A mi Pedro

A mi Pedro

Amín Arias Garabito
Político dominicano residente en Europa
@AminArias

Solemos decir que nos quedamos sin palabras cuando queremos expresar algo que realmente nos llega al alma. Y por lo general se cumple esta premisa. Sin embargo, cuando se trata de hablar de Pedro Zerolo son muchas las palabras que lo definen y que podemos utilizar para dar significado a todo lo que él representa. Aunque he de reconocer que quizás todas esas palabras que me pueden salir en un momento para loarle no sean suficientes para expresar el amor infinito y el respeto que siento por su figura.

Pedro nos hizo un poco más libres a todas y a todos. Supo transmitirnos su fuerza y su pasión por la lucha, la convicción por la defensa de los derechos de los marginados. Trabajó incansablemente por lo que él mismo definía como «una sociedad inclusiva, donde cabemos todos y todas». Y a quienes tuvimos la inmensa suerte de estar a su lado en algún momento, nos dio herramientas que prendieron nuestra alma de activistas.

Para mi fue un gran maestro que, quizás sin pretenderlo, me enseñó a amar mucho más la política, esa política con mayúsculas de la que tanto hablaba, y que me ayudó a caminar por el sendero del activismo social para posicionarme valientemente frente a las múltiples discriminaciones que convergen en mi propia persona: la de un hombre negro, inmigrante y homosexual.

Aprendí con él a defender con vehemencia a otros colectivos sociales igualmente vulnerables como las mujeres, a ser más feminista; a ponerme del lado de otras minorías étnicas como la gitana, tan malograda en una España que aun no completa su integración; y a las distintas realidades que convergen en las poblaciones migrantes que empezaron a llegar a este país desde hace décadas: latinos, árabes y afrodescendientes.

Fue de los primeros en darme la oportunidad dentro del PSOE mostrándome siempre su apoyo, tendiéndome a mi y a mis compañeros y compañeras de las Juventudes Revolucionarias del PRD la mano, al igual que a otras organizaciones políticas y asociaciones de dominicanos y dominicanas establecidas es España. Por poner un ejemplo, la Federación Dominicana de Mujeres Socialdemócratas (FEDOMUSDE) siempre contó con él porque repetidas veces les dijo que él era «una de ellas», que era una Lucrecia Pérez, que era «una más».

El hombre de la sonrisa eterna voló con nosotros a Latinoamérica para reencontrarse con esas realidades que son la causa de muchas injusticias. Se sentía de aquella tierra porque vio la primera luz del sol en una Venezuela que acogió a sus padres emigrados de aquella España gris que tanto queremos olvidar. Y Colombia lo recibió con los brazos abiertos; y República Dominicana lo nombró Distinguido mediante Resolución de la Sala Capitular del Ayuntamiento del Municipio Norte de Santo Domingo, la primera ciudad del Nuevo Mundo.

Allí, en mi tierra, los colectivos LGTB celebraron su presencia, que sin duda marcó un antes y un después en el accionar mismo de la actividad organizada de los movimientos en defensa de los derechos de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales. Y acogieron de buena gana sus propuestas para trabajar en un objetivo común: que llegue a Dominicana la aprobación de una ley como la que él mismo ayudó a fraguar en España durante el primer gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero, una norma que reconozca definitivamente nuestra dignidad como seres humanos iguales.

Aquí, los jóvenes revolucionarios del PRD le vimos siempre con admiración porque su pasión, su contundencia en el mensaje, en las ideas, nos emborrachan todavía de ganas de seguir adelante aunque se nos presenten miles de adversidades.

América Latina le ama. Los afrodescendientes le amamos porque supo hacer suya nuestra lucha. Sintió el peso del látigo que desde hace siglos fustiga a nuestros hombres y mujeres. El látigo de la discriminación, del apartheid, de la segregación. Se sentó con nosotros en el mismo asiento del autobús que ocupó un día Rosa Park. Y se rebeló contra aquel conductor que pretendió bajarla sin justificación, menoscabando su dignidad. Y siempre nos dio aliento para seguir adelante con nuestro objetivo: la igualdad.

Mi Pedro, nuestro Pedro, el chico de los rizos es un héroe. Un superhombre que no se doblegó jamás ante las críticas y las burlas contantes de la que fue objeto. Su cometido era mas importante que aquellos susurros que no dejan de ser mas que expresiones de las frustraciones de almas perversas. Muchos de los que le fustigaron entonces hoy disfrutan de su legado.

La libertad, la igualdad y los derechos para todas y todos se escriben en España con la Z de Zerolo. La historia de este país le debe una página a uno de sus más ilustres hijos y nosotros tenemos el deber de mantener su legado intacto, seguir adelante para extenderlo a otros lugares y trabajar duro para que nunca se repitan situaciones de desigualdad entre hermanos.

Gracias Pedro por tu entrega, gracias por tu sacrificio. Gracias por ser tan nuestro. ¡Gracias!

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