Algunos apuntes que deberíamos conocer sobre la Restauración

Algunos apuntes que deberíamos conocer sobre la Restauración

Político dominicano, reside en Europa

Los dominicanos vivimos en un estado de reafirmación nacional permanente. Algo que no es malo porque nos impide olvidarnos de lo que somos, de dónde venimos y nos mantiene ligados a la tierra que nos vio nacer. Sin embargo, esa reafirmación constante nos lleva en ocasiones a manifestar un chovinismo excesivo, que no es distinto al de muchos nacionales de otros países.

En cualquier caso, el orgullo que mostramos los dominicanos de ser dominicanos es algo incomparable. Cada uno con sus distintas opiniones formamos esa amalgama de colores y sabores que nos hacen ser una gran nación a pesar de solo contar con la mitad de una isla verdaderamente pequeña, en medio de un rosario de islas donde la diversidad es la reina.

El más importante episodio nacional es sin duda la Restauración de la República que empezó el 16 de agosto de 1863 con el Grito de Capotillo. Una gesta patriótica que desembocó en una cruenta guerra de dos años contra España que finalmente nos trajo el feliz final de la vuelta al sistema republicano que habíamos experimentado solos desde 1821 con la llamada Independencia Efímera; luego junto a Haití durante los veintidós años de Unificación de la isla que empezaron en 1822; y posteriormente solos nueva vez tras la proclamación de la Separación en 1844.

La Restauración es la gesta de reafirmación perfecta que explica lo que somos. No obstante, la misma encierra una serie de capítulos que han sido interesadamente ocultados (nadie sabe muy bien porqué) con el fin de mantener una postura beligerante con nuestro vecino país y de esa forma mantener vivo el espíritu de una lucha abierta que en realidad acabó muchísimo tiempo antes de que se produjera la gesta patriótica de 1863.

Hay varias cosas de ese momento histórico que deberíamos saber todos los dominicanos y dominicanas al dedillo. Y mas en estos momentos de exaltación patriótica con la convocatoria de diversas marchas en favor del respeto a nuestra soberanía y a nuestras leyes, pero que en el fondo encierran un tinte xenófobo injustificado.

Esa es la razón por la cual quiero resumir, de forma muy suscita, el proceso restaurador; sus causas y sus consecuencias, su desarrollo y hablar, sobre todo, de sus personajes. Ahora paso a esquematizarlo:

1. Los Trinitarios y varios grupos separatistas proclamaron la Independencia separando los dos antiguos Departamentos de Cibao y Ozama, que componían la parte Este de la República de Haití, y crearon la República Dominicana.

2. El dictador Pedro Santana, después de varios años de gobiernos despóticos, decide reincorporar el país a España. La Anexión se produjo en 1861 con el favor de la Reina Isabel II, quien nombró a Santana Marqués de Las Carreras, un título nobiliario creado en exclusiva para él. Nos convertimos en una Provincia de Ultramar del Reino de España, algo para lo que el trinitario Ramón Matías Mella fue comisionado por el gobierno dominicano. Aunque luego se reivindicó en la guerra restauradora.

3. España cambió todo el tren gubernamental enviando a nuevos funcionarios desde la península, desplazando así a los dominicanos que llevaban desde La Reconquista de 1808, liderada por Ciriaco Ramirez y Juan Sanchez Ramirez, y que logró expulsar a los franceses de Napoleón Bonaparte, representados por el Gobernador Ferrand y el General Leclerc, manejando los destinos de la nación.

4. Cuba y Puerto Rico seguían siendo colonias españolas. Seguía practicándose en ellas la esclavitud, a diferencia de en la Provincial de Santo Domingo, donde la misma fue abolida en 1822 por el Presidente Jean Pierre Boyer justo al proclamarse la Unificación de ambas partes de la isla, tras la firma de los pactos de adhesión de todos los pueblos hispanos y con el concurso de José Núñez de Cáceres, el autor de la proclamación en 1821 del Estado Independiente del Haití Español. La intención de muchos españoles era devolvernos a la esclavitud al igual que en sus otras posesiones del Caribe, cuestión que no fue aceptada por los negociadores dominicanos de la Anexión.

5. Isabel II nombró como Gobernador de la Provincia al General Felipe Ribero y Lemoine quien impuso una poco decorosa legislación en la que incluía el denominado «Sistema de Bagajes», que consistía en la requisa de todo lo que el ejército español necesitara, en especial animales de carga, que era el medio de trasporte habitual, para la realización de operaciones militares. Esto afectó tanto a los tabacaleros del Cibao como a los comerciantes de maderas preciosas del Sur que veían cómo el gobierno se quedaba con sus pertenencias sin garantías de devolución. Este ofensivo sistema de bagajes fue tan conocido que varios periódicos madrileños de la época lo reseñaron en sus páginas haciendo denuncia expresa de los excesos del ejército en territorio de la provincia ultramarina.

6. La desaparecida estratificación social por ascendencia étnica, tras veintidós años de convivencia con Haití y diecisiete años de vida independiente, volvió a manifestarse. Los más blancos se alejaban de sus amigos negros o mulatos por el temor a ser marginados. Muchos dominicanos de origen haitiano empezaron a cambiar sus apellidos y a «españolizarlos» para así pasar desapercibidos de las posibles consecuencias que entendían podrían desprenderse de la nueva situación política.

7. Con la Anexión se revivió la esperanza de algunos hispanófilos de recuperar las tierras de Hincha, San Miguel de La Atalaya, San Rafael de la Angostura y Las Caobas, perdidas durante la guerra entre Francia y España, comandada en la isla por el antiguo General francés Toussaint L’Overture, reconvertido en nacionalista haitiano e inspirador de la independencia de aquel país. Para el Gobierno de Haití esas peticiones eran ilegítimas y ello justificaba su miedo al establecimiento de los españoles nuevamente en territorio dominicano, ya que les obligaba a compartir el territorio con una monarquía esclavista y no con una República donde se respetaba la dignidad humana como lo era la República Dominicana.

