La competición política por el voto inmigrante

Marta Zahonero

Marta Zahonero es autora de ‘Inmigración y discurso político’’, tesina para optar al grado de Profesional de la Escuela de Inmigración y Cooperación (EPIC) de la Comunidad de Madrid, título propio de la Universidad Rey Juan Carlos.

La campaña electoral de las municipales y autonómicas de mayo de 2011 ha marcado “un antes y un después” en la evolución del discurso político sobre inmigración. De área temática objeto de proposiciones dirigidas al elector nacional, los partidos apelan hoy al inmigrante como nuevo receptor de su programa político e ideológico. El estudio ‘Inmigración y Discurso político’ desvela este cambio, adelantando además las importantes consecuencias que puede acarrear sobre el futuro de la política española.

PP y PSOE protagonizaron en el transcurso de las Elecciones Generales de 2008 un combate en el que recurso electoralista a la inmigración tendría como objetivo captar el voto autóctono. La batalla principal giró en torno a las propuestas de los populares, que serían objeto de reprobación social y alusión constante en los medios de comunicación por asociar inmigración al conflicto, a competición por los recursos públicos o por el empleo, y por despertar el miedo a entidades extranjeras. La reproducción de esta imagen versus las bondades de una sociedad plural, la solidaridad y la igualdad esgrimidas por el socialismo español, asestó un duro golpe al bando popular. Fue una lección que el partido de Mariano Rajoy no olvidaría.

Sólo tres años después, aquella inmigración se convirtió en un poderoso actor con capacidad para cambiar el color político de algunos municipios españoles. Los residentes extranjeros nacionales de Noruega, Islandia, Nueva Zelanda, Chile, Colombia, Ecuador, Paraguay y Cabo Verde ostentan el derecho de sufragio activo en las elecciones municipales. Los Tratados Bilaterales de Reciprocidad firmados con sus respectivos Estados de origen lo ha hecho posible, en respuesta a las campañas promovidas conjuntamente por la sociedad civil y la clase política. Se han incorporado a los ciudadanos europeos que, en razón del Tratado de la Unión, ya ejercían este derecho. La inmigración empadronada en España excede del 12% de la población, cinco Comunidades Autónomas superan el 15%, llegando incluso al 20% (datos INE, 2010). Si consideramos las diez nacionalidades mayoritarias en España (que suponen el 62,39% del total de los residentes extranjeros), sólo los procedentes de China y Marruecos que han adquirido la nacionalidad, esta nueva fuerza ha desatado el deseo de nuestra clase política.

En las pasadas elecciones, PP y PSOE han empleado esfuerzo y recursos para captar el voto inmigrante a través de un discurso segregado, en estrategia y contenido, que les permitiera neutralizar los lastres y prejuicios que arrastraban, la articulación de un discurso especialmente amoldado, no solo al electorado procedente de la inmigración, sino a distintos componentes étnico-nacionales de éste, representa un hito para la política española.

El Partido Popular de Madrid ha sido el epicentro de esta transformación. Tres años de trabajo del Gobierno de la Comunidad, se han sumado al esfuerzo de la Secretaria de Relaciones con la Inmigración, cuyo titular, Percival Manglano, es hoy Consejero de Economía y Hacienda. El clima favorable creado entre la inmigración ha sido el primer paso de la puesta en marcha de una estrategia de marketing electoral perfectamente estudiada. Al grito de “Presidente”, la inmigración del Corredor del Henares, de procedencia predominantemente rumana, protagonizaría el baño de multitudes que Esperanza Aguirre recibió en el Acto de Inmigración organizado por el PP en Alcalá de Henares. La campaña ‘Nuevos Madrileños’ habría cumplido su objetivo.

Mariano Rajoy se ha sumado definitivamente a este discurso pro inmigración. No sólo le dio fin a este acto, sino que lo hizo con un discurso que, más allá de la empatía, le conduciría a identificarse con la inmigración: “Yo soy gallego, he nacido en Santiago de Compostela (…) Muchos gallegos, muchísimos gallegos se ganaron la vida dignamente fuera de su tierra. Y muchos gallegos contribuyeron a que los sitios que los acogieron progresaran y mucho (…) quiero deciros que yo conozco, y conozco bien lo que la inmigración, y por eso yo hago una valoración positiva de la inmigración, y por eso, en el programa electoral con que nos presentamos a las próximas elecciones hablamos de inmigración”.

