Lady Gaga defiende su fortaleza en el Sant Jordi

La estrella fundió éxitos discotequeros, estética gótica y erotismo en un `show¿ aparatoso

El gran montaje de la neoyorquina llenó el recinto, algo que no lograron ni Leonard Cohen ni Miguel Bosé

 

Lady Gaga no dispone ahora de más singles ganadores de los que tenía cuando nos visitó por primera vez, hace casi dos años. Pero, aunque su último disco, ‘Born this way’, palidezca frente a ‘The fame’, todo lo demás, es decir, el personaje y el show, es más vistoso, caro, espectacular y, en definitiva, más grande. Anoche, en Barcelona, en el Sant Jordi, alimentó un poco más su noción de la fantasía pop con una propuesta agotadora y depredadora que se alimentó de estética gótica y salpicó su banda sonora discotequera con guiños al heavy metal.

Un contundente decorado con forma de castillo medieval, con sus torreones y escalinatas, dominó el escenario, y de ahí salió Lady Gaga, montada a caballo como una dama feudal. Bueno, nadie podría asegurar que la amazona fuera realmente ella, porque llevaba un casco. Tampoco el caballo era un caballo, sus patas vagamente humanas le delataban, pero, en fin, así es el pop. Y así es el expansivo mundo de Lady Gaga, que ofreció anoche el primer lleno de la temporada en el Palau Sant Jordi después de que ni Leonard Cohen ni Miguel Bosé lograran vender todo el papel de sus actuaciones.

El escenario incluía dos pasarelas que se adentraban en la pista y se unían en su extremo, dejando en su interior el ‘Monster pit’, el área reservada para los 400 fans más resistentes, que llevaban días acampados frente al Sant Jordi. La zona estaba al completo cuando, una hora antes del inicio del concierto, salió a actuar el grupo británico The Darkness, al que Lady Gaga permitió cierto despliegue de producción (un telón gigante con el nombre del grupo) pero redujo su set a 35 humildes minutos. Tiempo justo para presentar un par de canciones nuevas y recordar hallazgos como ‘I believe in a thing called love’ y ‘Love on the rocks with no ice’, canciones esculpidas en riffs inspirados por Thin Lizzy y los primeros discos de Queen.

EROTISMO GÓTICO

Luego salió la diva, aunque tardamos dos canciones en reconocerla. En ‘Highway unicorn’ y ‘Government hooker’, piezas que enmarcaron escenas de sexo siniestro (un operario del cuerpo de danza simulando practicarle un cunnilingus) llevaba la cara cubierta. Por fin, se mostró en ‘Born this way’, la canción que, hace unos meses, en el mismo Sant Jordi, Madonna fundió con ‘Express yourself’ evidenciando su parecido. Flanqueda por bailarines que parecían Bela Lugosi equivocado de película y depositado en Mad Max, la artista se colocó encima de una estructura hinchable que simulaba un enorme vientre femenino y sendas piernas, metáfora del alumbramiento de los monstruos que constituyen el microcosmos gaga.

En su primera media hora, aquello fue mucho más show teatral que concierto, ya que las canciones, todas correspondientes a ‘Born this way’, no parecen haber sido elegidas por la providencia para pasar a la historia. Por eso, cuando sonó ‘Bad romance’, el Sant Jordi lo celebró ostentosamente. Lady Gaga tomó la palabra para proclamar su condición de criatura virtual. «No soy humana. Estoy en todos vosotros, que me creásteis. Nací así», aseguró.

Desde hace un tiempo, los artistas agradecen explícitamente a sus fans la compra de la entrada. Así lo hizo Lady Gaga, quizá informada de las dificultades económicas en este rincón de Europa. «Gracias a todos por haber comprado la entrada. Sé que todo el mundo en España trabaja duro para ganarse la vida», señaló. El guion del nuevo disco siguió con canciones como Judas y Fashion of his love, y cambios constantes de coreografía: bailarinas con ropa interior de cuero, novias vestidas de blanco que se desplazaban sobre las pasarelas como si flotaran… Una inquietante imagen de la estrella en forma de holograma, y los músicos, incluido un guitarrista con ramalazos heavy, situados cada uno en una almena o un torreón de la fortaleza.

CAMISETA DE SEGURIDAD

En Heavy metal love entró en escena una moto como la de la portada del disco, y en ‘Bad kids’, Lady Gaga se vistió de azulgrana y añadió una declaración alentadora de cara al Barça-Madrid. «Nada puede ir mal porque llevo puesta esta camiseta». Tras la balada Hair, tanda de rock épico y gótico con ‘You & I y Electric chapel’, un Americano con acentos latinos y un trío de ases: ‘Pokerface, Alejandro y Paparazzi’, entre guiños al imaginario gay y nuevas escenas de película siniestra. Cerca de las dos horas, el show tocaba a su fin con ‘The edge of glory’ y ‘Marry the night’, y el Sant Jordi dejaba atrás uno de los montajes más aparatosos que ha acogido en sus dos décadas de historia.

 

7 oct /amodom/ elperiodico

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