8. Esa y otras razones fueron suficientes para que el Presidente haitiano Fabre Geffrard, un antiguo Duque ilustrado y artífice de la prosperidad económica de Haití, diera su apoyo irrestricto a los seberanistas dominicanos, por lo que ordenó a su gobierno suplir con armas, dinero y soldados a las milicias dominicanas que se organizaban alrededor de la frontera para hacer la guerra contra España. Es decir, el gobierno y el ejército haitianos entraron de lleno en la guerra restauradora en el bando de los dominicanos apoyando su intento de volver a conformar la República.

9. Cayetano Velázquez inició la rebelión contra los españoles el 3 de febrero de 1863 en el poblado de Neyba. Su acción fue repelida por la Comandancia de Armas de la ciudad, y aunque se extendió a Azua y San Juan de la Maguana no tuvo mayores consecuencias. En el Cibao la acción anti española estaba comandada por el General Santiago Rodríguez, quien operaba desde Sabaneta. La conspiración fue descubierta en Guayubín el 21 de febrero y provocó que las trompas españolas del General José Antonio Hungría cayeran con todo su peso sobre aquella población. El día 24 los conspiradores de Santiago de los Caballeros se pronunciaron contra le gobierno español. Fueron aplastados y fusilados y Hungría volvió a Guayubín y Sabaneta donde nuevamente derrotó a los dominicanos haciéndolos huir hacia Haití.

10. Santiago Rodriguez, el jefe de la revolución, se reunió con representantes del gobierno haitiano y miembros de su ejército, así como con hacendados ricos quienes le proporcionaron de ayuda logística, una inportante suma de dinero, municiones, armas y alimentos que sirvieron para reorganizar las tropas y cruzar la frontera para hacer la guerra. Benito Monción, Pedro Antonio Pimentel y José Cabrera, cabecillas de la rebelión junto a Santiago Rodríguez, continuaron la acción de guerra de guerrillas en la frontera, atacando las posiciones españolas y refugiándose en Haití bajo la protección del gobierno de Geffrard. Un apoyo que no estuvo exento de las amenazas de invasión de España sobre territorio haitiano si continuaban refugiando a los dominicanos insurrectos.

EN RESUMEN:
El 16 de agosto de 1863 los dominicanos que se encontraban en Haití cruzaron la frontera, encabezados por Santiago Rodriguez, y proclamaron la Restautacion de la República Dominicana con el conocido Grito de Capotillo. Enarbolaron la bandera dominicana, hostigaron al ejército español hasta derrotarlo en la Batalla de Fuerte de San Luis.

Prendieron fuego a la ciudad de Santiago con el fin de sacar a los españoles de sus inmediaciones hasta recluirlos en Puerto Plata, única ciudad del Cibao junto a Samaná que las tropas isabelinas pudieron mantener. Santo Domingo, Azua, El Seibo, Hato Mayor e Higüey siguieron bajo dominio español. El resto del país se levantó en armas.

Constituyeron un Gobierno Provisional Restaurador presidido por Antonio Salcedo, un español nacido en Madrid, pero que abrazó la causa nacional dominicana como otros tantos miembros de esa primera Junta, como fueron los Ministros Belisario Curiel, nacido en Venezuela; Pedro Francisco Bonó, de origen español y francés cuya madre nació en Haití; y Alfedo Deetjen Merecette, haitiano nacido en la ciudad de Cabo Haitiano.

A partir de ese momento se inició una guerra de dos años que acabó en 1865 y que costó a España unas 10.000 bajas, más de 30 millones de pesos y la ruina económica de Santo Domingo. Santana fue sustituido por el General La Gándara y Pepillo Salcedo fue asesinado por órdenes de Gaspar Polanco, quien se convirtió en presidente. Lo derrocaron a los tres meses y fue juzgado. Benigno Folomeno Rojas asumió el poder del gobierno restaurador nombrando a Gregorio Luperón como Vicepresidente por su destacada acción en las diferentes contiendas bélicas de la guerra.

Con el nombramiento de Deetjen, quien presidiera tres veces la Junta Provisional Restauradora, así como la designación de Luperón en el gobierno y el reconocimiento de Ulises Heureaux, se ve claramente la influencia del gobierno haitiano sobre las acciones de los restauradores dominicanos. Tanto Luperón como Heureaux son dominicanos de origen haitiano, hijos de padres haitianos. Y Monsieur Alfred Deetjen es haitiano de nacimiento.

Por otra parte, la protección que dio el gobierno haitiano a Francisco del Rosario Sánchez, ocultándolo en su territorio donde organizó la expedición por la Línea del Sur contra Santana, es otro ejemplo de esa ayuda brindada por Haití al proceso restaurador. Aparte de que el prócer Sánchez, Padre de la Patria, estuvo unido a una ciudadana haitiana con la que procreó una hija.

Hoy Luperón es considerado el héroe de la Restauración, pero la mayoría de los dominicanos desconocen cual es su origen y qué vinculación tuvo con los procesos de apoyo mutuo entre los gobiernos de ambas partes de la isla en aquellos años de la más cruenta guerra de nuestra historia nacional.

Los dominicanos deberíamos reconocer que, efectivamente, el Masacre se pasa a pie, y que muchas acciones nuestras tuvieron éxito gracias al apoyo de los gobiernos de la otra parte de la isla. Seria un gran ejercicio de reafirmación.

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