
La debilidad de la democracia
Por Benny Metz
Abogado.
En las tumultuosas aguas políticas de nuestra época, me veo reflejado en una generación de líderes cuya emergencia ha sido testigo de una democracia en plena efervescencia, donde la sociedad ha abrazado con fervor la esencia misma de la democracia como un tesoro invaluable, un legado preciado que demanda ser fortalecido de forma constante mediante la práctica comprometida de sus fundamentos esenciales. En este contexto de efervescencia y desafíos, me sumo como un actor comprometido en la escena política, dispuesto a dar lo mejor de mí para fortalecer y proteger los cimientos de nuestra democracia en constante evolución.
En mi travesía por los complejos senderos de la política, he aprendido a valorar profundamente la necesidad imperativa de fomentar y salvaguardar los canales de expresión como pilares indispensables para forjar una comunidad en la que la democracia pueda florecer de forma auténtica, protegiéndola de cualquier intento de manipulación. A pesar de ello, no puedo dejar de constatar con inquietud cómo, en una suerte de paradoja desconcertante, el propio entramado de la democracia se ve amenazado cuando su concepción es tergiversada y utilizada de manera inapropiada por la oposición al gobierno de Luis Abinader.
En mi ferviente defensa de los valores democráticos, me resulta cada vez más evidente que el verdadero compromiso con la democracia va más allá de meras palabras o promesas vacías. Requiere una acción coherente y una vocación incorruptible por parte de aquellos investidos con la responsabilidad de representar y velar por los intereses de la población como lo ha estado haciendo cada miembro del gobierno del cambio.
Es en este escenario de desafíos y contradicciones que me encuentro inmerso, consciente de que la preservación de la democracia no es una tarea sencilla ni está exenta de obstáculos. Es un compromiso arduo que demanda valentía, integridad y una profunda convicción en los nobles principios democráticos. Porque, al final del día, solo a través de un compromiso inquebrantable con la verdad, la justicia y la transparencia podremos asegurar que la democracia no sea un simple ideal efímero, sino una realidad palpable y duradera en la vida de nuestra sociedad.
En medio de este escenario político convulso, donde la descalificación y el enfrentamiento parecen extenderse sin tregua, es crucial reflexionar sobre el resurgimiento preocupante de campañas políticas denigrantes. Estas prácticas, que creíamos superadas en una era que abogaba por la madurez democrática como faro orientador, desvían la atención de lo substancial hacia un terreno hostil que socava los cimientos mismos de la convivencia democrática.
Ante esta desalentadora realidad, surgen interrogantes cruciales acerca de la integridad y la responsabilidad de quienes han abrazado la noble misión de representar los anhelos y las inquietudes del pueblo. ¿Dónde quedan entonces los valores éticos que deberían guiar cada paso en la arena política? ¿Es lícito anteponer intereses partidistas y ambiciones personales a la causa común de fortalecer nuestra democracia y garantizar el bienestar de todos los ciudadanos?.
En medio de esta vorágine de desencuentros y discordias, es imperativo recordar que la verdadera grandeza de un líder radica en su capacidad para elevar el debate político, tender puentes en lugar de levantar murallas y privilegiar el diálogo sobre la confrontación estéril como demostró el candidato del PRM, en el debate realizado en la Universidad Pedro Henríquez Ureña en este proceso electoral.
Solo así podremos vislumbrar un horizonte de esperanza donde la política recupere su auténtico propósito como instrumento al servicio del pueblo, forjando consensos y trascendiendo las mezquindades del ego y la ambición desmedida.
En contraste, en el seno del Partido Revolucionario Moderno, hemos optado por no sucumbir a esas prácticas deshonrosas. Nuestro candidato, Luis Abinader, se ha revelado como un líder moderado y conciliador que privilegia el diálogo constructivo y la confluencia de ideas sobre la agresión y la difamación. Incluso en momentos cruciales de nuestro ascenso al poder, hemos preferido mantenernos fieles a nuestros principios y fomentar un ambiente de discusión basado en propuestas sólidas y respetuosas.
Es fundamental recordar que la democracia es un sistema frágil que necesita la participación y la responsabilidad de todos sus actores para preservar su integridad. El buen ejercicio político implica no solo cumplir con las reglas del juego democrático, sino también fomentar una cultura cívica que propicie el diálogo, el respeto y la búsqueda de consensos en aras del bienestar de la sociedad en su totalidad. La verdadera grandeza de un político reside en su capacidad para fomentar la inclusión, la tolerancia y la transparencia en el ejercicio del poder.
Día a día, debemos esforzarnos por fortalecer los pilares de nuestra democracia, reafirmando nuestro compromiso con la honestidad, la justicia y la equidad en todas nuestras acciones. Debemos rechazar de forma contundente las prácticas que buscan dividirnos, desinformarnos y desviar nuestro ideal democrático, construido con esfuerzo.
En estos tiempos de incertidumbre y desafíos, es esencial recordar que somos responsables de garantizar la continuidad y el progreso de la democracia. A través del ejemplo y un trabajo constante, podemos demostrar que la política es un instrumento de transformación y avance, no de conflicto y destrucción.
Es en la persistencia y la determinación como la del Presidente Luis Abinader y su equipo en el Partido Revolucionario Moderno, abogan por la ética y la integridad en la vida política, donde encontramos la verdadera esencia de la democracia. Sigamos construyendo juntos un futuro donde la democracia sea más que una palabra, sea un modo de vida que infunda confianza, esperanza y unidad en nuestra sociedad.
Finalmente, en este arduo camino político, resulta crucial mantener la fe en la capacidad de la ciudadanía para discernir entre lo verdadero y lo falso, entre lo justo y lo injusto. Es tarea de cada uno de nosotros como individuos exigir responsabilidad y transparencia a nuestros representantes, y al mismo tiempo, comprometernos con el fortalecimiento de una cultura democrática basada en la honestidad y el respeto mutuo.
Por ello, te invito a reflexionar y a conectar sobre tu papel como ciudadano y sobre la importancia de participar activamente en la vida política de tu provincia, municipio, barrios promoviendo los valores que sustentan una sociedad democrática saludable. Tu voz tiene poder y tu acción puede marcar la diferencia en la construcción de un mejor futuro para todos.
Mantengamos viva la llama de la democracia, defendamos sus principios con valentía y determinación, y recordemos siempre que la grandeza de una nación reside en la fortaleza de su sistema democrático y en el compromiso de sus ciudadanos con una democracia sana promovida por Luis Rodolfo Abinader.


