Danilo, el PNUD y Miranda

Escrito por: R. Osiris de León (osirisdeleon@gmail.com)

Durante los últimos meses, una parte importante de la sociedad dominicana ha sido sometida a todo tipo de presiones sociales en procura de que una empresa que cuenta con una concesión de explotación minera, otorgada legalmente desde 1955, no explote el níquel presente en la loma de Miranda.

Pero al margen de los derechos legales con que cuenta la empresa extranjera, y al margen de su sociedad con el Estado Dominicano, esa explotación minera pudo objetarse sobre la base de la fragilidad de la flora local, y el Gobierno llegar a un acuerdo con la empresa minera, para la no explotación, o la explotación limitada, pero el fanatismo bloquea el razonamiento.

Sin embargo, los opositores a la explotación, en lugar de recurrir a aspectos científicos irrefutables, prefirieron copiar el modelo hidrogeológico de objeción que utilizamos en el 2009 para enfrentar la explotación minera de piedra caliza para una cementera en Los Haitises, y ahí se desvirtuó todo el concepto, pues la copia fue mal hecha y mal aplicada, porque ambos sitios son deferentes, y porque quienes hicieron la copia desconocen las bases fundamentales de las Geociencias.

La región de Los Haitises es un extenso carst de 1,620 kilómetros cuadrados de extensión superficial, donde las cavernas verticales y sub horizontales se interconectan y facilitan que cualquier agente contaminante, como el ANFO, colocado en superficie, se infiltre rápidamente y en apenas 7 horas contamine todo un acuífero que recibe una recarga neta anual del orden de mil millones de metros cúbicos de agua pura, y eso lo demostramos científicamente.

Además, en los Haitises ya había un derecho ambiental adquirido al amparo de la Ley Ambiental 64-00, y al amparo de la Ley de Áreas Protegidas 202-04, y no se debía permitir que el Gobierno impusiera un derecho minero nuevo sobre un viejo derecho ambiental, porque ese derecho ambiental era conocido y reconocido. La autorización fue un grave error del Gobierno y del Secretario de Estado de Ambiente de ese entonces, y todos los que defendieron la cementera pagaron un alto precio moral.

Por eso, cuando el presidente Leonel Fernández decidió acudir al PNUD para que evaluara el proyecto de la cementera de Los Haitises, y emitiera un veredicto final, nunca lo objetamos porque estábamos totalmente seguros de que cualquier experticio científico internacional serio tendría que llegar exactamente a las mismas conclusiones científicas nuestras, y así fue. Las conclusiones finales del PNUD, luego de tres meses de estudios, fueron coincidentes con las conclusiones nuestras, porque en un mismo período de tiempo la verdad científica es una sola.

Pero en el caso de la explotación minera de la loma de Miranda la situación es muy diferente a la situación de los Haitises, porque en Miranda no se va a utilizar ningún agente químico contaminante, como se pretendía hacer en Los Haitises, y porque los opositores a la explotación minera en Miranda plantean superponer un derecho ambiental nuevo sobre un viejo derecho minero, existente desde 1955, pidiendo la cancelación de la concesión de explotación minera.

En buen derecho, disposiciones legales nuevas no pueden afectar derechos previamente adquiridos, salvo un acuerdo de compensación.

Sólo una persona que desconozca la Ley Minera 146-71 y las implicaciones legales de cancelar una concesión minera vigente, y en explotación, se atreve a proponer cancelar una concesión de explotación minera donde el Estado es socio en un 50%, sin medir sus consecuencias jurídicas, salvo que también se proponga eliminar simultáneamente el Estado de Derecho y de Seguridad Jurídica de la Rep. Dominicana, porque la ley siempre ha sido la ley, y la melé no puede estar por encima de la ley.

De igual modo, la presencia de aguas superficiales y de aguas subterráneas en la zona propuesta para la explotación minera en Miranda es mínima, porque hay un sólo río cercano, de muy reducido caudal, y porque las peridotitas serpentinizadas, los esquistos y los intrusivos dioríticos de Miranda no constituyen buenos acuíferos por no poseer porosidad efectiva. Miranda y Los Haitises son diferentes.