Mientras tanto, como continuidad a la campaña popular de las autonómicas catalanas de noviembre de 2010, Alicia Sánchez Camacho, Alberto Fernández Díaz, Josep Anglada, García Albiol o Pau Fernández-Tortesa entre otros, seguirían apostando por mantener viva una agitación que mucho tildarían de xenófoba. Si se confirma como definitiva la adscripción de Rajoy a la “estrategia Madrid”, se habrá hecho evidente la brecha en el seno del PP. Y quizá, que Rajoy entiende por “centro” el discurso que llega desde la capital.

Este giro estratégico parece haber cogido a los socialistas desprevenidos, propiciando una evidente retracción. Ni negando “la mayor”, ni atribuyendo la responsabilidad por el fallida “operación retorno” o por las redadas contra inmigrantes a la “mano larga del Ministerio de Interior”, conseguirían eludir el juicio político adverso del electorado inmigrante. Tomando Madrid como campo de observación, la tensión interna que en la actual coyuntura que experimenta el PSOE se manifestó además en la exclusión de Yolanda Villavicencio (representante connotada de los intereses de la inmigración) de la lista de Tomás Gómez, sumando una más a las razones de disidencia del movimiento asociativo inmigrante. Este hecho, y la larga serie de infortunios que hostigaban al partido, motivó su desaparición en la lucha por un mercado electoral hasta entonces propicio.

El vacío dejado por el PSOE en los discursos hacia la inmigración y el alejamiento de ésta, ha facilitado la transformación del discurso de los populares. Lejos de lograr transmitir sus propuestas, la deficiente estrategia del PSOE puso “en bandeja” al adversario el control de la agenda política, desplazando el interés inmigrante. El desencanto de la población española con la clase política (CIS, 2011), parece mínimo en comparación con el de nuestros inmigrantes, deudores de tradiciones no siempre democráticas y en ocasiones, incluso, populistas y de patrocinio. Sin embargo, como “pomada” a su decepción, ha aparecido una alternativa: el paquete popular entiende de estudios de mercado, de preconcepciones ideológicas y de cómo estimular al elector. Se presenta como un producto atractivo, como un reclamo a las sinergias de los “individuos”, a las personas valientes, emprendedoras y valiosas para la sociedad que todos queremos ser; también los electores inmigrantes. En contra, el PSOE parece haber tocado fondo en el amparo del interés y la custodia de los afectos de este “colectivo”.

¿Estamos ante el fin del protectorado político al inmigrante? No cuando la visibilidad de su condición de extranjeros en constante en el mensaje de ambos partidos, no cuando el discurso se formula segregado, no cuando se negocia el voto con favores políticos. El PP y el PSOE apelan al voto inmigrante en bloque, como natural consecuencia de una integración participativa también en bloque. Y todo pese a que, por experiencia saben, que “lo que fácil llega, rápido se va”.

La incorporación de extranjeros a las elecciones municipales parece haber sido la causa de la transformación del discurso político. Sin embargo, ni el mensaje en clave nacional, ni la mínima repercusión que tuvo la participación extranjera lo justifican. ¿Qué interés persigue tanto esfuerzo político? Lo que hace tiempo entendió el PSOE lo ha asumido ya el PP: el voto de los residentes extranjeros en las municipales seguirá aumentando, como también el voto de los extranjeros nacionalizados en España. Y en el largo plazo ese voto cuenta.

Nos encontramos ante un campo fértil para la siembra, donde el proceso de integración hace permeables las identidades. El hastío de discursos paternalistas, incapaces ya de generar ilusión y confianza, y la necesidad de no perder el paso en una sociedad cambiante han hecho mella en los ánimos políticos, que corren el riesgo de convertirse en el germen de noviazgos clientelares. El tan demandado ‘Pacto de Estado sobre Inmigración’ parece, por fin, cobrar sentido conduciendo a la formación de un clivaje electoral por razón del origen extranjero. El voto inmigrante trasciende ahora su propia razón de ser, con la ayuda de los políticos españoles. Mirando al futuro nos preguntamos que le deparará a este ‘lobby’ político que parece empezar su andadura. ¿Brotarán nuevos “barones” en la clase política española? ¿Serían ahora “barones étnicos” y no regionales? El giro copernicano de los ‘populares’ y la experiencia socialista parecen pronosticarlo. Y, sin embargo, no podemos dejar de dar la bienvenida a este despertar de nuestros líderes en la consideración del inmigrante como ciudadano y votante. Todo depende de cómo se articule la presencia del voto inmigrante y quizá, de las elecciones que vienen, consigamos un adelanto.

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