Alzheimer político u otras formas de hacerse el loco.

Alzheimer político u otras formas de hacerse el loco.

Amin Arias Garabito

Ahora a muchos militantes de la izquierda dominicanos les parece mal (y a mi no es que me tenga muy contento) un acuerdo de gobierno de «unidad nacional» entre el PRD y el PLD. Sin embargo, cuando hace algunos años suscribimos la denominada Alianza Rosada, a cuya conformación me opuse enérgicamente en su momento (ver mi artículo en aminarias.blogspot.com), mediante la cual negociamos el reparto del poder municipal entre el Partido Reformista Social Cristiano (PRSC) y el Partido Revolucionario Dominicano (PRD), formando un frente común contra el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) de Leonel Fernández, entonces nos pareció que pactar con la derecha estaba bien.

Pocas voces críticas recuerdo de aquel momento histórico en el que el PRD pactó un frente opositor con los remanentes del trujillismo. Es decir, los vilipendiados durante el régimen, los que sufrieron la crudeza de la guerra civil de abril de 1965 que buscaba restablecer el orden constitucional y devolvernos al poder que nos arrebataron los esbirros de Joaquín Balaguer (que no olvidemos era el Presidente de la República al momento del asesinato del Generalísimo Trujillo), los represaliados durante la dictadura de los 12 años, los antiguos miembros del MPD y otras organizaciones de izquierda del país, subsumidos dentro del PRD desde hacía años, se juntaron con la derecha más recalcitrante y sanguinaria de la República Dominicana y se presentaron a las elecciones.

¡Qué rápido olvidamos!

O por ejemplo, me voy unos años más atrás y rescato del olvido aquel gran Acuerdo de Santiago de 1974, en el que los líderes revolucionarios presentaron una candidatura conjunta llevando a Elías Wessin y Wessin como candidato a la Vicepresidencia.

Sí, señoras y señores, el General Wessin y Wessin quien ordenó el bombardeo de Santo Domingo en medio de la guerra civil y quiso aniquilar a los constitucionalistas, que no eran otros que hombres y mujeres del PRD y de las organizaciones de izquierda que apoyaban a Juan Bosch, en la ya famosa Batalla de la Cabeza del Puente Duarte, fue designado, poco menos de diez años después de aquella cruda contienda, como compañero de boleta de Don Antonio Guzmán Fernandez.

Es decir, compañeros y compañeras, que la izquierda dominicana está acostumbrada a escenificar estos pactos estrambóticos con la derecha. El PRD, sean cuales sean sus denominaciones y sus dirigentes en cada momento histórico, lo ha hecho siempre. Incluso durante los años de presidencia de nuestro extinto líder José Francisco Peña Gómez cuando firmamos el mayor acuerdo preelectoral de la historia, el denominado Acuerdo de Santo Domingo, confluimos con partidos centristas y de derechas.

La izquierda dominicana tiene un grave problema, y es que se olvida convenientemente de la ideología y sus representantes lo que buscan desesperadamente es alcanzar el poder a toda costa, cuando el fin último no es ese, sino el servir a los ciudadanos. Por tanto, no sé cómo es posible que algunos se escandalicen de que se vuelvan a reeditar esos pactos con los mismos de siempre si quienes ahora protestan contra la resolución de esos nuevos acuerdos son los protagonistas de los pactos del 74 y del 98.

Y yo me pregunto: ¿sufren nuestros dirigentes verdaderamente de Alzheimer y olvidan los sucesos más inmediatos de nuestra vida política o es que por alguna razón se quieren hacer los locos? O por el contrario ¿creen de verdad que somos idiotas?

Y me siguen asaltando las dudas y me cuestiono: ¿quienes montaron el embrollo reeleccionista en el que nos encontramos? ¿Quienes son los responsables de esa indefinición perpetua que nos hace vacilar constantemente entre si elegir una cosa o la otra? ¿A quienes hay que pedirles efectivamente cuentas sobre el monstruo dormido y posteriormente desatado y los estragos que hoy causa al país?

Y por supuesto que tengo (y tenemos) la respuesta a todas esas interrogantes: los responsables de todo ese «arroz con mango» somos nosotros mismos.

Sí, el entonces PRD, ahora escindido en PRD y PRM, entre otras denominaciones, fue el responsable de la restitución de la reelección presidencial cuando el Presidente Hipolito Mejía sometió al Congreso Nacional el proyecto de ley que modificó la Constitución en 2002.

Ese es también el origen del Partido Revolucionario Social Demócrata (PRSD) de Hatuey de Camps, surgido tras la renuncia voluntaria del histórico dirigente (que no fue mas que prácticamente una expulsión encubierta) del PRD por oponerse radicalmente a la restitución de la reelección, cuestión que traicionaba los principios básicos del perredeísmo.

Todos sabemos que hubo oposición dentro del seno del partido porque los legisladores peñagomistas se negaron a aprobar algo por cuya prohibición José Francisco Peña Gómez se dejó tanto. Las bases del partido no apoyábamos tal afrenta y quienes integrábamos los comités de apoyo a la candidatura presidencial de Milagros Ortiz Bosch vimos en esa maniobra una jugada poco clara, cuyo único fin, entendíamos, era cerrar el paso a la Vicepresidenta de la República en sus aspiraciones presidenciales. Unas aspiraciones bien encaminadas y que seguramente nos hubieran dado un resultado distinto al obtenido en las reñidas elecciones del 2004. Lo mismo que el movimiento de silla contra Fello Suberví Bonilla, quien finalmente pactó con el PPH para ir en la boleta como candidato a la Vicepresidencia.

No obstante, la compra de voluntades (se pagó dinero en efectivo y promesas de incluir a dirigentes en el tren gubernamental) dio finalmente con la aprobación de aquella aberración que nos había costado años antes como partido político demasiados sacrificios, porque gracias a ella nos robaron los reformistas al menos una elección, la de 1994, y nos llevó al engaño de la segunda vuelta de 1996 en la que la alianza entre PLD y PRSC dio un vuelco inesperado a la «esperanza de la gente» y arrebató la presidencia a Peña Gómez.

¡Qué rápido olvidamos!

Y con ese restablecimiento de la reelección hecha por nosotros mismos abrimos la puerta a la repostulación de Leonel Fernández, regalándole ocho años más en el Palacio Nacional.

Sería bueno que antes de fijar posturas tan radicales como la oposición frontal al sistema de limitación de mandato que se ha aprobado hace unas semanas en el Congreso Nacional, los perredeistas por un lado y los perremeistas por el otro, pensemos seriamente qué hemos hecho antes. Es de justicia que recapitulemos todo lo bueno que le hemos dado a nuestro país como organización política comprometida con los valores de la Soberanía Nacional, la Libertad, la Democracia y la Justicia Social, como reza nuestro lema. Y de igual forma seamos humildes y aceptemos los resultados de las malas acciones de nuestros líderes y las consecuencias de nuestro silencio cómplice.

La izquierda debe alejarse de la derecha porque nuestros presupuestos no son los mismos. Debemos trabajar por la recomposición de esa mayoría social que lleve a la República Dominicana al sendero del progreso, la democracia participativa y la libertad con justicia para todos sus ciudadanos y ciudadanas. El momento de lanzarse piedras ya acabó. Ahora toca reconstruir.

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