Con mentiras no se gana

Por JULIO MARTINEZ POZO*

*EL AUTOR es periodista. Reside en Santo Domingo.
Las elecciones se ganan presentando propuestas, conquistando respaldos y despertando esperanzas, que no las puede encarnar quien ha encabezado uno de los gobiernos más desastrosos que haya padecido el país

El desesperado oleaje difamatorio que la campaña del PRD (versión PPH), ha lanzado contra los candidatos del PLD y de manera más enconada contra la primera dama de la República, tiene una explicación: impotencia frente a la superioridad electoral del partido morado y de sus aliados.

Un ejército de tierra movilizado en tres frentes de manera simultáneas en distintas regiones del país, una fórmula presidencial con las dos figuras más populares y mejor valoradas, un partido unificado bajo el liderazgo de la principal figura política del país, un gobierno en su mejor etapa: la de la entrega de cientos de obras de infraestructura de gran impacto; conforman una muralla infranqueable.

Pero el PLD no sólo se moviliza bajo la sombrilla de las figuras que encabezan los tres frentes, sino que ahora empuja la mutual Danilo- Margarita, con una ventaja que en el pasado perteneció al PRD: la de contar con la mayor fortaleza en los liderazgos locales, de manera que como si le fuera poco presentar al candidato presidencial mejor preparado para conducir a la nación en un contexto de crisis internacional, tiene a los políticos más influyentes en todos los terrenos.

En un contraste inusual, esta semana, mientras la movilización del PLD se hacía sentir en todo el país, los candidatos del PRD dejaron la plaza desatendida y se fueron a cumplir compromisos al exterior, cosa que nadie entiende, a no ser que quisieran colocarse a distancia de la ofensiva de campaña sucia desatada en su ausencia, coordinada, como ocurrió en semanas anteriores, por un equipo que no da la cara y que se vale de interpósitos para colocar sus ataques.
Además de un ex funcionario del Banco Central y de un ex rector de la UASD, forman parte del equipo que ha articulado la campaña sucia, algunos de los individuos que en el pasado se prestaron a promover la publicación de un libro libeloso contra el presidente Fernández y que hicieron un montaje con su voz.

Su principal propósito ha sido el desviar el debate mientras encuentran la fórmula para detener la precipitación en caída libre de Hipólito Mejía.

Antes sabían que Danilo venía creciendo, pero les consolaba el que Hipólito se había parado en un porcentaje del que no bajaba, ahora se desconciertan porque lo que creían que sería el piso de esa candidatura ha resultado el techo, y la baja no cesa.

Los votantes más jóvenes, que en principio canearon con el slogan ya desgastado, mudaron su preferencia, las mujeres nunca se equivocaron y los hombres que viven la adultez, podrán conservar disgustos, pero se han dado cuenta que el verdadero cambio lo encarna Danilo Medina.

Como van las cosas, la apuesta de la campaña opositora no es a ganar las elecciones sino a desmeritarlas, vendiendo la risible idea de que se desarrollan en un clima dictatorial, cuando todo el mundo habla o publica lo que le venga en gana, sin que se presencien las arbitrariedades cometidas contra periodistas en el gobierno de Hipólito Mejía.

No puede considerarse atentado a la libertad de expresión las indagatorias sobre un delito que afecta la intimidad de las personas y que se emplea como instrumento de chantaje.

Las elecciones se ganan presentando propuestas, conquistando respaldos y despertando esperanzas, que no las puede encarnar quien ha encabezado uno de los gobiernos más desastrosos que haya padecido el país.

Si las está generando un político capaz y honesto, que no aspira a otra cosa que no sea la construir una sociedad de oportunidades.

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