La tesis errónea  sobre los Odontólogos

La tesis errónea sobre los Odontólogos

 

Autor: Manuel Antonio Mejía.
Madrid, España.

Que trata de la equivocada idea de considerar a los médicos odontólogos distantes frente a los acontecimientos políticos y sociales del mundo”.

“La historia de la medicina no puede limitarse a la ciencia, ni a las instituciones ni a los personajes de la medicina; debe incluir también la historia del paciente y del médico en la sociedad, así como la historia de las relaciones entre uno y otro. De este modo la historia se convierte en historia social”.
Doctor Jesús Saturno Canelón.
“Curso de Historia Social de la Odontología”.

Grandes núcleos humanos conocen el valioso papel social del profesional odontólogo en el mundo. Pocos sin embargo saben que detrás de los grandes liderazgos o como tales, se encuentran los más insospechados perfiles y hay un profesional de esta disciplina médica aportando, orbitando, profundizando y participando del conocimiento múltiple en cada ámbito social.

Cuando el Primer dentista de la humanidad, el escriba Hasy-Ra (descrito también como Hesîre o Hesirâ), el cual se sabe sirvió en la Tercera Dinastía egipcia representada por el faraón Zocer o Zoczêr, como Jefe de Dentistas y Médico Principal del faraón-descubierta su hazaña luego de que surtieran fruto las excavaciones en las Mastabas en el año 2010-, fue presentado al mundo algo impresionante y aquel momento trajo muchas interrogantes, en especial, la que tenía que ver con la relación del dentista con el Faraón Zocer y su papel en el Estado egipcio. Hoy, que personajes históricos como Hasy- Ra son descubiertos y se ha revelado la historia de que los jornaleros de las Pirámides no eran esclavos sino ciertamente trabajadores muy bien asalariados, los primeros en ostentar paga por vacaciones y con gran vanidad y preocupación por su estética general y dentaria, nos da por pensar que lo que ocurría en el año 3000 antes de los sueños, de las fantasías y el Factor- Humanidad-Esculapio, no era diferente a lo que ocurre hoy.

Hipócrates, que se enfrentó a las autoridades por años en su trabajo de alejar las creencias de la medicina y sus ramas del sentido de la magia que se le había dado y arraigado por años tenía, por su nivel de conocimiento, gran influencia en el país de los griegos. Tiempos aquellos difíciles por la creencia arraigada en la generación espontánea.

Aulo Cornelio Celso, que era gran filósofo, dentista y médico romano, de sumo respeto entre las estirpes del poder, tenía bajo su control, además de los más importantes textos de su época, un extenso conjunto de teorías que si bien observaban los asuntos de la salud, incluida entre ellos temas de tratamiento dental, también influía de forma poderosa no sólo en los Congresos y Asambleas del imperio eterno, sino también en las ideas del Emperador.

La Edad Moderna fue el contexto; el tiempo, en que la humanidad cuenta entonces con un Pierre Fauchard, ese británico-francés orientado por Alexander Poteleret al que sin caer en error se le considera El Padre de la Odontología Moderna. Autor de la afamada obra médica “Le Chirugen Dentiste” (“El Dentista Cirujano”); Fauchard es también el precursor, sin proponérselo, de la odontología militar y deportiva. Eran los tiempos del racionalismo de René Descartes -autor de “Reglas para la Dirección de la Mente” y “El Discurso del Método”-; las grandes Cortes de Luis XIII de Francia –El Justo- y el Ministro, Cardenal y Estadista Armand Jean du Plessis-Duque de Richelieu, el que había ascendido al poder como Ministro en 1614.

Está también el caso del escocés, nacido en Long Calderwoo, John Hunter, cuyo trabajo en disecciones de animales le valieron situaciones difíciles con la iglesia y grupos de poder que enfrentó sin vacilaciones desde el primer momento. La Odontología le debe su tesis sobre el desarrollo óseo de los maxilares y huesos del cuerpo, estudios que sentaron y acentuaron las bases de la Odontología. Si antes, Ambroise Paré, definió estructuras para las bases de la cirugía, la hilera posterior de múltiples exponentes de la profesión en todos los ámbitos no paró. El Doctor Florestán Aguilar fue un claro ejemplo de los dentistas envueltos en grandes misiones, a punto de que sin dudar estuvo en el torbellino de los grandes cambios y revoluciones de los siglos XIX y XX.

EL Odontólogo Héctor José Cámpora, por ejemplo, fue Presidente de Argentina y una gran pléyade de ellos no ha dudado en estar al frente de las manifestaciones sociales, políticas, económicas, culturales y sobre todo científicas, en beneficio de los avances y reivindicaciones en pro del estado de bienestar de la humanidad y el apoyo a los derechos del hombre.

En política internacional, Edouard Charles Godon, primer Presidente de la Federación Dental Internacional, influía en toda la política externa de los países de europea de forma determinante, lo mismo que el inventor pensilvano Simon P. Hullihen, padre de la Cirugía Dental moderna en Estados Unidos o, bien el Doctor alabameño Basil M. Wilkerson, creador de una gran gama de inventos que termianron colocando a Estados Unidos a la vanguardia de la Ciencia de la Estomatología.

Lucy Beaman Hobbs (la primera mujer graduada en la carrera de Odontología), tomó la antorcha; el testigo, de feministas como la monja Hildegarda Von de Bingen –la primera mujer empresaria formal de la Edad Media; de Margarita Porete, la segunda mujer si cabe después de Hypatia, asesinada por sus ideas innovadoras estructuradas estampadas en su gran libro “El espejo de las almas simples”; tomó el mismo testigo también de María de Sayas, eminencia poética del siglo de Oro español, de las revolucionarias culturales Margaret Cavendich, Anne Finch Conway, María Sibilla Merian y hasta de las científicas del siglo XVIII Mary Montagu, Maria Gaetana Agnesi, Caroline Herschel, Marianne North, Marie Sophie Germain o en el siglo XX, la profesora y escritora francesa, contemporánea del genio francés Jean Paul Sartre, luchadora por los derechos de la mujer que todos conocemos como Simone de Beauvoir.

Del mismo modo, en su tiempo, Pierre Fauchard tuvo el mismo valor social en términos del conocimiento que Newton, Copérnico, Galileo o Darwin, tal y como ocurrió, posteriormente, con los grandes de la Odontología y sus trabajos, vistos los casos de Angle, Black, Hullihen, Wilkerson, Mckey, Einhorn, la misma Lucy Beaman Hobbs, Godon y otros, los cuales simultanearon desde siempre su trabajo científico y profesional con el trabajo social como buenos actores de las Ciencias de la Estomatología, con iconos de altísimo valor en los campos del saber y la praxis y motivadores de prosélitos y áncoras de este siglo

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