Cataluña y Puerto Rico

Alberto Soldado

El presidente de la Generalitat de Cataluña habla estos días con determinación sobre el futuro de su pueblo. Ha venido a decir que España lleva siglos sin ser amable ni cariñosa, que Cataluña lo ha intentado siempre pero que como resulta del todo imposible una convivencia sin amor, lo mejor es una separación amistosa, más o menos pactada, como buenos hermanos. A fin de cuentas estamos condenados a ser vecinos y no es cuestión de dejar de hablarnos.
El hombre, imitando a su colega soberanista Ibarretxe, ha pensado en una solución a lo Puerto Rico. «Aspiramos a ser como una especie de Estado libre asociado», ha venido a decir. Y nombra a Puerto Rico. Precisamente a Puerto Rico, que si a algo aspira es a convertirse en un estado más de EE UU, como pueden ser Miami o Minnesota. La mayoría de los viejos boricuas quieren ser americanos de pleno derecho sin dejar de ser latinos. Y las encuestas son inequívocas en ese sentido.
No tenemos tan claro que los de la metrópoli, los norteamericanos de pata negra, quieran incorporar a un estado que se empeña en hablar español a pesar de la presión de la cultura anglosajona iniciada el mismo día de la independencia y continuada durante más de cien años. De los cuatro diarios de la capital portorriqueña, tres se editan en español y el que lo hace en inglés anuncia la publicidad, o sea, promociona sus productos en la lengua de Cervantes. Que una cosa son los sentimientos y otra, la pela.
Si queda algún español que se sienta orgulloso de serlo, que alguno debe haber, la propuesta catalana debería ser aceptada de inmediato. Puerto Rico es el ejemplo perfecto de amor a los sentimientos hispanos, con su militante defensa del castellano con precioso acento canario y andaluz. Y todo ello compatibilizado con el sentido común: gozar de los privilegios de la Unión. Pensándolo bien, si algún día Puerto Rico tiene el mismo estatus que Pensylvania, podremos decir que uno de los idiomas oficiales de EE UU es el español.
No sé si Mas ha caído en ese detalle. La propuesta de ser como Puerto Rico no deja de ser una cosa así como lo que quiere el Barça: apoyar la independencia y disfrutar de golear al Madrid en el Bernabéu, que esa sí es una forma amable, cariñosa y hasta rentable de disfrutar de España.

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