Gana Danilo y perdió Papá. Las once cosas lamentables de la campaña

JOSE RAFAEL SOSA

Con aproximadamente el 51% de los votos, contra el 46% ha ganado la propuesta del Partido de la Liberación Dominicana, Danilo Medina/Margarita Cedeño, sobre la conformada por el Partido Revolucionario Dominicano, Hipólito Mejía/Luis Abinader.
Eson son los resultados, independientemente de los pataleos que parecen estarse gestando. A Danilo Medina, la mejor de las suertes. A Hipólito Mejía, ésta es la oportunidad para hacerse grande, en las banderas de la humildad, que ya ha sabido tener antes. El triunfalismo no es el mejor consejero.

Ahora se impone la actitud de admitir con honor los resultados, analizarlos para ver dónde estuvo el acierto o el fallo. Ahora se impone ahorrarle al país momentos de incertidumbre con el pataleo que ya debe dejar de ser un recurso. Todo el mundo sabe que el pataleo no lleva a ninguna parte.

Estas elecciones son una aleccionadora entrega de la democracia que intenta ser moderna en la transmisión de los votos, pero que estuvieron marcadas por el salvajismo político del más ancestral pasado reciente.

La jornada electoral debe terminar con la admisión de esos hechos por parte del PRD, pese a las situaciones que se presentaron (incluyendo la compra de votos (denunciada responsablemente por Participación Ciudadana) por parte de gente de ambos partidos (sobre todo del que está en el poder, (falta por determinarse si esas compras correspondían al deseo, voluntad u orden de sus cúpulas y no eran acciones de apasionados activistas con dinero).

No hay que extender situaciones que tienen ya la condición de hechos consumados. Rechazar los resultados es un favor que no conviene ha nadie.

Las once elecciones lamentables que dejan las lecciones:
Una pena que las propuestas alternativas, sobre todo las de orientación de izquierda, se presentaran por separado. Tienen ahora mucho que reflexionar. Gente muy buena (sobre todo las mujeres cantidades vice-presidenciales ) y los hombres postulados. Pero gente buena, sin visión de lo que plantea la realidad, no llega lejos. Faltó visión de unidad. Una lección a ser pensada.
Una pena el nivel del debate que en ocasiones lindó con la chismografía política de la más baja ralea (de parte de ambos grandes partidos). Nos hartaron con álbumes y “enciclopedias” de la corrupción. Es absurda la competición sobre “cual es el más malo”.
Una pena que las imputaciones de corrupción no se hicieran por los canales judiciales correspondientes y sin el telón de fondo del interés electoral. Una pena la rápida edición de libros a favor o en contra de las y los candidatos de libros que en otra época tendrían mejor efecto
Una pena la lastimera denuncia de Marcos Martínez, desde Santiago, para concluir la campana siendo un arlequín al que es preferible ni mencionar en sus detalles.
Una pena la forma de hacer la campana: cara, ruidosa, alteradora de la vida cotidiana de la gente no militante, con serios tintes de prácticas no santas-
Una pena que persistan en hacer caravanas y bandereos.
Una pena el ruido excesivo en la campaña. ¿Nadie en el P.D. y y el PLD se da cuenta de que esa actitud contaminante es una agresión y un gasto innecesario de combustible, recursos y gente mal utilizada?
Una pena el pica pollo y el pote de ron. Delicias para los motoristas de alquiler, pero tremenda perdida de recursos.
Una pena el uso excesivo del «photoshop» para maquillar las sonrisas de los candidatos y eliminar arrugas que todo el mundo observa cara a cara y por televisión.
Una pena la presión excesiva contra quienes conformamos el mercado electoral «pasivo», por los correos electrónicos y las redes sociales, de parte de ambos sectores.
Una pena el exceso de testosterona machista de parte de dirigentes o ejecutivos de partidos y de ejecutivos de la JCE, ante determinadas situaciones

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