Celia Cruz y su inolvidable historia de amor

arribaLos seguidores de Celia Cruz no olvidan su historia de amor junto a su inseparable Pedro Knight, su «cabecita de algodón».

 

Madrid, España.( EFE)- La partida de Celia Cruz, tras perder su batalla contra el cáncer, devastó a su «cabecita de algodón», como ella llamaba al hombre con el que compartió su vida y los escenarios. Fueron muchos los que creyeron que Pedro Knight, aquejado por muchos años de diabetes, y al que una vez ella se refirió como su padre, su madre, su hermano, su gran apoyo, no sobreviviría la muerte de su querida Celia.

Tres años y medio más tarde el trompetista murió y fue sepultado junto a su famosa esposa, tal y como dispuso «la Guarachera de Cuba», en el cementerio Woodland de El Bronx, en Nueva York, conocido como el «condado de la salsa», lugar que continúa siendo punto de peregrinaje para los admiradores de la cantante, a la que dejan flores y mensajes e incluso un pastel el día de su cumpleaños, pese a haberse cumplido el décimo aniversario de su muerte.

EL INICIO DE SU RELACION ¿COSAS DEL DESTINO?

Celia y Pedro se conocieron el 3 de agosto de 1950 en la estación de radio CMQ en Cuba, donde ensayaba la Sonora Matancera, de la que Knight era trompetista.

«Celia fue porque la habían recomendado. Myrta Silva (cantante puertorriqueña) se había ido y buscaban una cantante. Cuando llegó al primero que se encontró fue a Pedro Knight. Desde ese día empezó a ayudarla con los arreglos y sostuvieron una bonita amistad por diez años», recordó Omer Pardillo, quien durante quince años fue el representante de la estrella cubana y testigo de su relación de pareja.

Tal parecía que el destino se había empeñado en unirles ya que Celia se convirtió en la nueva cantante de la famosa orquesta cubana.

La relación de la cantante y el trompetista trascendió a lo profesional y se enamoraron, aunque Celia dijo muchas veces que al principio prefirió no hacerle caso porque Knight -que tenía dos matrimonios previos y varios hijos- «tenía fama de mujeriego».

EL EXILIO

La orquesta Sonora Matancera sale de Cuba para exiliarse en México el 15 de julio de 1960 y con ella su cantante Celia Cruz y su trompeta Pedro Knight. Seis meses después Celia viajó a Nueva York, donde había estado antes sola, por un contrato para presentarse en el entonces famoso club Palladium, convirtiéndose la Gran Manzana en la plataforma de lanzamiento de su exitosa carrera, que incluyó su participación con las orquestas de Tito Puente, Johnny Pacheco y las ya legendarias Estrellas de Fania.

 

En 1962 Knight llega a Nueva York junto al resto de los integrantes de la orquesta y se estableció junto a Celia en un hotel en la calle 54 y Broadway, cerca del Parque Central, donde la cantante disfrutaba de ver los coches tirados por caballos, de los que se enamoró, y que le recordaban su país, según señaló en una ocasión.

«Se separaron muy pocas veces desde que se unieron, el 14 de julio de 1962 (en una ceremonia civil). La primera vez fue en la década de 1980 porque él se enfermó y ella viajó con sus mejores amigos. La segunda vez, él también se enfermó y ella no podía suspender su presentación. Sólo dos veces en 41 años de casados», destacó Pardillo, ejecutor del testamento y del legado de la intérprete de «Quimbara», «Bemba Colorá» o «La vida es un carnaval» ante quien se rindió el mundo pese a que nunca habló otro idioma que el español.

El puertorriqueño Rafael Hernández compuso «Desvelo de amor», que para Celia Cruz era su mejor composición, y la primera que la enamorada pareja se cantó mientras pasearon en un carruaje por las calles de Nueva York, tras reunirse en la ciudad luego de la estadía del trompetista en México.

«Sufro mucho tu ausencia, no te lo niego, yo no puedo vivir si a mi lado no estás… Yo comprendo que es mucho lo que te quiero, no puedo remediarlo qué voy a hacer…», dice la canción, que al parecer resumía sus sentimientos por «Perucho» como llamaba a su esposo, de quien decía que hacía honor a su apellido, porque era un caballero, y quien incluso le enseñó a cocinar.

Knight, que admiraba la bondad, sinceridad y el ser humano que decía tenía a su lado, dejó la Sonora Matancera y se convirtió en el representante y director musical de Celia, pero también en una figura querida por los seguidores de la cubana que fueron testigos de su historia de amor y se acostumbraron a verle siempre en el escenario.

EL UNO PARA EL OTRO

«Pedro siempre estaba en el escenario por la química que tenía con Celia. Sabía si era necesario alargar una canción o si la cortaban. Al mirarse se entendían, aunque estuviera Tito Puente o Johnny Pacheco dirigiendo la orquesta. Fue increíble», afirmó Pardillo.

