España y el oro de las indias

Gabriela Wiener

“Trajeron a inmigrantes pobres para construir pisos, luego los echaron y ahora se los quieren vender a los rusos especuladores”, me dice mi amiga mallorquina. “Trajeron a peruanas para limpiar esos mismos pisos y ahora nos los quieren vender para que nos quedemos”, replico yo. ¿Que de qué hablamos? Nada menos que de la última “genialidad” que se baraja desde el entorno del partido de gobierno en España, una particularmente sintomática: otorgar la ciudadanía a los extranjeros que compren pisos por un valor no menor de 160.000 euros. El viejo ideal del inmigrante reconvertido en mera transacción económica con fines no muy nobles: reactivar un mercado inmobiliario que favorece a banqueros y constructores, mismos que, oh sorpresa, fueron los principales responsables de que estén, estemos, en el hoyo.

Cosas de la crisis, donde antes nos ponían trabas, ahora nos ponen precio, da igual si es en rublos, en yenes o en soles.

Ignoro si la proyectada ley se hará realidad, pero lo que queda claro es que España necesita inyecciones de capital como antes necesitaba mano de obra. Desde esta modesta tribuna me permito sugerir algunas alternativas adicionales para atraer el hoy codiciado capital extranjero: 1. Transformar los bares de tapas en cevicherías, “molaría” ver a los castellanos de pro ofertando leche de tigre, tiraditos y canchita a nuestros ahora pudientes compatriotas en visita de turismo. 2. Alquilar la Puerta del Sol, el parque del Retiro u otros lugares emblemáticos para conciertos de bailanta, chicha o tecnocumbia. Hacen caja seguro. 3. Subarrendar el Santiago Barnabéu para partidos de la Copa Perú, nosotros encantados de enseñarles lo que es el fútbol macho a Ronaldos y compañía. 4. Subastar el Palacio de la Zarzuela para que el más megalomaníaco de nuestros líderes dé rienda suelta a sus más altos instintos. Y 5. Reconvertir la Costa Brava en balneario tercermundista con sus sanguchitos de pollo, sus fotógrafos con palmera de cartón y sus Inca Kolas al polo. Señores del gobierno de España ¿qué están esperando?

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