, en seres inseguros, dependiente del aplauso, la ovación y la aprobación de la prensa y los fanáticos. En muchos casos no son capaces de sobrevivir al olvido cuando sus fuerzas físicas los abandonan al igual que la admiración de los demás, especialmente, los medios de comunicación.

En fin, la práctica del deporte es tan vieja como la humanidad;  Para los griegos, por ejemplo, la persona bien formada físicamente representaba la plenitud del ser; Pero su profesionalización le ha quitado parte de la alegría de jugar como apuntaba Galeano, lo ha desnaturalizado. Se juega por ganar, y en ese juego el contario representa la otredad. Los cuantiosos recursos que involucran los torneos generan un tiranicidio para los atletas y un estado de ebriedad para los fanáticos.

  Representan una moneda de doble cara, una muestra la alegría e identidad de los fanáticos, la realización profesional y personal de los atletas; la otra, el fanatismo y chauvinismo de ambos

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