«Yo que conviví con ellos puedo decir que fueron dos cuerpos y un alma porque se entendían sin hablarse. Imagino que como toda pareja tienen que haber discutido pero nunca lo hicieron delante de nadie. Celia decía que no le gustaba tener un problema con Pedro e irse a la cama sin arreglarlo. Eran el uno para el otro», destacó Pardillo, que tiene en agenda fundar un museo para mantener el legado de la cantante, tal y como ella quería.

Pedro Knight era diabético y la cantante siempre estuvo atenta a que su esposo se alimentara de acuerdo con su condición y que tomara sus medicamentos. Él, por su parte, se preocupaba de que ella hiciera el menor trabajo posible: iba a los ensayos de la orquesta y en los aeropuertos estaba atento siempre a recoger las maletas. «Él no quería que ella hiciera nada para no interrumpir su tranquilidad», recordó Pardillo. Lo único que la cantante lamentó de la relación fue que no tuvieron hijos.

LA MUERTE DE CELIA CRUZ Y LA CONTROVERSIA

Los seguidores, familiares y amigos de la pareja siguieron atentos la enfermedad y muerte de Celia Cruz, que devastó a todos, y también se preocuparon por Pedro Knight, que no pudo superar la muerte de su esposa y a partir de entonces su saludse deterioró llevándole varias veces a un hospital.

«Él decía que la vida no tenía sentido sin Celia. Le fue muy, muy difícil», dijo Pardillo al recordar ese momento.

Además del dolor por la muerte de su esposa y su delicado estado de salud, Knight se vio de repente en medio de una controversia por la herencia de la artista. Su propia hija Ernestina Knight -la única de sus hijos que vive en EU- y Gladys Bécquer, hermana de Celia, demandaron por separado, en una corte de Nueva Jersey, alegando que el músico se había quedado con el dinero de un seguro que la cantante les había dejado. Debido a su delicado estado de salud, luego ambas retiraron la demanda en su contra.

 

La demanda incluyó además a Luis Falcón al que la pareja quería como a un hijo y uno de los ejecutores de la herencia. Posteriormente un tribunal le retiró de todo lo relacionado con la herencia de Celia Cruz como resultado de una demanda que presentó Pardillo.

Knight falleció el 3 de febrero de 2007 en un hospital de la ciudad de Los Ángeles en California y finalmente descansa junto a su inseparable Celia, en un mausoleo que es cuidado por dos mujeres y donde sus admiradores siguen rindiendo tributo a su reina.

CELIA CRUZ, DIEZ AÑOS SIN LA REINA DE LA SALSA

Este año se cumplen diez del día en que el mundo comenzó a llorar la muerte de Celia Cruz y, como esta cubana inagotable hubiese querido, del aniversario que recuerda la importancia de celebrar su vida.

El 16 de julio de 2003 fue el día en la escena artística se declaró «en luto», como señaló la cantante boricua Linda Caballero, más conocida como «La India» y señalada por muchos como su más digna sucesora, aunque otros como Israel «Cachao» López, el creador del mambo, vaticinara que «a una gloria tan grande no se podrá sustituir jamás».

UNA FUNERAL DIGNO DE UNA REINA

Cruz falleció en su residencia de la localidad de Fort Lee (Nueva Jersey) por un tumor en la cabeza, en compañía del que fuera su esposo durante casi 40 años, el trompetista Pedro Knight.

Su despedida en Nueva York fue blanca y radiante a pesar de la lluvia, a la altura del apodo que lució en vida, el de «reina de la salsa». Blancos eran los caballos que tiraron de la carroza con el ataúd hasta la catedral de San Patricio y blancas también las rosas que lucieron en su honor miles de seguidores a lo largo de la Quinta Avenida.

A la entrada a la catedral, la bandera de su Cuba natal, y dentro, cientos de amigos y personalidades rindiéndole tributo, como el alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, los actores Antonio Banderas y Melanie Griffith, compañeros como Patty Labelle, Willie Colón, Rubén Blades, Tito Nieves, Paquito D’Rivera y Jon Secada, y el locutor Paco Navarro, que la bautizó «Guarachera del Mundo».

«Subió muy arriba, pero nunca se distanció de su pueblo.No hacían falta escaleras para llegar a ella», afirmó el sacerdote en una misa que acabó al ritmo del jubiloso «La vida es un carnaval», su mayor éxito y también la máxima que siguió en vida, con sus altos tacones y pelucas multicolor.

Solo unos días después, otras 50,000 personas se despedían de ella como «símbolo de la Cuba Libre» en Miami al grito de «¡Viva el Azúcar!», su grito de guerra escénico.

