La premonición de Fidel

La premonición de Fidel

Amín Arias Garabito

Político Dominicano, reside en Europa

Lo que no dijo Fidel Castro en aquella frase premonitoria que pronunció hace años es que la triada humana que gestaría el deshielo entre EEUU y Cuba con la llegada de «un Papa latinoamericano y un Presidente negro» se completaría con su salida del escenario político.

Y no lo dijo quizá porque no quiso desvelar completamente lo que le mostraron los caracoles en más de una ocasión, esos en los que él cree ciegamente como apuntan muchísimos de sus compatriotas y como desvelan algunos de sus colaboradores.

No dijo que para completarse todo el proceso era necesario que él diera paso a otro líder de la Revolución que pilotara el cambio, ni ha contado nunca lo mucho que se resistió antes de nombrar a su hermano Raúl como primer mandatario.

Nunca reveló que todo pasaba porque dejara el poder para hacer caminar el país. Que su utópica idea no iba a funcionar porque el mundo está ínterconectado y las potencias, por más puntos divergentes que expresen, siguen haciendo sus negocios y manteniendo sus relaciones bilaterales vivas.

El abandono a su suerte de Cuba por parte de la antigua URSS para mantener vivos sus propios intereses es el ejemplo más palpable. Su desintegración tras la caída del Muro de Berlín debió haber sido el momento para iniciar un proceso de entendimiento entre todos los pueblos de América. Pero Fidel lo dejó pasar.

Cuba pudo haber sido un líder nato dentro de la región encabezando la oposición continua a los excesos de Norteamérica contra los pueblos latinoamericanos. Pero se perdió entre el egoísmo y el orgullo rancio de un Fidel que no supo dar respuestas a su gente.

De derrocar una dictadura a convertirse en un dictador… es lo único que hizo Fidel tras la gloriosa victoria. Es algo incomprensible, a pesar de los buenos resultados en sanidad y educación que exhibe el país caribeño y que ya quisieran muchos países democráticos mantener.

El embargo americano contra la isla hizo su parte negativa, pero la otra la completó ese viejo malestar contra el imperialismo, que ciertamente magulló a toda la América Latina.

Por más cabrón que fuera Fulgencio Batista o por más esperanzadora que se presentara la Revolución Cubana, el «quítate tú pa’ ponerme yo» nunca ha sido la solución. Y demostrado queda porque los bravos guerreros de la guerra anticapitalista han tenido que recular, y hoy se encuentran negociando con el máximo enemigo, con ese diablo que tiene como representarte a Barack Obama y los EEUU. Para muestra un botón: China, Rusia, etc.

Una negociación que viene dada por mediación de la Iglesia que tanto marginaron durante medio siglo de régimen cerrado, pero que gracias a la voluntad del jesuita Francisco hoy parece que se encamina a un buen puerto y a un entendimiento duradero entre el archienemigo del Norte y la pequeña isla del Caribe.

Cuba anda en busca de su destino. La premonición no está completada, pero lo alcanzará.

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