Dejarías que tu vecino muriera por no poder acceder a asistencia sanitaria?

Guillermo Morales–http://legalcity.es

 

 

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Las enfermedades no distinguen de una tarjetita que diga que resides “legalmente” o no. Las enfermedades son daltónicas y no distinguen el color de la piel de los seres humanos. Tampoco distinguen de dónde vienes ni hacia dónde vas. Ni de qué religión prácticas ni de si eres hombre o mujer. Las enfermedades no saben de nacionalidades.  La distinción la hace el Gobierno español que ha condenado a cientos de miles de inmigrantes a que a partir de 1 de septiembre se queden sin el derecho a la asistencia sanitaria.

El 1 de septiembre está marcado en rojo en el calendario de muchas personas, inmigrantes en situación irregular que ese día dejarán de tener asistencia sanitaria en España (salvo las urgencias), según el real decreto ley del 24 de abril.

No tener “papeles” hoy en España es un auténtico problema. Los inmigrantes “sin papeles” se han convertido en una raza inferior, en auténticos parias del siglo XXI sin derecho a la asistencia sanitaria tras el Decreto 16/2012 del Gobierno de limitar este derecho solo a los “documentados”.

Aún cuando la ministra de Sanidad, Ana Mato dice que “es la reforma más justa, la mejor fórmula para que uno de los mejores sistemas de salud del mundo llegue a nuestros hijos y nietos”, lo cierto es que entre 700 y 800 mil inmigrantes en España podrían no acceder a la atención médica, derecho recogido por la Declaración Universal de los derechos humanos e incluso, por la propia Constitución española.

Tras el anuncio, Mato ha intentado disfrazar el discurso alegando que “nadie quedará desasistido y que la asistencia continuada es para quien cumple los requisitos para tenerla. Estamos pidiendo esfuerzos a todos los españoles y, por lo tanto, tenemos que acabar también con el turismo sanitario y con los abusos y excesos que a veces se cometen”.

Sin duda alguna, una medida desesperada que no viene a cuento porque en España la población se ha estancado y, a lo largo de todo un año, apenas hemos sido capaces de sumar 22.500 residentes. Esta escasa ganancia se debe que aumentan los españoles y disminuyen los extranjeros. Para complicar más la cosa, no solo aumentan los españoles (62.944) si no que también lo hacen los extranjeros comunitarios (45.494). Y, entonces ¿quiénes disminuyen? Pues los extranjeros no comunitarios (-85.941), que son los que han desaparecido de las cuentas del padrón. Es decir, son cada vez menos los “sin papeles” pero son estos los más perjudicados porque el ciudadano europeo lo tendrá sencillo; regresará a su país y podrá recibir asistencia sanitaria.

Latinoamérica, por ejemplo, se aleja o se nos mete dentro, según se mire. Se aleja si pensamos en que son latinoamericanos los que han salido de España en el último año, pero se adentra si imaginamos que hay menos extranjeros y más españoles porque algunos de esos latinoamericanos se han naturalizado. De todo hay. Lo único cierto es que la crisis ya ha empezado a alterar la dinámica migratoria y, para cuando se cierre, también se habrá modificado el panorama de la extranjería en España. Unos se habrán ido, otros se habrán quedado pero como españoles.

Así que, señora Mato, no disfrace su discurso e imagínese por un solo instante si fuera usted una de esas personas inmigrantes a las que su Gobierno hoy “estudia” negar la asistencia sanitaria. ¿A que duele ser paria?

Te invitamos a que te sumes a la campaña de Legalcity “Porque los inmigrantes sin papeles tengan asistencia sanitaria

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