Después viajaría a su lecho definitivo, un mausoleo de mármol blanco con su nombre y una puerta dorada con la letra «C», en el cementerio Woodlawn, en el Bronx, el condado neyoroquino de la salsa.

Años después allí fue enterrado también su marido, Pedro Knight. «Es un día triste, pero a la vez de alegría porque (Pedro) se va con Celia», afirmó entonces el productor Emilio Estefan.

UNA VIDA DE ÉXITOS

Cruz inició su carrera artística tras ganar la final de un concurso radiofónico y, posteriormente, al sustituir a Mirta Silva como solista del grupo musical «La Sonora Matancera».

En julio de 1960, el grupo salió de Cuba para actuar en México y nunca más regresó por su disconformidad con el régimen castrista, iniciando un exilio de por vida que le hizo nacionalizarse estadounidense.

El régimen cubano no olvidó y, aunque la prensa del país se hizo eco de su muerte, consideraron suficientes dos párrafos en páginas interiores para sintetizar la carrera de quien Chucho Valdés dijo que era «la sonera más grande que ha dado Cuba».

«Esta es una mujer que le quitaron su público cubano y decidió ganarse el público del mundo», destacó Joe García, directivo del grupo más poderoso de exiliados de Cuba en Estados Unidos.

Tras fijar en 1961 su residencia en Nueva York y grabar un disco con otra leyenda de la música, el puertorriqueño Tito Puente, el «rey del timbal», firmó contrato con «Fania», discográfica fundada para reunir a los músicos latinos en esta ciudad.

Durante los años siguientes, Cruz cantó junto a las grandes voces de la música caribeña, como Johnny Pacheco, Tito Gómez, Héctor Lavoe, Oscar D’León, Willie Colón, Olga Guillot y Rita Montaner, entre otros, y amplió su éxito en Europa y Latinoamérica.

Su actuación en el Carnaval de Santa Cruz Tenerife (islas Canarias, España), en 1987, a la que asistieron 250.000 personas, fue registrada en el libro Guinness de los récord como la mayor congregación de personas en una plaza para asistir a un concierto.

En 1994 recibió de manos del entonces presidente de EU, Bill Clinton, la Medalla Nacional de las Artes de Estados Unidos y en 1999 el Premio a la Herencia Latina de la Sociedad Americana de Compositores, entre los muchos galardones que logró en su vida, entre ellos, cinco premios Grammy.

DIEZ AÑOS DE RECUERDO

Los reconocimientos no se detuvieron a su muerte. Libros, discos, exposiciones y hasta un musical han dado cuenta a lo largo de la última década del legado de la «reina de la salsa».

Hasta siete álbumes se publicaron en los meses siguientes a su muerte, con ventas millonarias.

Además, se publicaron dos biografías, una relatada en primera persona, «Celia, mi vida», y otra más controvertida, «¡Azúcar!», del periodista Eduardo Marceles, quien logró desvelar uno de los mayores enigmas en torno a su persona: su fecha de nacimiento.

«Celia era muy vanidosa con su edad. Siempre la escondía o la disfrazaba. En todas las crónicas que leí sobre ella había cualquier cantidad de fechas de nacimiento distintas», explicó.

Según reveló Marceles, Cruz nació el 21 de octubre de 1925, en el Barrio Santo Suárez de La Habana.

«Fue una mujer valiente que tuvo que superar muchos obstáculos sólo por el hecho de ser mujer, negra y pobre en un mundo musical dominado por los hombres», indicó.

DESTACADOS:

— Celia Cruz y Pedro Knight se  conocieron el 3 de agosto de 1950 en la estación de radio CMQ en Cuba, donde ensayaba la Sonora Matancera, de la que Knight era trompetista. Su relación trascendió lo profesional y se enamoraron.

— Pedro Knight murió tres años y medio más tarde que Celia Cruz y fue sepultado junto a su famosa esposa, tal y como dispuso «la Guarachera de Cuba», en el cementerio Woodland de El Bronx, en Nueva York.

— Celia Cruz definió a Knight como «cabecita de algodón», pero también como su padre, su madre, su hermano y su gran apoyo.

— Fue la «reina de la salsa», «guarachera del mundo» y «símbolo de la Cuba libre». Cinco Grammys avalan la carrera de «la sonera más grande que ha dado Cuba», como la llamó Chucho Valdés.

— Celia Cruz mantuvo en secreto hasta su muerte la fecha de su nacimiento: el 21 de octubre de 1925.

— «Tuvo que superar muchos obstáculos por ser mujer, negra y pobre en un mundo musical dominado por los hombres», dijo uno de sus biógrafos.

Por Ruth E. Hernández Beltrán y Javier Herrero/EFE-Reportajes

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