De Brexit en Inglaterra y 26-J en España.

 

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Madrid.- El mes de junio será recordado por el gran fuerte huracanado de noticias que nos dejó de forma tan inesperada, para tomar un ejemplo, basta mencionar la matanza de Orlando en Estados Unidos, de la cual dábamos información en un artículo previo a este triste acontecimiento en el que advertíamos sobre el tema de las armas de fuego en Estados Unidos, el último informe de Naciones Unidas y otras entidades de alcance global sobre la histórica y las cifras  Guinness  de los 65 millones de migrantes huyendo de las guerras sobre la faz del planeta que hoy sacuden la mirada de todo mundo. En medio de todo esto nos llega ahora en Europa el Brexit de Gran Bretaña y las elecciones del 26 de junio en España luego que transcurrido el tiempo reglamentario, los contendientes políticos del certamen electoral del domingo 26 de junio no lograran formar gobierno o, lo que es lo mismo, no lograran ponerse de acuerdo.

Durante bastante días, a través de las diferentes páginas en las que interacciono en las redes he recibido un montón de informaciones tanto de manos de actores reales como de aquéllos que dan seguimiento a las publicaciones de un servidor, incluidas preguntas, orientación, reflexiones.

Empecemos por el brillo del mineral: Tanto el Brexit de Inglaterra como las Elecciones del 26-J en España sabemos refieren dos acontecimientos trascendentales para la Europa actual, a sabiendas de las múltiples pruebas que viene recibiendo la unidad de naciones del viejo continente. Tenemos frescas aún las manifestaciones frente a la Plaza Sintagma de Gracias –recordemos el Grexit o bien el Citigroup– y la lección de Alexis Tsipras así como el Referéndum revocatorio. Mas veamos primero qué es el Brexit y qué el 26-J explicados de forma sencilla.

El Brexit no es más que una nueva manifestación por parte de un significativo número de ciudadanos ingleses que ha planteado la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea.  Brexit es una palabra; su contenido una nueva gesta contra la permanencia del país de Shakespeare como parte del viejo continente. La palabra Brexit apenas empezará a tener sentido en los diccionarios anglosajones. Dicho neologismo está fabricado a manera de acrónimo: “Bre” (Bretain o Gran Bretaña) y “exit” (salida): “salida de Gran Bretaña de la Unión Europea”. El inglés está llamado en esta nueva consulta para responder a dos opciones: una especie de  “In”, permanecer dentro y otra: “Out” o “Exit”, fuera. Con la pregunta: “¿Debe el Reino Unido permanecer como miembro de la Unión Europea o debe abandonar la Unión Europea?” Lo que sugiere que, por acuerdo del Parlamento, los consultados no responderán “SÍ” o “NO”, tal como vimos en el referéndum sobre la independencia de Escocia celebrado el jueves 18 de septiembre de 2014. Estos deberán responder marcando una de dos opciones: “Seguir siendo miembro en la UE” o “abandonar la UE”. Lo que explica que la campaña se deshace en este caso de los dos adverbios, por un asunto de claridad y evitar confusión entre los ciudadanos.

El origen de la consulta.

Seis de los países de la UE: Francia, Alemania, Italia, Holanda, Bélgica y Luxemburgo se pusieron de acuerdo (Tratado de Roma) en 1958 –trece años después de concluida la Segunda Guerra Mundial y reiniciado el proyecto del Nuevo Orden Mundial–,  para llevar a cabo el viejo proyecto de los “Estados Unidos de Europa” con el “No” rotundo, en esa ocasión, de Gran Bretaña. Eran, por aquel entonces, los tiempos en que el Gobierno recaía sobre los hombros de Anthony Eden. Pronto, en los años sesenta vendría el veto de Francia.

La dimisión de Charles de Gaulle a inicios de los sesenta y el desenlace del Gobierno de Harold Wilson, miembro del Partido Laborista cuando junto a la líder del Partido Conservador Margaret Tetcher pidió el “Sí”. Los nuevos cambios que llevó Margaret Thatcher con inicios en 1979 y aceleradas a partir de los años ´80 dieron lugar a una nueva crisis de identidad dentro del país respecto la Comunidad Europea haciendo emerger desde el polvo nuevos conflictos en lo relativo al proyecto que involucró a las tres superpotencias europeas: Alemania, Francia y Gran Bretaña. La situación se prolongó hasta  la Cumbre de Fontainebleau, durante el primer semestre de 1984. Margaret Tatcher salió victoriosa de en medio del denominado cheque británico, que aún permanece activo, y dio a los franceses y más todo a los alemanes el rol de los principales países en suplir las contribuciones del presupuesto de la entonces Comunidad Europea. El tema del cheque británico no duraría demasiado tiempo, pues el Reino Unido no descansaría hasta la solución en este punto. Desde entonces Londres, con todo el poder que tenía consigo logró la solución en esta vía.