Pero para forzar la aplicación en Miranda del mismo modelo hidrogeológico que aplicamos exitosamente en Los Haitises se ha dicho que Miranda es una mina de aguas donde nacen cientos de ríos y donde están los mayores acuíferos del país, todos los cuales suplen las presas de Rincón, Hatillo y Guaigüí (Esta última ni siquiera se ha construido), y hasta dicen que esas aguas de Miranda son las que garantizan el riego de 122,000 tareas sembradas de arroz en Jima. Pero todo eso es un tremendismo propio de la inquisición medieval.

Se olvidaron que el Evangelio de San Juan nos dice que «Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres».

Ante una pregunta pública del director de la emisora Zeta 101, Willy Rodríguez, sobre qué podíamos recomendarle al presidente Danilo Medina para tomar una decisión correcta sobre el caso de la loma de Miranda, nuestra respuesta fue clara y precisa: «Pedir una opinión al Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, PNUMA».

Por ello no es de extrañar que tan pronto se ha dado a conocer la intención del presidente Danilo Medina de buscar la opinión del PNUD y del PNUMA sobre los potenciales impactos ambientales de una explotación minera en la loma de Miranda, los opositores que han exagerado los efectos hídricos se han querido rasgar las vestiduras diciendo que «Es un irrespeto a la institucionalidad buscar una opinión internacional para decidir sobre un tema ya decidido», lo que indica que muchos pseudo demócratas se comportan dictatorialmente, de espaldas a las ciencias, cuando la verdad, la democracia y las ciencias no les convienen.

Y hasta se comportan como ciertos viejos médicos alquimistas que sólo diagnosticaban peste, paludismo, malaria, tuberculosis y lepra a sus enemigos, pero sus amigos siempre estaban sanos.

Y la reflexión obligada es la siguiente: Pero si usted está seguro de haber predicado la verdad, y de que allí nacen y allí están todos los ríos y acuíferos que usted cita en sus opiniones y en sus textos impresos, y está seguro que se afectarían las presas de Rincón, Hatillo y Guaiguí, (Esta última ni siquiera está construida), ¿Por qué usted ha de temerle a una opinión científica de un reconocido organismo ambiental internacional adscrito a la Organización de las Naciones Unidas? si la Rep. Dominicana forma parte de la Organización de las Naciones Unidas, ¿O acaso ya no formamos parte de la ONU?

Si el país pudo confiar en el PNUD para que emitiera una opinión sobre el potencial daño ambiental de una cementera en Los Haitises, y la opinión fue aplaudida y celebrada en todo el país, ¿Por qué ahora se quiere desconfiar del PNUD para que emita una opinión sobre una explotación minera en conflicto con un bosque?

¿Es que el PNUD sólo es bueno cuando conviene a los intereses de alguien, pero es malo cuando se teme que el levantamiento de la información geo referenciada en campo demuestre que sobre Miranda se han dicho y escrito muchas cosas que no se corresponden con la verdad científica y que el único daño potencial sería a una flora recuperable?

Lamentablemente ese es el temor que se siente cuando usted habla y escribe textos hiper inflados sobre temas que no son de su especialidad, y cuando usted, sin haber dado cátedras en su verdadera profesión universitaria, quiere darle cátedras a otros sobre disciplinas que le son ajenas a usted, pero que son del amplio dominio y del ejercicio diario de otros que se han dedicado toda una vida a ejercer su profesión universitaria con el máximo nivel de compromiso profesional y de entereza social, y apegados siempre a los cimientos pétreos de la verdad científica.

La representante residente del PNUD, Valerie Julliand, ha comunicado, junto al Ministro de Medio Ambiente, Bautista Rojas, y junto al Ministro de la Presidencia, Gustavo Montalvo, que ese organismo ha recibido una solicitud del Gobierno dominicano para que evalúe el proyecto minero de la loma de Miranda, y sólo resta esperar los resultados de las evaluaciones y aceptar esos resultados indistintamente de quién sea favorecido o perjudicado.

Quienes hayan predicado la verdad no deben temer al informe del PNUD.

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