Santo Domingo ante gran reto turístico

Santo Domingo. Cuando se otean las perspectivas turísticas de la ciudad de Santo Domingo se perciben luces y sombras. La principal luz es el proyecto del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para la Ciudad Colonial, mientras la mayor sombra es la sobre oferta hotelera que parece avecinarse. En estas circunstancias, el desarrollo de un centro de convenciones sobresale como lo más urgente para que el futuro del turismo capitalino se torne feliz. Y para acometer esa tarea se requiere que se escoja cuanto antes su ubicación.

Un gran halo de luz se producirá cuando crezca significativamente la visitación turística extranjera de la capital en los próximos años. En vista de que la Autopista del Coral ha acortado el tiempo del recorrido del trayecto Punta Cana-Santo Domingo a solo un par de horas, las excursiones diurnas de turistas provenientes de la Costa Este habrán de multiplicarse. Por otro lado, si el proyecto de puerto madre para cruceros de Sans Souci revive, como se reporta que lo hará, entonces veremos los caras pálidas por montones circulando en por lo menos la Ciudad Colonial.

Esa visitación, sin embargo, será diurna y no demandará alojamiento hotelero. De ahí que no cambiará la situación de baja tasa de ocupación promedio que prevalece en Santo Domingo desde hace muchos anos. (En la última década esa tasa se ha situado, en promedio, en alrededor de cinco puntos porcentuales por debajo de la nacional.) En vista de que los grandes proyectos hoteleros que hoy día se construyen en la ciudad añadirán unas 700 habitaciones al inventario en los próximos dos años, casi el volumen de la última década (839), lo previsible es que la ocupación promedio de los hoteles grandes decaiga significativamente.
En consecuencia, esos hoteles podrían no alcanzar ni siquiera su punto de equilibrio por varios años. El crecimiento vegetativo de la economía citadina no será aliciente ni se vislumbra ningún otro factor que pudiera favorecer los resultados. El desarrollo de un centro de convenciones es lo que podría, a mediano plazo, salvar la situación. Y aunque a los hoteleros es que más beneficiaría, el proyecto es también necesario para mejorar el ambiente de negocios y para poder competir con otras ciudades de la vecindad que tienen el suyo.
Hace décadas que se viene reclamando este tipo de proyecto para Santo Domingo. Existen varios estudios sobre el asunto, pero el mejor y más reciente (2008) es el de la consultora alemana ITB Consulting, el cual fue pagado con contribuciones del sector privado. Después de evaluar unas 14 posibles locaciones, esta consultora concluyó que las tres mejores eran: 1) Sans Souci, 2) una isla artificial frente al Malecón, y 3) los terrenos del Hospital Infantil Reid Cabral. El primero requeriría los terrenos de Los Molinos, el segundo se ubicaría frente al final de la Avenida Máximo Gómez y el tercero requeriría una parte de los terrenos del Hotel Santo Domingo.

Según ITB Consulting se requiere un predio de un mínimo de 60,000 metros cuadrados y las edificaciones ocuparían unos 20,000. Ese solo dato hace dudar que se logren las alternativas 1 y 3 propuestas, mientras la opción de la isla podría provocar enconos similares a los que despertó el proyecto de Isla Artificial de hace varios años. Preferible y más factible sería usar el procurrente de Sans Souci para aprovechar la playa adyacente, unos terrenos que están concesionados a los promotores del proyecto del puerto madre. Pero si eso requiere de un puente nuevo la inversión total necesaria podría resultar muy cuesta arriba.
Si lo de Sans Souci no prospera, conviene repensar tres opciones ubicadas en el Malecón y que son todas de propiedad estatal: 1) Feria Ganadera, 2) Hotel Jaragua, y 3) Teatro Agua y Luz. La primera tiene 165,000 m2 y ha sido señalada como ideal por muchos analistas locales y foráneos. Ahora tiene la ventaja de que Metaldom va a ser reubicado y de que el helipuerto cercano ha fracasado.
La opción del Jaragua, más céntrica y cercana a los hoteles principales, tiene 70,000 m2. No habría que demoler el hotel por completo y se puede vislumbrar algún tipo de ayuntamiento con el Hotel Meliá.

La opción del Agua y Luz solo dispone de 28,000 m2 y, en consecuencia, no tiene el tamaño requerido. Habría que mudar la adyacente Dirección de Migración y el cercano Servicio Nacional de Protección Ambiental, amen de comprar los terrenos del prestigioso night club con quien este colinda. (Aquí se asume que al Estado le sería fácil hacer las reubicaciones a otros sitios adecuados.) Pero refundidos esos terrenos serían más que suficiente y el centro estaría ubicado con gran cercanía a los grandes hoteles, sin molestar al IMPOSDOM ni a otras oficinas gubernamentales cercanas.
La escogencia del sitio sería la clave para despegar al proyecto. Una vez se designe por decreto esa localización, los potenciales inversionistas privados podrían reaccionar mejor. Aunque se sabe que este tipo de proyecto es pocas veces rentable, el Estado tiene formas de interesar al menos a eventuales operadores privados. Y los recursos de inversión vendrían de fuentes no convencionales. Es dable suponer que los hoteleros aceptarían algún tipo de cargo por habitación con tal de que el Estado asuma el compromiso de la inversión.
Para arrancar el proyecto lo recomendable sería que el Presidente de la República nombrara un comité de los actores privados para que hiciera la selección del sitio. En dicho comité figurarían por lo menos representantes de la Asociación de Hoteles, la Cámara de Comercio y Producción del Distrito y el Clúster Turístico.
El Presidente entonces nombraría un Patronato que se encargue de licitar el diseño. El Ministro de Economía se encargaría de negociar con potenciales inversionistas y/o buscar el financiamiento necesario. ¡Manos a la obra!

Juan Lladó
03 oct /amodom/ Diario Libre.

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