Los cerdos del Comité Político

YEFRY ALEXANDER @ORTEGAABREU

Dominicano residente en Sevilla.

Cuando tenía unos 8 años, vi en la televisión  una película que me cautivó; una granja de animales, unos paisajes naturales y una historia que me hicieron recordar esa película durante mucho tiempo.

Me gusta el cine que al igual que la música, tengo la suerte de disfrutar independientemente del género o del ritmo. Eso si, cada uno en su tiempo (y compañía). Y no preguntarme por títulos, directores, actrices o actores, no podré responder porque tengo la mala costumbre de no interesarme en esos detalles. A consecuencia de ello, no supe ni cómo se llamaba, ni en qué estaba inspirada esa película de animales que tanto me gustó. Confieso que lo que más me llamó la atención fue que los animales hablaban. A finales del siglo XX y en un campo del norte de RD, esos “efectos especiales” realmente fascinaban – por lo menos a un niño de 8 años-.

Recuerdo a esos cerdos gordos dando discursos a los demás animales y éstos escuchando atentos, aplaudiendo, con esperanza en sus ojos. También recuerdo la imagen del caballo fuerte, predispuesto y trabajador que, al final, exhausto de tanto trabajo, murió. Es de decir que era lo que retenía de aquella película. Como niño no me platee ningún dilema moral. Supongo que por mi edad no procedía.

Pasaron los años y mientras trabajaba de camarero en un restaurante, una clienta -asidua de los jueves noche- me recomendó un libro titulado “Rebelión en la Granja” del escritor George Orwell, me insistió en su lectura y le hice caso.

Cuál fue mi sorpresa que leyendo el libro me di cuenta de que aquella película que tan buen recuerdo me dejó estaba basada en la Granja de Orwell.

Ya con 19 años y en pleno 2011, no me fascinaba que los animales hablaran. Me impacto el mensaje que daba, la descripción tan real que del poder despótico dejaba.

Ya podía entender de que iba la película, de por qué los animales escuchaban atentos, aplaudían y obedecían a los cerdos, de por qué ese vigoroso caballo trabajaba sin descanso para construir un molino.

Los cerdos eran los animales más listos y se aprovechaban de unos animales deseosos de que su situación cambiara. Los cerdos jugaron con su ilusión y se convirtieron en todo aquello que criticaron cuando vivían en la mugre junto a los demás animales. El poder les corrompió. Promulgaron leyes que acotejaban a su antojo o que simplemente no cumplían. Fueron tiranos. Se aprovecharon de la mano de obra de los demás para ellos vivir a cuerpo de Rey. Dijeron que “todos los animales son iguales” y más tarde añadieron que “algunos son más iguales que otros”. Obviamente refiriéndose a ellos mismos.

Todo esto viene a colación porque hace unos días vi la salida de la casa nacional del PLD de los miembros de su Comité Político. Todos en vehículos de altísima gama y la imagen que se me vino a la mente fue la de los cerdos de Rebelión en la Granja. Los cerdos no tenían nada, convencieron a los demás animales, llegaron al poder y se olvidaron de sus compañeros de granja y del motivo que llevo a la rebelión. Los miembros del Comité Político del PLD no tenían nada, convencieron a los demás dominicanos, llegaron al poder y se olvidaron del pueblo y de los motivos que lo llevaron al poder. Se olvidaron de aplicarse su discurso.

Todos los dominicanos somos iguales, pero los del Comité Político son más iguales que los demás. Ellos y sus familiares tienen más oportunidades, mejor educación, mejor sanidad, conocen mundo y todo acosta de la mano de obra de los demás “animales”.

¿Cómo pueden tener la desfachatez de lucir esas riquezas ante un pueblo que clama por un progreso social inclusivo?, ¿cómo podían los cerdos vivir en el confort mientras los animales pasaban hambre en la granja?, ¿por qué el animoso caballo no uso su fuerza para deponer a los cerdos? y ¿por qué el vigoroso pueblo no toma conciencia de su situación y acaba con la posición ventajista de los dirigentes que nos gobiernan?

Son muchos los síntomas que nos muestran que nuestros políticos se han convertido ya en los cerdos de la granja, ¿les dejaremos que maten al caballo?, es decir, les permitiremos que se sigan provechando de la fuerza, la ilusión y la vitalidad de la juventud dominicana.

¡Los cerdos deben ser depuestos y volver a la granja!

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