Al cabo de varios años, en 1992, tuvo lugar el Acuerdo o Tratado de Maastricht, rubricado  por los países miembros, del cual nació, por fin, la Unión Europea, pero John Major, que era en ese tiempo el Primer Ministro del país logró dejar a Gran Bretaña  fuera de la nueva moneda que se denominó como  Euro.  Dinamarca siguió, posteriormente, este paso de los anglosajones europeos, convirtiéndose así junto a esta en la otra nacion exenta  del uso de la moneda única en el conjunto de los veintiocho países de la Unión, a saber: Alemania  Francia  Italia  Luxemburgo Países Bajos y Bélgica, que cuajan el proyecto a partir de 1958; Reino Unido  Irlanda y Dinamarca, que toman la decisión de entrar 1973;  Grecia, que lo hizo en 1981; España y Portugal  en 1986; Austria, Suecia y  Finlandia en 1995; Chipre, Eslovaquia , Chipre,  Estonia , Hungría, República Checa y  Letonia en 2004;  Polonia,  Lituania Malta  y Eslovenia  en el año 2004;  Bulgaria y Rumanía  en 2007 y, por último Croacia  en 2013. Pero Reino Unido y, como Dinamarca, Irlanda no sólo luego procuraron quedarse  fuera del acuerdo monetario  sino que fueron además los países del bloque que no acordaron el Tratado Schengen  que incluía la apertura de las fronteras a pesar del Tratado de Ámsterdam, firmado en el año 1997. Tony Blair tomó el mando desde entonces del país de los anglos y llegaron los años de Gordon Brown -2007 al 2010- y posteriormente, David Cameron que ocupó hasta la fecha el despacho de la número 10 de Dawning Street hasta hoy en que nos levantamos este viernes 24 de junio del 2016 con la grande e inesperada sorpresa de saber fuera del proyecto de la Unión Europea al Reino Unido con el triunfo de Brexit de 52% a favor sobre un 48% en contra.

Europa se ve enfrentada a un nuevo reto con el conjunto de los 27 países que la forman a partir de ahora. Muchos de los proyectos iniciados se ven afectados ante esta nueva realidad y luego de que casi empezásemos a ver la luz tras los primeros indicios de superación de la Cuarta Gran Depresión iniciada en 2008, nos viene ahora un tanto de nuevo camino por construir en el que esta parte del mundo se ve compelida a reanalizarse en términos sociales, reestructurarse en términos financieros y redimensionarse en términos políticos, percibiendo un nuevo papel y definiendo una nueva hoja de ruta dando una participación altamente activa a las naciones que la forman.

Valorando profundamente la necesidad de evaluación en la que se pongan de manifiesto la sensatez y el interés en aras de que este nuevo acontecimiento sistémico, orgánico de un proyecto tan inmenso vuelva a verse afectado ante las amenazas de un posible efecto dominó si sus gestores y rectores pusieran no más que el soslayo a las desigualdades sociales, los conflictos bélicos del interior y el exterior de los suelos europeos, como fue el caso de las migraciones en masa por las que aún persisten notorias incertidumbres.

Pero nos espera otro hecho, en medio del junio más movido en años: las elecciones de España. Cuatro partidos tercian, por nueva vez, en este próximo desafío europeo a celebrarse en dos días desde el momento en que es terminado este artículo. España toma, entonces un rol de compromiso mayor y los actores de este momento de patria, de país, de nación, deberían tomar conciencia de ello.

España, que en el continente europeo, juega un rol de primera línea en los procesos de búsqueda de soluciones a problemas espectrales, globales, junto a Estados Unidos, el mismo Reino Unido, Francia y Alemania, así como las naciones punteras asiáticas: Rusia, China, Japón…, está llamada a hacer conciencia y ejercer el voto con conciencia con la faz iluminada a ejercer un protagonismo aún más constructivo por exigencia de estos nuevos tiempos, alejada de los ensayos y cristalerías arriesgadas; y sí unida hacia un proyecto constructivo de unidad monolítica  que la lleven al vuelo más alto en sus anteriores años de bonanza hoy tan necesarios tras la partida del islote de los grandes sueños.

 

Antonio Mejia

 

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