Duarte el inmigrante.

Duarte el inmigrante.

Amín Arias Garabito
Político dominicano residente en Europa
@AminArias

Muchos historiadores dominicanos nos han hablado siempre del viaje de Duarte como un viaje preparatorio que hizo el Patricio para retornar después a la isla y salvar la patria. Como si de un viaje mesiánico se tratara, un caminar obligado como el que hizo Jesús de Nazaret durante cuarenta días por el desierto.

Sin embargo, interesadamente esconden esos mismos historiadores que el viaje de Duarte no fue un viaje de estudios simplemente (Juan Pablo nunca obtuvo título universitario alguno), que no fue a Europa y los Estados Unidos para prepararse con el fin de luchar contra los haitianos, que su objetivo era mucho más personal y que implicaba directamente a su familia.

Juan José, el patriarca de los Duarte, envió a su hijo a España con la finalidad de, entre otras cosas, sacarlo del ambiente ahogado de Santo Domingo, pero sobre todo para que se curtiera en las lenguas europeas y mejorara sus conocimientos sobre la profesión del comercio que ellos habían desempeñado toda la vida.

Los Duarte eran una familia de comerciantes que trataba a diario con viajeros de todas partes del mundo que fondeaban sus barcos en el puerto de Santo Domingo en busca de repuestos para reparar sus naves. Pertenecían a la pequeña burguesía establecida en la capital que se beneficiaba de determinadas leyes aprobadas por el gobierno republicano de Boyer, las cuales protegían de forma especial a los comerciantes de la parte Este de la isla.

Vicente Celestino, el mayor de los hermanos, a pesar de ser uno de los febreristas y destacado combatiente en las guerras de la Independencia y la Restauración, tenía otros intereses muy alejados a los de hacerse cargo del negocio familiar. Su vida transcurría en Los Llanos donde criaba y vendía reses. Por lo que el negocio de la familia debía pasar directamente a manos de Juan Pablo en cuanto su padre muriera, con el compromiso de proteger a su madre Manuela y a sus hermanas Rosa, Filomena y Francisca, al igual que al pequeño de los varones, Manuel.

Juan Pablo era el heredero natural y gozaba de una inteligencia única, razón por la cual su padre no dudó en hacerle merecedor de aprender más cosas fuera de las fronteras del país en el que vivían desde la Unificación en 1822: la República de Haití.

El cierre de la Universidad Santo Tomás de Aquino, Primada de América, fue una importante razón que determinó la salida de Duarte hacia el extranjero.

El viaje de Duarte fue un viaje para el conocimiento poco cargado del romanticismo que nos han pintado nuestros clásicos. Se acercó a la filosofía y a otras ciencias que le ayudaron mucho tras su regreso a Santo Domingo, ya que todo lo aprendido le permitió presumir de un nivel de superioridad intelectual que pocos en la República tenían.

Juan Pablo era un lector empedernido, un estratega audaz, un genial autodidacta y una fervoroso nacionalista. Pero al salir de su tierra y llegar a otras playas lo hizo como todos los que alguna vez por estudios, trabajo o simplemente por cambiar de vida lo hemos hecho: como un inmigrante.

Duarte fue de los pioneros inmigrantes dominicanos en Nueva York. Su estadía en Londres fue algo parecido. Lo mismo que en París. Incluso estando en la tierra de su padre y la de la mayoría de sus antepasados, la grande España, debió haberse sentido como un extraño. Era ciertamente un extraño: un inmigrante criollo que para más señas no era blanco puro, sino mestizo; no hablaba como los españoles, su acento era distinto, el de los negros, el del Caribe, y para colmo lo identificaba un pasaporte de un país al que en esos momentos algunos Estados todavía se negaban a reconocer, un pasaporte que lo reconocía como ciudadano haitiano.

Quien quiera rasgarse las vestiduras que lo haga. Este es el momento. Pero advertido queda de que no conseguiría cambiar la realidad. El sentido de la responsabilidad nos debe llevar a desvelar siempre la verdad histórica sin miedos, y de esa forma poder afirmar lo anterior sin complejos, atendiendo a varios hechos significativos que lo explican.

Primero: la autoproclada República del Estado Independiente del Haití Español, que fundara José Núñez de Cáceres en diciembre de 1821, sucumbió el 9 de febrero de 1822 con la proclamación en la Sala Capitular del Ayuntamiento de Santo Domingo, ante todas las autoridades del Cabildo y del Gobierno provisional establecido tras la proclamación de la República, así como de las autoridades militares y religiosas, la crema y nata de la sociedad capitalina y el respaldo de un manifiesto firmado por todos los comerciantes de Santo Domingo, que en su mayoría eran catalanes y veían con mejores ojos la unificación con Haití, por todo lo que significaba el movimiento republicano al puro estilo francés, que la aventura de un Estado independiente o la vuelta bajo el yugo del Rey de España.

