La mujer inmigrante en España

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  • «Cuando te ves atrapada, desvalida tras los muros, sueñas con escapar. Y la magia surge cuando entiendes ese sueño y haces que las fronteras se desvanezcan. Tus sueños pueden cambiar tu vida y a la larga el mundo» 

 

Madrid.- El fenómeno migratorio ha subestimado el papel activo de la mujer y su protagonismo en los países a los que emigra. Los datos son escasos para conocer con detalle las motivaciones de las mujeres para emigrar, las responsabilidades y oportunidades que tienen en los países de origen y en los que son acogidas.

Hombres y mujeres emigrantes viven situaciones muy diferentes por motivos educativos, sociales, culturales, políticos y religiosos, aunque este hecho no suele reflejarse en los estudios.

Históricamente, la mayoría de los inmigrantes han sido hombres: padres de familia e hijos jóvenes que partían a la búsqueda de un trabajo en un país extranjero y enviaban dinero a casa hasta que ellos mismos pudieran regresar o bien, años más tarde, mandaban por la familia.

Hoy la inmigración es crecientemente femenina y suele ser más autónoma y activa, por lo que se tiene una idea más clara de cuánto aportan las mujeres migrantes a la economía y al bienestar social del país donde se asientan. Asimismo, el envío de remesas a los países de origen las visibiliza como motores económicos. Cabe destacar que las mujeres son hoy en día el 49 por ciento de todos los inmigrantes en el mundo.

 

España multicultural  

 

En los últimos 20 años España se ha caracterizado por ser un país que ha recibido una gran cantidad de  población migrante que lo ha convertido en un país multicultural. En los últimos cinco años, la recesión económica ha dado un revés al fenómeno migratorio: ha disminuido la inmigración y se ha acelerado la emigración de los mismos españoles a otros países y el retorno de quienes después de años de vivir en España vuelven a sus lugares de origen. En enero de 2012 el Instituto Nacional de Estadística (INE) publicó que España contaba con 47.2 millones de habitantes, 41.5 millones de españoles y 5.7 millones de extranjeros, el 12 por ciento de la población. Entre los españoles hay más mujeres (51.1%), mientras que entre los extranjeros predominan los hombres (51.9%).

Migración con rostro de mujer

 

El historial migratorio permite distinguir algunos de los múltiples patrones de mujeres migrantes que se presentan. Cabe señalar que la situación de las migrantes no es homogénea, sino muestra una amplia gama derivada de distintos orígenes y culturas. Estos patrones son más identificables cuando se estudian las condiciones socioculturales de esta población en España.

De entrada, está la mujer que emigra sola con la idea de obtener ingresos para ella y enviar remesas a sus familias. En otros casos, hay mujeres que llegan para reagruparse con algún familiar que ya está instalado aquí; otras, huyen de sus países por una situación dramática como guerras, pobreza extrema o discriminación de género (mujeres musulmanas) y en un menor número, hay mujeres que salen a complementar sus estudios de posgrado o tienen una oportunidad de empleo para ejercer su profesión en mejores condiciones que en sus países de origen. Hay miles de historias de mujeres migrantes, cada una con sus motivos, vivencias y problemáticas.

 

Lamentablemente, pese a que es una realidad que viven todos los países, la migración no brinda necesariamente la seguridad de la protección de sus derechos a hombres, mujeres y niños migrantes. Si a esto le sumamos que existen estereotipos con los que tienen que luchar en su encuentro con una nueva cultura, como ser vistos con la imagen de analfabetos y marginales, o con el prejuicio de que los inmigrantes vienen a robar o a quitar puestos de trabajo a los nativos, el proceso de adaptación resulta más difícil.

 

Son proporcionalmente más las mujeres que los hombres que se encuentran ante trabajos de explotación con salarios precarios, sin seguridad social o sin un contrato laboral. Por ejemplo, trabajos como el servicio doméstico, el cuidado de ancianos o enfermos, son ocupaciones poco reguladas, lo que favorece que se produzcan condiciones de abuso hacia ellas. En muchas ocasiones, ellas permanecen en silencio por la necesidad de un empleo o por temor a perderlo, todo en una franca violación de sus derechos humanos y laborales.

 

No tenemos que olvidarnos de “las sin papeles”, esas mujeres invisibles que no son parte de la estadística ni preocupan a las políticas públicas; mujeres sin voz lo que las hace más vulnerables a los abusos y la explotación. Para ellas un reconocimiento a su fortaleza este 8 de Marzo, “Ni un paso atrás” para seguir avanzando en una misma dirección en la defensa de los derechos de las mujeres.

 

8mar/amodom/ dossierpolitico
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