De Woodhull y Chisholm a Hillary Clinton.

Amín-Arias-Garabito

Amín Arias Garabito
@AminArias

 
Sin lugar a dudas, la nominación de Hillary Rodham Clinton como candidata a la presidencia de los EE.UU.  es uno de los hitos más importantes de la historia del país del Mississippi, tras más de doscientos años de democracia en los que las mujeres, como en el resto del planeta, no siempre tuvieron un papel relevante dentro de la política o la vida en general, habiendo tenido que luchar por décadas para conseguir romper los techos de cristal impuestos sobre ellas por el simple hecho de ser mujeres.

El triunfo de Clinton frente al izquierdista Bernie Sanders en la Convención del Partido Demócrata es la confirmación de que ha llegado la hora de que la primera potencia del mundo tenga una presidenta. O al menos significa que el país se siente preparado para ello.

Sin embargo, y a pesar de que Hillary es la primera mujer candidata por uno de los dos grandes partidos estadounidenses, no es la primera en lanzarse a la carrera por llegar a la Casa Blanca.

Antes que Clinton, quien cuenta con una consolidada carrera política y un incuestionable servicio social (sin olvidarnos de sus meteduras de pata) que la presentan como una sólida mujer de Estado, solvente y resolutiva, a la que también le llueven críticas de no pocos porque la identifican con el establishment, otras mujeres dieron la batalla por conquistar la presidencia de su país, incluso antes de tener opción a votar ellas por ellas mismas.

La pionera.

Cuando todavía las mujeres no podía votar, la autodidacta y feminista radical Victoria Woodhull, defensora a ultranza del amor libre y la legalización de la prostitución, fue postulada como candidata a la presidencia de los EE.UU por el Partido de la Igualdad de Derechos, en 1872.

Emprendedora, independiente, después de divorciarse de su primer marido, se convierte junto a su hermana Tennessee en las primeras mujeres corredoras de bolsa en Wall Street. Los beneficios de las operaciones financieras sirven para fundar un semanario a través del cual difunde las ideas socialistas  europeas que llegaban a América y llega incluso a publicar el Manifiesto Comunista, actividades por las cuales fue perseguida y encarcelada.

Al momento de las elecciones, Victoria solo contaba con 33 años de edad (la edad legal para ser presidente era de 35), pero su organización no reparó en ello y siguió con la campaña, a pesar de estar apresada. No obtuvo votos electorales, y se duda de la cantidad de votos populares que obtuvo en los comicios. Pero sin duda es el más importante símbolo de la lucha de las mujeres estadounidenses por conseguir la representatividad.

¡Mujeres al poder!

Tras la figura de Woodhull, y dentro de la misma organización política, surge Belva Ann Lockwood candidata a la presidencia en 1884 y 1888. A ella corresponde el honor de ser la primera mujer en aparecer en los documentos oficiales como candidata a la Casa Blanca.

Pasaron casi cien años hasta que aparece en la escena política la comediante Gracie Allen por el partido Surprise. Una candidatura que más que otra cosa resultó ser una gran reivindicación por los derechos de las mujeres en 1940, en plena guerra mundial y a tan solo veinte años del triunfo de las sufragistas con la consecución del derecho al voto para las mujeres.

Afroamericanas en la Casa Blanca

La primera afroamericana en intentar llegar a presidir la primera potencia del mundo fue la activista por los derechos civiles y la lucha de los trabajadores, la feminista Charlene Mitchell, candidata por el Partido Comunista, en el que militaba desde los 16 años de edad, que se presentó en 1968, provocando un repulsivo en la sociedad por la aportación del elemento racial a una campaña electoral.

Otras mujeres en presentar candidatura a la presidencia de los EE.UU. son Evelyn Reed por el Partido Socialista de los Trabajadores, en 1972, y Linda Jenness, quien obtuvo los mejores resultados de todas las mujeres que compitieron en el siglo XX; Margaret Wright, 1986; por tres partidos distintos Ellen McCormack, Maureen Smith y Deirdre Griswold, en 1980; Sonia Jonhson y Gavriele Holmes, en 1984; Leonora Fulani, Helen Halyard, Isabell Masters y Gloria La Riva, en 1992.

Las verdes

EE.UU. ha tenido siempre una gran cantidad de pequeños partidos que se han mantenido más o menos en el tiempo. Pero el Partido Verde es el que mejores resultados ha cosechado respecto de los partidos Demócrata y Republicano.

Con Cynthia McKinney en 2008 y Jill Stein en 2012 se batieron de forma consecutiva todos los récords de apoyo a las mujeres candidatas, obteniendo la última de ellas casi medio millón de sufragios. Sin embargo no pudo cosechar ningún voto electoral.

La primera candidata demócrata.

Shirley Chisholm rompió dos estereotipos dentro del Partido Demócrata antes que lo hicieran Obama y Hillary: ella era mujer y negra.

Fue la primera mujer candidata para hacerse con la nominación a la presidencia de los EE.UU. en 1972 por uno de los dos grandes partidos. Se enfrentó en una dura Convención contra experimentados hombres que la veían como algo insignificante por ser mujer, tanto los hombres blancos como los negros.

Sin embargo, y después de varios intentos de asesinato, Shirley presentó batalla y obtuvo 151 delegados en la contienda. No ganó, pero pudo demostrar que se podía.

Se convirtió en la primera congresista negra y permaneció en el Congreso por siete periodos. Su legado en favor de la igualdad, la libertad y los derechos es incuestionable.

Y ahora Hillary Clinton

Hillary siguió los pasos de Shirley Chisholm y apretó en la carera a la Casa Blanca presentándose por segunda vez para obtener la nominación. Finalmente lo consiguió, y tiene muchas posibilidades de ganar a un iracundo Donald Trump del Partido Republicano, convertirse esta noche en la primera mujer Presidenta de los Estados Unidos de América.

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