R.Dominicana no alcanza la media sobre preservación de costas

WASHINGTON, .– Las costas de África occidental, Oriente Medio, Centroamérica y el sur de Asia son las más dañadas del planeta y las del norte de Europa y las pequeñas islas del Pacífico las más saludables, según un nuevo estudio difundido hoy.

El estudio, el primer Índice de Salud de los Océanos, califica las zonas marítimas del mundo en base a variables que miden la explotación pesquera y turística, la biodiversidad o el valor paisajístico, con una puntuación de uno a cien, de peor a mejor.

La media global se situó en 60, según anunciaron hoy Washington Conservation Internacional y National Geographic, las dos principales organizaciones detrás del informe.

«Los océanos del mundo están mejor de lo que cabría imaginar», señaló Ben Halpern, científico jefe del índice, en una rueda de prensa telefónica.

Aunque hay «preocupación» los científicos también albergan «esperanza», agregó.

África occidental, Centroamérica o partes del sur de Asia obtuvieron las peores notas debido a «un cambio sin precedentes en la manera en que impacta la humanidad en los océanos y nuestra coexistencia con ellos».

A la cola de la lista se sitúa Sierra Leona, con una calificación de 36, mientras que la mejor fue para Jarvis, una pequeña isla deshabitada en medio del Pacífico, que obtuvo un 86.

En Latinoamérica, Nicaragua muestra el peor índice (43), seguida de Haití y Perú (44), El Salvador (45), Venezuela y Honduras (46), Uruguay (47) y Panamá (48).

República Dominicana, con 58, México, con 55, y Colombia, Cuba y Argentina, con 52 las tres, no consiguen superar la media mundial.

Chile, con 60, está justo en el promedio mundial y Puerto Rico, con 61, y Brasil, con 62, por encima, lo que muestra la gran variedad de notas en la gestión de grandes zonas costeras en Latinoamérica y otras partes del mundo.

Como indicó Halpern, en Sudamérica se puede observar un amplio rango de notas como en el caso de dos países vecinos, Nicaragua y Costa Rica, con índices de 43 y 61, respectivamente.

Un caso similar se da entre Ecuador (60) y Perú (44), algo que según los investigadores «se explica por la mejor supervisión de las autoridades ecuatorianas y por la existencia de ecosistemas que almacenan carbono, como pastos marinos, manglares o salares».

«Pese a que Perú tiene un mayor impacto e historial comercial marítimo, Ecuador trabaja bien en la protección del hábitat marino», indicó uno de los responsables del equipo investigador.

Estados Unidos obtuvo un índice de 63, con bajas notas en impacto del turismo y gestión pesquera de sus aguas.

En Europa destaca el ejemplo de Alemania, uno de los países con mejor nota (73) pese a estar densamente poblado, mientras que otros como España obtuvieron un 58, por debajo de la media mundial, especialmente por el impacto paisajístico del desarrollo humano en sus costas.

En el caso español destacan las altas notas en pesca artesanal para comunidades locales (95), limpieza de las aguas (76) y biodiversidad (74), mientras que los índices más bajos, ambos en 34, se dan en el impacto del turismo y la pérdida de especies o paisajes vinculados a la identidad cultural del país.

Los países europeos ribereños con el Mediterráneo obtienen una nota similar a la española, mientras que Francia, gracias en parte a mejores notas en gestión turística y del paisaje, consigue un índice de 66 puntos.

Steve Katona, director gerente del Índice de Salud de los Océanos, indicó que quieren trabajar con las autoridades para utilizar estos datos como una herramienta que ayude a políticas más eficientes.

Katona recordó que Brasil y China están ya tomando la iniciativa para utilizar el índice, que aspira a ser anual, y evaluar la situación de sus costas.

Brasil es el país sudamericano con la mejor nota (62), pese a obtener un cero en el baremo que mide el impacto del sector turístico, con altas notas en biodiversidad, defensa de pesca artesanal y mantenimiento de ecosistemas claves para la absorción del CO2.

Más del 40 por ciento de la población mundial vive en zonas costeras.

El aumento demográfico, con una población que llegará a los 9.000 millones en 2050, tendrá un papel clave en la capacidad de los océanos para proveer alimentos y mantener su riqueza en biodiversidad.

 

16 Ago/ Amo Dom/ EFE

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