El gran dilema del 2016

El gran dilema del 2016

Por: ROLANDO ROBLES

 

Contrario a lo que muchos imaginan, dicen y hasta escriben, las elecciones del 2016 no estarán polarizadas entre el Gobierno -que siempre trata de quedarse por otros cuatro años mas- y la Oposición que sueña con llegar al poder mañana, para hacer exactamente las cosas que critica hoy.

Está claro que en estas circunstancias, la lucha no será entre los tradicionales contendores de siempre: PLD, PRSC, PRD y su último hijo, el impredecible PRM.

En estas elecciones tendremos un elemento diferenciador que servirá para calibrar la calidad de las ofertas; y aunque es tan antiguo como la Dominicanidad misma, nunca antes se había presentado con tanto  sentido de oportunidad y pertinencia, en las contiendas electorales modernas.

Oportuno, porque justamente vivimos un momento histórico en el que los conductores del Estado dominicano se han plegado a las presiones internacionales, e inexplicablemente han renunciado al mandato que la sociedad les otorgó en las urnas y que la Constitución les asigna de manera específica en su artículo 128: la defensa directa de la soberanía nacional mas allá de cualquier límite impuesto por la geopolítica, los intereses de las grandes y/o pequeñas potencias regionales y de los enemigos del pensamiento Trinitario, sean éstos nacionales o extranjeros.

Es pertinente porque además, se presenta en un momento en que las  principales fuerzas políticas del país hacen mutis ante la invasión pacífica y constante de nuestro territorio, provocando un deterioro sostenido de la calidad de vida nacional y afectando la precaria entrega de los servicios públicos que la Constitución también ordena al Estado  suministrarle a la población. No debemos olvidar que somos un país pobre y que nuestro presupuesto no puede ser compartido.

Con este escenario de frustraciones permanentes, es que afirmamos que el pueblo dominicano no va a participar en los comicios del 15 de mayo venidero, con las mismas expectativas que ha tenido en todas las elecciones realizadas desde la muerte de Trujillo hasta hoy. Aunque las necesidades de la población siguen siendo las mismas -habidas cuentas de que aún se mantienen los índices de marginalidad y subdesarrollo que teníamos hace 50 años- hoy, tenemos un enemigo mayor cuya presencia solo viene a agravar las dificultades que vivimos.

El problema que enfrentamos, es que en adición a esas calamidades ancestrales, casi endémicas, hoy se cierne una amenaza de mucho mayor dimensión y peligro: estamos al borde de perder el país, y con él la Soberanía, la Nación y la Patria; ya perdimos la frontera física y si no actuamos con diligencia, perderemos también la cultural, y entonces desapareceremos como nación libre e independiente.

Lo que estará en el tapete en estas elecciones venideras, no serán los apagones, ni el desempleo, ni el costo de la canasta familiar, ni la falta de servicios médicos, y mucho menos la galopante y cada vez mas sostenida corrupción, fuera y dentro del Estado. Ni siquiera la inseguridad ciudadana, que nos acogota y convierte en prisioneros en nuestros propios hogares, se puede comparar con el peligro que representa la invasión diaria de cientos y cientos de menesterosos seres humanos, que simplemente buscan sobrevivir a su infierno particular. Lo triste y dramático de esta pesadilla es que no podemos acogerlos a todos y que nuestro destino será a corto plazo, tan oscuro y difuso como el que ellos enfrentan hoy; porque la pobreza solo genera pobreza.

Ciertamente que los males tradicionales nuestros no han desaparecido, ni que lo van a hacer al momento de las elecciones próximas, pero lo que es mas cierto aun, es que todas estas desgracias se acrecentarán con la invasión pacífica (hasta ahora) y seremos arrastrados al mismo profundo y tenebroso laberinto donde ellos se encuentran sumergidos, a pesar de sus mas de dos siglos de “independencia”.

Pero no todo ha de ser “lágrimas y suspiros” en esta conversación informal. El pueblo dominicano, en su infinita sapiencia, sabe que tiene una opción válida y perfectamente identificada. El pueblo dominicano sabe que se está configurando un “Polo Soberano”, que participará en las elecciones compitiendo con el “Polo Entreguista”, o mejor dicho, “Gobiernista” y con el “Polo Opositor Tradicional”, tan entreguista y servil como los gobiernistas mismos.

A pesar de las dificultades creadas por las potencias externas a través de sus agencias locales y de las acciones insidiosas de malos dominicanos que hacen causa común con el poder extranjero, el pueblo reconoce en el “Polo Soberano” la única opción real de darle un vuelco al proceso de deterioro de nuestros valores patrios; y la única posibilidad de reencauzar nuestra Nación por los senderos que nos trazara el Pensamiento Febrerista de 1844.

¡Vivimos, seguiremos disparando!

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