La coherencia entre lo dicho y lo hecho: una mirada más profunda

La coherencia entre lo dicho y lo hecho: una mirada más profunda

Por Juan José Sánchez

A menudo se afirma que una persona es coherente cuando sus acciones coinciden con sus palabras. En apariencia, esto parece suficiente: si alguien dice que hará algo y efectivamente lo hace, parece lógico asumir que hay coherencia. Sin embargo, ¿es esto siempre cierto? ¿Basta con que se diga y se haga algo para que exista verdadera coherencia?

La coherencia no es simplemente una cuestión de cumplir con lo que se promete, sino de una alineación más profunda entre los valores, los principios y las intenciones. Se puede actuar conforme a lo que se dice, pero si lo que se dice carece de sentido ético, de reflexión o de autenticidad, entonces la acción no es coherente en un plano más integral.

Por ejemplo, si alguien afirma que va a manipular una situación para su beneficio personal, y luego lo hace tal cual lo dijo, ¿podemos decir que ha sido coherente? Desde un punto de vista estrictamente conductual, sí: dijo que lo haría y lo hizo. Pero desde una perspectiva ética o moral, esa coherencia es vacía, incluso peligrosa. La verdadera coherencia no solo implica la correspondencia entre palabras y hechos, sino que también exige una revisión crítica de los fundamentos que sostienen tanto lo uno como lo otro.

Por eso, no es suficiente decir y hacer; lo importante es qué se dice, por qué se dice, cómo se actúa y con qué propósito. La coherencia auténtica surge cuando nuestros discursos y nuestras acciones están guiados por valores sólidos, por la integridad personal y por un sentido de responsabilidad hacia los demás.

En definitiva, la coherencia real no se prueba solo con la coincidencia entre lo dicho y lo hecho, sino con la honestidad y la profundidad con la que se vive esa coincidencia.

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