Los DDP, una banda criminal.

Los DDP, una banda criminal.

Amín-Arias-Garabito-150x150Amín Arias Garabito
Político dominicano residente en Europa
@AminArias 

Por fin la justicia ha hablado y lo ha hecho de manera contundente al ilegalizar mediante una Sentencia de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo español a la banda latina Dominican Don’t Play.

Los conocidos como DDP son, según los informes policiales, la banda criminal latina más peligrosa de todas las que existen en el territorio español, superando en brutalidad (por sus métodos, las armas que usan para la comisión de sus delitos y la presión que ejerce sobre sus iniciados) a los mundialmente famosos Latin King y Ñetas, organizaciones que han sido igualmente declaradas al margen de la ley en anteriores sentencias.

La banda tiene una organización jerárquica muy férrea y se ha instalado en Madrid desde al rededor de 2004, organizada por jóvenes dominicanos de los cuales un gran porcentaje ha nacido en España. Acepta a colombianos y muy excepcionalmente a ecuatorianos, pero también incorpora a españoles autóctonos, sobre todo a chicas, las que muchas de las veces son las novias de los iniciados, por lo que ellas también se unen al mundillo pandillero.

Pero ¿cuál es el alcance de todo esto? ¿Cómo hemos llegado los dominicanos a parir un monstruo de semejante envergadura? ¿De quien es la responsabilidad de que nuestro chicos y chicas tengan que recurrir a organizaciones delictivas para sentirse de alguna manera pertenecientes a un grupo? ¿A quién le echamos la canana ahora?

Pues seguramente muchos dirán que la culpa es de los padres por abandonar sus responsabilidades en la crianza de los hijos, por estar más pendientes del trabajo que de su casa; por esto; por aquello. Es probable que así sea. Otros, por su parte, argumentarán que eso es culpa de EEUU y las modas importadas del extranjero (en Latinoamérica tenemos la costumbre de echarle la culpa de todo a los yanquis, aunque no resulta baladí el hecho de que la banda surgiera en New York en los años 90), de lo que ven en la tele o de lo que copian si viven fuera de la isla. Bueno, en este caso manifiesto mis dudas, pero hay elementos que pueden llevarnos a pensar que es así. Otros dirán que es el Dembow y la «Juca» (Hookah) que los ha vuelto locos. Otros dirán, y dirán, y dirán… Y así nos pasáremos el día enumerando posibles razones por las cuales muchos jóvenes abandonan el camino que se supone es el que deberían seguir para abrazar un «Capítulo» de una banda que solo trae dolor, sufrimiento y muerte.

No obstante, son muy pocos los que se atreverán a señalar más arriba, a apuntar a los grandes, a mirar hacia el lugar desde donde se supone deben venir las políticas sociales, la educación; allá donde están las entrañas mismas del Estado, tanto en República Dominicana como en los países de acogida donde han tenido cabida estas organizaciones delictivas.

En el caso caribeño, un país como la República Dominicana que no ofrece oportunidades reales a sus ciudadanos los condena al ostracismo, a la desesperanza. Un país donde la tasa de desempleo juvenil se sitúa en el 31.2%, más del doble de la media de la región del Caribe que se ubica en el 14.6%, según los datos de la OIT (2013), y donde la pobreza alcanza al 42.2% de la población según los datos de la CEPAL (2012), ocupando el sexto lugar de los países de América Latina (21 países independientes + Puerto Rico, Guyana Francesa y el resto de posesiones francesas de ultramar en la cuenca del Caribe) con una tasa de pobreza extrema que supera el 11% según datos oficiales de la Encuesta Nacional de Fuerza del Trabajo, del propio gobierno dominicano, no es un país que vaya caminando bien.

Una nación que expulsa forzosamente a sus nacionales a buscarse la vida en otras latitudes no es un país que marche bien. Y todo esto a pesar de q los datos macroeconómicos reportan desde hace años un crecimiento espectacular de la República Dominicana, pero con una pésima redistribución de la riqueza; una riqueza que no llega a los más necesitados, y los datos no nos dejan mentir.

El dinero del país se pierde entre los folders de los despachos de los funcionarios públicos. La corrupción está instalada en todos los ámbitos de la vida pública. Es el cáncer de la Nación que tiene sobreviviendo con lo que se puede a los que se quedan y ha exiliado a más de dos millones que no han encontrado oportunidades en su tierra. Y ese es el ejemplo que le damos a nuestros hijos y hermanos, el de que cada uno puede hacer lo que le de la gana sin que ello comporte sanción alguna.

Por otra parte, a alimentar el monstruo ha contribuido enormemente el fracaso de las políticas de integración que se han aplicado en muchas de las Comunidades Autónomas de España. Los textos son impecables en muchos de los casos, pero en la práctica las acciones apuntadas en esos planes de integración no han servido para mucho. De la teórica «Interculturalidad» que profesan, que es modelo a seguir, comprobamos que el discurso real es otro, que al parecer lo esperado por la generalidad de la sociedad es que se haga efectiva la asimilación por parte de los que llegan, obviando muchas veces la necesidad de esa «bidireccionalidad» que debe acompañar a todo proceso de integración social.

En Madrid, por ejemplo, donde existe el mayor núcleo de esta banda, ha sido muy difícil integrarles. No se ha contado con el entorno cultural del que vienen con sus propias manifestaciones, y si a esto sumamos que en los últimos años los recortes presupuestarios han afectado sensiblemente el desarrollo de los programas de integración con la consecuencia de que paulatinamente hayan desaparecido lugares comunes que servían para ese proceso de integración de una forma muy natural, en los que los nuevos ciudadanos compartían con los autóctonos, pues tenemos ya las respuestas.

Los jóvenes inmigrantes que se incorporan a las bandas latinas tienen una serie de problemáticas a sus espaldas que los hacen extremadamente vulnerables. No hemos sabido motivarles lo suficiente con la práctica del deporte, la cultura y otras manifestaciones. Hemos fallado nosotros mismos: en los países de origen y en los de acogida.

Sin embargo, eso no justifica la comisión de delitos. Por lo que un tribunal les ha dicho que o se atienen a las regla del juego democrático y respetan, por sobre todas las cosas, la vida humana y la dignidad de las personas, o serán perseguidos y severamente castigados con todo el peso de la ley. Que el Estado les ofrece la oportunidad de reinsertarse, que la aprovechen, porque esta sociedad en la que vivimos y compartimos todos y todas y que nos ha acogido con los brazos abiertos (a pesar de algunos discursos racistas y xenófobos que se escuchan a diario) no va a permitir que tres o cuatro individuos perturben la paz ni que por ellos se piense que todos los dominicanos somos iguales.

Los dominicanos somos gente trabajadora y honrada. Las madres de esos chicos se han partido el lomo labrando un futuro mejor para ellos mismos, pero algo ha fallado y les ha llevado a ser una verdadera «generación perdida». Chicos que no son ni de aquí ni de allá y que no han aprendido otra cosa que la violencia para poder sobrevivir en un mundo que a ellos les parece muy cruel.

Pero lo cierto es que la responsabilidad no es de alguien en concreto, es de todos por igual, que no hemos sabido dar respuesta a las necesidades de un colectivo que crece y se multiplica ante nuestros ojos sin que nos demos cuenta de sus necesidades ni de lo que les importa.

Facebook Comments