¡Dos gallos no caben en el mismo rejón!

Cesar Medina, Embajador dominicano en España

Por CESAR MEDINA

EL AUTOR es periodista y embajador dominicano en España.

 

El Partido Revolucionario Dominicano no puede seguir prolongando su agonía. El último lance entre Hipólito y Miguel –o mejor dicho, la provocación innecesaria de Hipólito a Miguel– es la clarinada de la división definitiva.

El resto es pura hipocresía. La simulación que ha caracterizado siempre a la dirigencia perredeísta desde su nacimiento en La Habana, en 1939.

La aparente prudencia de Vargas, que controla la estructura partidaria, se asume ya como la inseguridad propia de quien teme un salto al vacío, entrar al túnel de lo desconocido sin saber qué puede encontrar en el camino. O la desconfianza en lealtades inseguras.

Y semejantes temores son incompatibles con los liderazgos políticos cuando se ven abocados a tomar decisiones trascendentes, firmes, definitivas…

Vargas se ha pasado el tiempo “dorando la píldora” y resistiendo los ataques desconsiderados de Mejía desde mucho antes de las elecciones del 20 de mayo.

Y a partir de esa fecha, lo menos que le ha llamado ha sido “traidor a la patria”, y ha pretendido tirarle en contra las bases del partido como quien le chuba un perro rabioso a un intruso en el patio de su casa.

El momento de la división ha llegado en el PRD. No resiste más tiempo… Mucho menos, más hipocresías y falsos compañerismos.

Hasta que Peña Gómez no comprendió eso, su liderazgo fue cuestionado y se le regateaban condiciones para ser candidato presidencial de su partido. Tuvo que zapatearse y decantarse por la división bajo un predicamento que es casi ley de vida en la política dominicana: ¡Dos gallos no caben en el mismo rejón…!

Los procedimientos

Los partidos políticos no tienen dueños, en eso el señor Mejía tiene razón.

Pero quien se cree por encima de los estatutos y los procedimientos en el PRD es precisamente él, Mejía… Fue él quien decretó la suspensión de Vargas y la expulsión de cinco dirigentes nacionales pocos días después de ser derrotado en los comicios del 20 de mayo; es él quien ha mantenido una constante campaña de denuestos e insultos contra el presidente de su partido; es él quien desconoce la jerarquía partidaria; es él quien lidera una estructura dirigencial paralela; es él quien designó vocería propia en el Congreso; es él quien mandó el PRD a la calle sin consultar los organismos; es él…, siempre él… El inefable Hipólito Mejía.

Motivos de sobra tiene Miguel Vargas para iniciar el procedimiento de expulsión de Hipólito Mejía del PRD. Cuando eso ocurra el Tribunal Superior Electoral no tendrá ninguna otra alternativa que no sea aceptar como buena y válida esa decisión orgánica.

Y cuando llegue el caso al Tribunal Constitucional, como seguro llegará, la sentencia tendrá que ser la misma. Porque de lo contrario, el orden partidario dejaría de existir en la República Dominicana.

Por supuesto, el grito se escuchará en el cielo. Volverán las mismas denuncias sobre la supuesta parcialidad de las altas cortes, dirán que el gobierno y el PLD interfirieron en una sentencia favorable a Vargas para dividir al PRD; dirán que Leonel Fernández está detrás de todo eso… Y patatín patatán.

Pero el final es lo que cuenta, y al final el PRD se reorganizará y se alistará para dar la batalla en el 2016, con muchas posibilidades de vencer frente al PLD desgastado con 12 años continuos en el poder.

Es un caso único

Es probable que en la historia política de nuestro país no haya existido un caso similar al del PRD en este momento, de tan persistente flagrancia en el desafío a las decisiones de una estructura partidaria sin que se hayan tomado las medidas disciplinarias condignas.

Ninguna organización política del sistema puede sobrevivir a semejante irrespeto y anarquía. Para eso tienen los partidos sus leyes internas, los estatutos que rigen la convivencia intrapartidaria, la elección de sus directivas, la forma en que están estructurados. El propio Mejía botó a Hatuey del PRD por puro capricho, sólo por oponerse a su propósito reeleccionista del 2004; por mucho menos que eso sacó Peña a Majluta; Bosch a Mon Castillo, a Thelma Frías, a Miolán… Y el mundo no se acabó. El PRD se revitalizó en cada caso… Y ahí está.

Lo mismo que ocurrirá ahora, cuando Miguel bote a Hipólito…

¡En los próximos días!

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