Cuatro Caminos Un pedazo de Quisqueya en la ciudad de Madrid


Más de tres mil dominicanos han sentado reales en “Cuatro Caminos”, una importante zona comercial de la Capital española en la que es posible escuchar bachatas y comer como si se estuviera en Santo Domingo

Madrid. Al entrar, reconozco los primeros compases de una vieja bachata de Zacarías Ferreira y en mi cabeza se desata una cascada de emociones que me transportan al Malecón de Santo Domingo. “La música me acompaña, me consuela o simplemente me divierte, pero al escucharla revivo recuerdos pasados, vivo el presente y sueño con momentos futuros”, me explica Rafael Cuesta (Nino) mientras me estrecha por primera vez la mano con ademán bonachón.

Hace diez años, nadie hubiera imaginado que este barahonero de Enriquillo, que se ganaba la vida en Santo Domingo como conductor de Apolo Taxi, regentaría su propio bar en Cuatro Caminos, una importante zona comercial que concentra el mayor número de dominicanos en Madrid. “Empecé como camarero. Un señor dominicano me enseñó el oficio. Como vine solo, para mí fue un mundo”.

El rostro colorado de Nino se contrae en un gesto de nostalgia al recordar esas épocas difíciles en las que, a fuerza de necesidad, tuvo que acostumbrarse a un nuevo país. “Lo más complicado es dejar tus raíces y tu familia. Tengo una hija de 20 años que sigue allá porque tiene una peluquería”.

Antes de comenzar a escribir me sirve una cerveza Heineken -lástima no tener una Presidente, me dice-. El bar se llama Jet Set. En una tarde fría, a menos de cero grados de temperatura, y con un viento adusto en las calles, se agradece un lugar acogedor y un anfitrión amable.

Aclara que el dominicano no rehúsa “la hospitalidad al que se la pide”. De ahí que la clientela, tanto española como criollla, cuente vivencias pasadas y presentes en torno a las mesas, con el sancocho a punto para ser engullido. “Abrimos todos los días de 12:00 del mediodía a una de la madrugada. Cocinamos mi mujer y yo. Mi hija de 19 años nos ayuda también. La gente viene porque le gusta nuestro pica pollo, el chivo guisado o el pollo asado con wasakaka”.

Dice que le falta tener dinero para ser empresario pero lo cierto es que, a pesar de la crisis, tiene en Madrid otro establecimiento de comidas, Provocón, cuyo nombre recuerda al buque insignia de los pollos al carbón en la República Dominicana. “Tenía cuatro empleados y ahora tres. Hay menos trabajo que antes pero, de momento, no me planteo regresar a mi país”.

Criollo. En Cuatro Caminos los pequeños inversionistas dominicanos, movidos por la jubilación de los negociantes españoles, han adquirido locales y negocios para crear en el barrio una pequeña red de comercios dedicados a diferentes servicios que demandan los criollos que viven en Madrid. Uno de los más pujantes: los salones de belleza. Maribel Zapata llevaba trabajando diez años en Cuatro Caminos como peluquera pero, desde hace un año, se levanta todos los días a las 8:30 de la mañana para abrir su propio salón de belleza.

“Superado el impacto del despertar, basta con levantar el cierre del salón y aguanto hasta las diez y media de la noche trabajando. La mayoría de las clientes son dominicanas, ecuatorianas, latinas en general… Con las españolas hay un trato cordial pero no frecuentan el salón”, dice.

Después de doce años en España, Maribel Zapata dice que sólo es “española de papeles” porque su corazón está en su país. De la provincia de Monte Plata, oriunda del municipio de Bayaguana, recuerda con cariño cómo los fieles acuden al Santuario, para rendirle fe y pleitesía al Cristo. “Se echa de menos de todo, pero lo que más, a mis padres que ya son mayores” dice mientras se enjuga los lagrimones con el dorso de la mano y sonríe.

Los tiempos difíciles exigen lo mejor de cada uno y la crisis se ha llevado parte de la actividad comercial. Desde hace un año, hay muchos negocios con la persiana bajada.

“Soy consciente de que las posibilidades de éxito son pequeñas, pero aún con todo, me forjo siempre la ilusión. Queda mucho por hacer”, afirma con rotundidad esta incipiente empresaria mientras esboza una sonrisa.

En esa mezcla de risas y tristezas que recorren las calles de Cuatro Caminos queda mucho por hacer pero transitar sin prisa sus vías, visitar sus tiendas, respirar sus aromas y absorber sus colores es caminar mentalmente por Santo Domingo. El barrio tiene matices y sabores de otros inmigrantes de Suramérica y del Este de Europa, pero la bandera dominicana no da tregua a los párpados del visitante.

La cruz blanca y los colores azul y rojo bermellón nos llevan a la peluquería Dado. Gustavo Manuel Cuevas nos recibe mientras sus manos se mueven hábiles y presurosas sobre la cabeza de uno de los tantos clientes que atiende ese día. Lleva tres años trabajando en Cuatro Caminos como peluquero pero la friolera de quince en el sector.

“Yo recortaba en San Cristóbal, de donde soy. Vine a Madrid porque me trajo mi esposa hace cuatro años”, cuenta Cuevas.

Sin que nada lo altere, Gustavo habla con tono pausado, con la jerga de la calle, con las palabras justas que llegan al pueblo. “Vienen a recortarse dominicanos, españoles y latinos pero nos tratamos todos con respeto. De momento, no regreso. Estoy formando una familia y aunque las cosas están malas aquí, allá están peor”.

Zoom

Sobre el barrio

Cuatro Caminos está al Noroeste de Madrid, en el distrito de Tetuán. Su edificio más representativo es el Palacio de Congresos, situado en la intersección entre el Paseo de la Castellana y la Avenida del General Perón, que está destinado a la realización de todo tipo de eventos.

Cada vez más dominicanos

La presencia de los criollos en este barrio es tan fuerte que algunos le llaman el pequeño Bronx de Madrid, mientras otros se refieren a él como el pequeño Caribe. La mayoría de los dominicanos hace vida en tres calles: Almansa, Topete y Tenerife, tras la estación del Metro.

Entre color y bachata

En estas calles, a pesar del frío que pueda hacer, se respira la magia del Caribe. Todo gracias al color, la música y el alma de al menos 3,300 dominicanos (según el último empadronamiento) que viven aquí.

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