Esperan cambios en el gabinete para el 27 de febrero

por Guarionex Rosa
Santo Domingo, D.N. El presidente Medina podría tener ahora, con seis meses en el poder, el mayor respaldo del público que se recuerde en tiempos modernos para un presidente, pero en su camino están algunos obstáculos, como qué hacer frente al reclamo de modificar el contrato con la Barrick.

Las graderías podrían querer más del gobierno de Medina, por lo que muchos anticipan que con tanto arraigo entre la población el gobernante se animará a podar su administración el 27 de Febrero, cuando jubilaría a muchos veteranos para tener sombreros con que cubrir cabezas.

Medina tiene en el régimen remanentes del sector “sangrú”, que con sus actuaciones contribuyeron a dañar la imagen de su antecesor y que fueron fuente escandalosa para los programas de investigación periodística.

Eso, sin hablar de las fallas en la seguridad pública.

Cuando se divulgó el lunes 28 del pasado mes la última encuesta Gallup-Hoy, el presidente Medina se apresuró a agradecer al pueblo dominicano la elevada acogida que reflejó el estudio, que más de 80% le da reconocimiento a su régimen, sobre todo porque cambió el estilo.

El haber agradecido al pueblo por su escogida fue bueno para las compañías que patrocinaron la encuesta, no así para el gobernante que pudiera tener dolores de cabeza en el futuro si las mediciones que se hagan cuando el gobierno madure no le beneficiaran tanto.

Los que llevan anotaciones en los medios de comunicación saben bien que el presidente Medina no se ha propuesto llevar a cabo rueda de prensa alguna en la cual pudiera someterse al escrutinio que iría más allá de las notas de prensa que con diligencia suple el Palacio Nacional.

Los detalles de la valoración de Medina están en la calle: el 4% para la educación, la transparencia que ha comenzado a aplicar en la contratación de obras, su decisión de respaldar a los más pobres y un estilo decente, puntual, manso y sobrio en sus actuaciones.

Medina, se cree, goza ahora de tan gran aceptación popular que para llegar a un 80% o menos de aprobación del público contaría no solamente con el respaldo de todos los suyos, de los sin partido, y también de perredeístas que le han dado un crédito político circunstancial.

Se beneficia de todo 
Medina se está beneficiando de todo. El programa que ofertó a los electores en mayo pasado se ha ido cumpliendo bastante bien. Su apoyo al 4% para la educación recibió un endoso general, aunque se sabe que no hay maestros preparados para implementar los programas.

La campaña de alfabetización, lanzada muy temprano, para aprovechar el buen ánimo del público, daría sus frutos de aquí a dos años cuando se revise la marcha.

A lo mejor para el momento se cuente con profesores contratados en Cuba o España que fortalezcan el sistema.

A raíz de la enorme campaña que montaron los adversarios del ex presidente Leonel Fernández a poco de iniciar el régimen actual, se pensó que el presidente Medina sería un perjudicado directo dada su imposibilidad de alejarle el apoyo al líder del partido.

Algunos de los estrategas de la campaña contra el doctor Fernández especularon con la posibilidad de que el presidente Medina pudiera sacrificar al líder partidario a los fines de consolidar su posición, en un juego que habría sido quizás peligroso para el gobernante. A Medina le llegan las presiones desde todos lados. Dentro de su régimen el procurador general de la República, Francisco Domínguez Brito, quizás querría que el doctor Fernández sea enjuiciado, lo que permitiría eliminar el principal activo partidario para los comicios de 2013.

Medina ha obrado con parsimonia.

Difícilmente decidiría que Domínguez Brito salga de su gabinete, para evitar un foco de perturbación que sería aprovechado por los adversarios del doctor Fernández. El presidente sabe que el líder partidario ha pasado momentos de angustia, pero tiene que aguantar que las aguas se calmen.

Dentro de todas las ganancias, el mayor beneficio que se podría atribuir al gobernante es la pugna mortal en el seno del PRD, entre el ex presidente Mejía y Miguel Vargas Maldonado, que ha permitido al gobierno navegar sin los obstáculos que ese partido le habría impuesto.

La riña entre Mejía y Vargas Maldonado es un tema que va para muy largo. Mientras tanto, el gobierno tiene la fuerza de hacer cosas y ganar tiempo, lo que beneficia a Medina y a Fernández, si no hay en lo adelante temas serios que dividan la opinión del público.

Caso de la Barrick 
Quizás entre los temas más urticantes que encara el régimen de Medina está la demanda de que el contrato suscrito entre el Estado y la Barrick Gold sea revisado, a la luz de los altos precios del oro que en la actualidad andan por US$1,750 en los mercados internacionales.

Cuando el contrato se firmó en el último año del régimen del doctor Fernández, la onza de oro se manejó en un promedio de US$500, una diferencia considerable que se ganarán no los dueños de ese metal precioso, sino la compañía inversionista canadiense.

La Barrick sabe bien que lo que le espera es una campaña nacional para que el contrato sea revisado y, quizás, tomando en consideración esa contingencia, nombró como presidente de la compañía firmante del contrato al ex diplomático norteamericano Manuel Rocha.

Rocha, un conocedor del tejemaneje dominicano por haber servido en la embajada en Santo Domingo durante varios años, afirmó la semana pasada que su compañía esperaba que el régimen de Medina se comportara de manera responsable y respetara el contrato.

Una parte floja de los que pudieran reclamar la renegociación del contrato, entre ellos congresistas que lo aprobaron sin leerlo, es la realidad de que un contrato es un contrato, lo que no le da carácter de inamovible.

Si los técnicos y el régimen pasado no miraron el futuro, eso se reportará a la lista de infortunios.

En un editorial airado, El Nacional dijo el viernes: “Los términos ´responsabilidad ´ y ´gente seria´, usados por el señor Rocha, encajaban mejor en tiempos de la Guerra Fría, cuando ese ejecutivo desempeñó funciones diplomáticas en Santo Domingo, La Paz y La Habana, pero ahora de lo que se trata es de la pretensión de explotar un yacimiento de oro que es propiedad de un Estado que no se reputa como República bananera”.

Sabio como es, Medina pudiera evitar un vendaval e intentar convencer a la Barrick y al Canadá de negociar un acuerdo secreto para que al menos una parte de las enormes ganancias derivadas de los elevados precios del oro lleguen a los pueblos donde se explota el mineral, sino directamente a las arcas nacionales. Pasarse de parsimonia podría derribar su 80% y añadir daño a la imagen de su antecesor, que aprobó la negociación y el contrato.

10 feb/amodom/Listin Diario

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