El pueblo dominicano, negros y mulatos en su inmensa mayoría, prefería las libertades del gobierno boyeriano a la esclavitud que todavía era legal en la parte del Este y que la proclama de Nuñez de Cáceres no abolió. Jean Pierre Boyer llegó a la Capital, pasando antes por todos los pueblos del Sur sin disparar un solo tiro, envuelto en un baño de masas que eufórica le aplaudía al grito de «Presidente, Presidente». Por tanto, a partir de ese 9 de febrero de 1822 toda la isla pasó a denominarse oficialmente República de Haití. Francia reconoció a Haití (todo el territorio insular) en 1825 y Duarte salió rumbo a Europa unos años después de aquella oficialización, en 1838, como ciudadano de una nueva nación reconocida como tal en el mundo civilizado.

Segundo: Lo que hoy conocemos como Región Norte en aquel momento fue denominado por Boyer como el Departamento del Cibao. La Región Suroeste y la Región Sureste, incluyendo a Santo Domingo, se denominaron Departamento del Ozama.

Tercero: El Batallón de Morenos Libres del antiguo Ejército Español que comandaba Pablo Ali, se convirtió en el Regimiento 31 de la Guardia Nacional haitiana. Se creó el Regimiento 32 con los negros y mulatos que habían recibido la libertad tras la proclama de la abolición de la esclavitud, mientras que en el Cibao se puso en marcha el Regimiento 33.

Cuarto: Se nombraron funcionarios dominicanos en todos los estamentos gubernamentales y municipales. Por ejemplo, Tomás Bobadilla, el que fuera primer presidente de la Junta Central Gubernativa, trabajaba para el Gobernador Borguellá, con quien mantenía una relación de amistad muy estrecha. Buenaventura Báez, por su parte, era Diputado ante la Asamblea Nacional en representación de Azua y Manuel Maria Valencia lo era a su vez por Santo Domingo.

Quinto: Duarte volvió a la isla y prestó sus servicios a la República entrando a formar parte del ejército haitiano, al igual que el resto de los trinitarios. Sus vínculos políticos y de amistad con Alcius Pontieaux dan cuenta de su actividad política, su buena sintonía con el gobierno haitiano y su vida pública, hasta el punto de que llegó a pactar el apoyo a los conspiradores que derrocaron a Boyer en 1843. Hizo que los trinitarios se presentaran a las elecciones legislativas de ese año a la Asamblea Constituyente en las que lograron el triunfo en varias ciudades, llegando a obtener varios escaños en la Asamblea Nacional haitiana, y participando activamente en la redacción de la nueva Constitución haitiana de 1843.

Es decir, la vida de los dominicanos en la República Haitiana era normal, era una relación de pura integración ya que los dominicanos participaban de la vida pública sin ninguna restricción: como ciudadanos de pleno derecho y jamás como un pueblo sometido.

Duarte se fue a recorrer el mundo y volvió unos años después. Fundó La Trinitaria, activando políticamente a la pequeña burguesía capitalina; empatizó con los comerciantes, a cuya clase él mismo pertenecía, los cuales se encontraban disgustados por la nueva legislación republicana que les limitaba la obtención de beneficios; hizo contactos con los grandes terratenientes del país, la mayoría de ellos perjudicados por la abolición de la esclavitud, ya que con la llegada de los haitianos el chollo de tener mano de obra gratis se les había acabado, así como por la política del reparto de la tierra que llevó a cabo el gobierno de Boyer, quien dio terrenos a todos los dominicanos mayores de edad, con el compromiso de trabajar la tierra.

Se entrevistó y conquisto para la causa separatista a políticos dominicanos importantes e influyentes dentro del gobierno haitiano, aunque muchos de ellos lo que buscaban era un protectorado con España, Francia, Inglaterra o los EEUU; se adhirió a la causa reformista y votó a favor del encumbramiento de Charles Herard como Presidente de la República, hasta que finalmente fue descubierto en sus planes revolucionarios y declarado traidor, perseguido y exiliado.

Hasta ese momento sus relaciones con el Gobierno haitiano habían sido magnificas. Pero le importaba poco aquello y lo que obtuviera su familia con los beneficios del negocio porque prefería entregarlo todo por la Separacion de la República.

Tras distintos avatares, Duarte se convirtió nuevamente en un inmigrante, esta vez a causa de la persecución política. Se estableció en Curazao, donde todavía hoy existe una importante colonia dominicana. Luego pasó a Venezuela. Volvió en 1844 a Santo Domingo, donde fue recibido como un héroe.

Santana lo expulsó del país y lo convirtió en apátrida. Lo mandó a Alemania, pero Juan Pablo recaló nuevamente en Sudamérica, en la tierra de Bolívar. Volvió a la isla a entregarlo todo en la Guerra de la Restauración contra España. Pero no se quedó, se dio cuenta de que su idea había sido corrompida por unos falsos patriotas que sólo buscaban beneficio propio y no el de la patria. Así que se marchó…

Allí en el Apure, en la selva venezolana, murió Juan Pablo. Solo, tísico, sin descendencia oficialmente conocida, algo orate, desesperanzado, traicionado por sus mismos compatriotas. Nuestro Padre de la Patria se fue a la tumba en el extranjero… Como muchos de los nuestros, como un inmigrante.

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