Diputados de ultramar: la nueva estafa política

Por L. ARTURO MORATÓ

 

La política como ciencia social, es la cantera más prolífica en el entorno de su propia génesis, de propiciar una lucha perenne de conflictos diversos entre los que incursionan en ella. Unos pocos -por no decir ninguno- lo hacen con cierto asomo de provocar un bienestar social desde la posición que alcancen. Otros -la gran mayoría- en cambio, no son más que buitres a la espera de poder disfrutar del banquete opíparo que resulta estar en el engranaje del poder.

Como sabemos, no hay nada que embriague más a los seres humanos entre otras cosas que, elevar su peldaño dentro de la escalera social, obtener y disfrutar del poder  ya sea para mandar o imponer sus criterios y, por último, acumular fortuna a través del método más rápido y permisible: el ejercicio político desde cualquier rama  de la autoridad gubernamental.

Lo anterior lo podemos definir con toda certeza, como el ejercicio del llamado oportunismo político que, no es más que una manera específica de responder a las oportunidades, la cual conlleva a enarbolar el interés propio y rechazar los principios éticos y los valores morales para resolver preocupaciones propias. En un lenguaje popular se diría «buscarse lo suyo» con el estado.

El oportunismo político yo diría que es un pragmatismo de la política, ellos (los oportunistas) percatan incorrectamente los valores positivos de los seres humanos y, al mismo tiempo, confunden a los demás con una competencia feroz entre ellos para coronar con éxito sus apetencias personales y ansias de poder.  Un ejemplo de estos camajanes son los llamados «diputados de ultramar».

Qué son y para qué sirven los diputados de ultramar?

La diáspora de dominicanos residiendo en el exterior ha ido en un  aumento vertiginoso entre otras cosas, por las crisis económicas, el deseo de mejorar en su formación social y profesional  y, por igual, en obtener un mejor bienestar trabajando y percibiendo una moneda fuerte como lo es el dólar o el euro para una mejor vida para sí y los suyos. Es una decisión válida, siempre y cuando la misma se haga dentro de los cánones legales y las leyes migratorias del país receptor.

Como consecuencia de ello, esa población migrante se ha esparcido sobre todo en los Estados Unidos, Canadá, Panamá, Puerto Rico y parte de Europa, en especial en España. En ese tenor, surgió la idea de que esa masa poblacional contara con una representación en el Congreso dominicano, a fin de satisfacer sus necesidades e inquietudes ciudadanas. Fue así que, en la aprobación de la nueva Constitución de la República Dominicana en el 2010 y bajo la égida del presidente Dr. Leonel Antonio Fernández Reyna, se estableció que los dominicanos en el exterior tendrían representación a través de siete diputados. No obstante ello, fue en mayo del 2012 que fueron elegidos los referidos congresistas y juramentados para sus funciones el 16 de agosto de ese mismo año, contando con todas las prerrogativas de los habituales, participando en las diferentes sesiones y comisiones de trabajo.

Este desafuero político y por demás, algo propio para una sociedad desarrollada políticamente, ha resultado para la República Dominicana algo muy costoso, fútil, ineficaz, inservible, inoperante y, sobre todo, se ha convertido en un manjar apetecible para los logreros y aprovechados en sacar ventajas económicas de esa suculenta  nueva figura política en la República Dominicana.

El costo al erario de siete depredadores

Es probable que muchos ciudadanos ignoren  cuánto les cuesta al Estado Dominicano -es decir, a los contribuyentes- sostener a los llamados «diputados de ultramar» para que, al fin y al cabo, ni hagan  ni sirvan, ni modifiquen ni contribuyan en lo absoluto a nada.

Si no atenemos a los resultados obtenidos desde su incorporación al Congreso desde el año 2012, podemos llegar a la conclusión de que los mismos han sido fallidos y nada nuevo han aportado. Solo hay que ser realista o pragmático y pensar que, si los que están en la República Dominicana no hacen nada y viven sumergidos en una vorágine de una corrupción vergonzosa, con una pobre demostración cultural y una flaqueza en asumir sus reales obligaciones, imagínese qué se puede esperar de siete chaqueteros viviendo allende a nuestras fronteras y de los reales problemas que acogotan a la sociedad dominicana y a la propia diáspora?

El salario neto de un diputado de ultramar es de unos RD$350, 974 mil pesos mensuales. Además, perciben  un sueldo extra por sus servicios de RD$87 mil pesos por encima de su salario mensual y no conforme con ello, les dan unos RD$35 mil para gastos de representación y una suma  por consumo de gasolina para su movilidad ascendente a unos RD$20 mil pesos.

A esto les agregamos unos RD$3, 500 para asistir a la asamblea legislativa y otros RD$2, 000  mil al asistir a las reuniones de comisiones, pudiendo recibir mayor cantidad si asisten a otros espacios. No podemos olvidar que, aparte de todo este despilfarro hay que sumarle que a cada uno de estos siete pancistas se les da una exoneración por valor de unos US$100 mi dólares (aprox. medio millón de pesos a la tasa actual). Agréguele a todo esto, los gastos cubiertos de celulares, oficinas y choferes pagados por el gobierno dominicano. La suma total de ingresos es vergonzosa y lacera el alma de cualquier decoroso ciudadano.

Me pregunto y hago lo mismo con los amables lectores: vale la pena que un país con acuciantes  problemas sociales,  haga una erogación millonaria para una actividad política tan pírrica y poco beneficiosa en sentido general? Evidentemente que no, más bien,  lo considero una diablura política, una perversidad social, un irrespeto y un despilfarro del dinero de los contribuyentes.

Yo pienso y creo que, la sociedad dominicana no debe asumir una postura al estilo de un kamikaze japonés,  o en su defecto, hacerse  un haraquiri o por igual,  asumir la misma actitud  de Chacumbele cuando él mismo se mató al sufrir un desengaño.  Esta irracionalidad del pensamiento y la conducta, es la que asumiría desde el punto de vista social y político,  el dominicano que vaya y emita su voto en las próximas elecciones a fin de elegir a siete caraduras que,  la única visión que tienen en mente, es  acumular dinero, bienestar y ascendencia social y política para sí mismo y  exponiendo  vagas expectativas y falsas promesas electoreras a los incautos víctimas de su sofisma político barato para cortejarlo con su necesario voto para la «bonne vie»  (buena vida) como dirían los franceses.

Una golondrina no hace verano

 Una golondrina no hace verano, es un refrán muy popular que nos indica que de la confirmación de un solo hecho no se puede esbozar como una norma o regla en sentido general. Como sabemos, las golondrinas son aves que emigran a distancias cortas y muy largas y generalmente, lo hacen en bandadas con la finalidad para posarse en zonas con alimentos, un clima favorable y propio a su hábitat. Ubicados allí ponen sus huevos y nacen sus crías.

En torno a lo anterior, es obvio que cuando veamos la llegada de una sola golondrina a una zona ello no es sinónimo de que el verano haya llegado, sino más bien que, una golondrina de la bandada se adelantó. Esta paremia que nos regala la naturaleza se puede cotejar con la vida cotidiana del ser humano, y precisar que un indicio que no se cumple con regularidad no puede  aceptarse como una norma o regla general.

Este aforismo es tan antiguo que, aparece ya en el libro «El ingenioso hidalgo Don Quijote de la mancha» escrito por Miguel de Cervantes  Saavedra y más antiguo aún cuando fue utilizado por el filósofo Aristóteles cuando escribió en el libro de «Etica a Nicómano»: «Porque una golondrina no hace verano, ni un solo día, y así tampoco hace venturoso y feliz un solo día o un poco tiempo».

Por qué hago alusión a este adagio y he desarrollado este humilde trabajo de opinión en torno a la inutilidad de elegir a siete arribistas, los cuales quieren montarse en el carro desenfrenado de la corrupción política? La razón es que al engaño, al sofisma y a las aspiraciones de los oportunistas de la política siempre hay que enfrentarlos, denunciarlos y decirles lo que realmente son y buscan.

Y además, porque en referencia con lo anterior, el  pasado sábado 28 de septiembre en este medio digital, leí en la sección de opinión un artículo titulado: «Con cualquiera no se gana», en donde su autor hace alusión a postularse como diputado de ultramar. Dicho artículo fue escrito por un asiduo articulista sabatino, abogado, socialista confeso y rabiosamente castrista y chavista. Pero, al igual como la gran mayoría de los que reniegan de los Estados Unidos como nación, desdicen de  su sistema económico capitalista  y se aprovechan de su gran democracia, decidió (según lo dijo) radicarse desde hace 40 años en las propias fauces del «malvado imperio» y en específico,  en la ciudad de New York en el condado del Bronx.

O sea, este articulista es de  los llamados «socialistas a distancia» que aman la revolución cubana, defienden los crímenes de la  dictadura chavista y apoyan al régimen opresor de Nicaragua. Pero, desde lejos  viviendo sin zozobras  en una nación democrática, segura, con abundancia de alimentos, con libertades, con seguridad social, sin carencia de agua potable, ni falta de luz, organizada, de libre tránsito, ganando en dólares- «la malvada moneda capitalista»-, con total y absoluta libertad de expresión, cosas que no se disfruta en Cuba y de la cual ellos hacen uso para arremeter y vaciar todo su odio en contra de la nación que ellos por motu proprio escogieron.  Equivocación o arribismo?

Otra de las razones que me impulsaron a escribir esta opinión es que, en el citado artículo de marras me llamó la atención una frase escrita por  el abogado y socialista a distancia, en donde él le respondía a una lectora un comentario que ella hizo, diciéndole con todo el cinismo político, salpicado de una hipocresía crónica y encarnando a la perfección el papel de un fariseo  del Templo del Senedrín en los tiempo de Jesús que: (cito) «Muchas cosas cambiarán cuando yo sea elegido diputado de ultramar».

En consecuencia con lo anterior y ante esta frase tan altanera, arrogante y prepotente, vuelvo a reiterarle al agrónomo , abogado,  socialista a distancia y autor del artículo «Con cualquiera no se gana», el adagio  al cual hice alusión que nos deja el mensaje que reza:  Una golondrina no hace verano.

Facebook Comments