Los eternos alegatos del fraude electoral

Osiris de León

R. Osiris de León

Desde los años 60 siempre hemos escuchado al partido político que resulta perdedor de las elecciones decir que le hicieron un fraude colosal para robarle las elecciones a nivel presidencial, y por ello los opositores a Joaquín Balaguer siempre se daban el lujo de decir públicamente que Balaguer nunca había ganado unas elecciones limpiamente, porque supuestamente en cada una de las seis veces que fue declarado ganador por la Junta Central Electoral había propiciado un fraude colosal como nunca antes se había visto en la historia nacional, al extremo de que en el año 1994 le crearon una crisis post electoral de tan grandes dimensiones que lograron recortarle dos años al nuevo mandato de Balaguer y acordar nuevas elecciones para el año 1996, con tan mala suerte política que el partido opositor que objetaba ese triunfo de Balaguer tampoco pudo ganar las elecciones en el año 1996 por no reunir suficientes votos, quedando evidenciado que no era un problema de fraude hecho por Balaguer, sino un problema de falta suficiente de votos de la oposición para ganar cada elección, pero la eterna excusa era alegar que le habían robado las elecciones con un fraude colosal.

Para el presente proceso electoral todas las encuestas de prestigio como la Gallup, la Greenberg, la Mark Penn y la CID Latinoamérica presentaron los resultados de sus muestreos en los cuales el presidente de la República, Danilo Medina, salía con más de un 60% de intención del voto, pero la oposición, en voz de sus principales dirigentes, voceros y candidatos, se negaba a aceptar esos resultados sobre el absurdo argumento de que esos resultados estaban comprados por el palacio nacional, que sus encuestas les decían que aquí habría un seguro escenario de segunda vuelta, y que el presidente Medida se llevaría una gran sorpresa el día de las elecciones.

Pero llegó el esperado día de las votaciones y la gente acudió a votar tranquilamente desde tempranas horas de la madrugada, y ya para las 5 de la tarde la empresa CID Latinoamérica publicaba el resultado de sus muestreos a la salida de las urnas, con una muestra de 35,000 votantes a nivel nacional, donde conforme a sus cálculos el presidente Medina obtendría un 64% de la votación, el partido de oposición obtendría un 34% de los votos, y los partidos minoritarios obtendrían un 2% de la votación, resultados más o menos concordante con los muestreos a la salida de las urnas hechos por Participación Ciudadana, y más o menos concordante con los resultados del centro de cómputos de la Junta Central Electoral que indican que Danilo Medina obtuvo un 62% de la votación, que el PRM obtuvo un 35% de los votos y que los 6 partidos minoritarios apenas alcanzaron un 3% entre todos, aunque uno de ellos obtuvo casi un 2% y los otros cinco apenas sumaron un 1% entre todos.

No obstante que la diferencia en la votación presidencial ha sido superior al millón de votos, tal y como lo pronosticaban las encuestas de prestigio que siempre fueron descalificadas por la oposición, ahora quienes perdieron se niegan a aceptar los resultados bajo el viejísimo alegato de que les hicieron un fraude colosal, y usted nota que en el nivel municipal el alegato del fraude sólo se presenta donde la oposición perdió ampliamente, pero donde la oposición ganó claramente no se alega fraude, es decir, que en el municipio donde la oposición ganó, las elecciones fueron limpias, pero en el municipio donde la oposición perdió, las elecciones fueron fraudulentas, al extremo que cinco de los partidos minoritarios con microvotaciones presidenciales nacionales inferiores a las votaciones provinciales de senadores y diputados, e inferiores a las votaciones de alcaldes municipales, ahora exigen un nuevo conteo manual de todos los votos, y hasta exigen un nuevo proceso electoral que sería necesario repetir y repetir hasta que algún día ellos logren ganar.

Si el liderazgo político opositor quiere tener un exitoso desempeño en los procesos electorales del mañana, debe revisar y modificar las pésimas estrategias usadas en esta campaña, ya que esta vez lucieron carentes de propuestas, desviados de los ejes temáticos nacionales, atacaron las cosas buenas del gobierno pero no enfocaron los males, presentaron voceros que no convencieron, prometieron duplicar dádivas en lugar de duplicar la producción de bienes y servicios, y en su improductivo afán de atacar al candidato del gobierno no se dieron cuenta que gastaban más dinero de la cuenta en promover a Danilo, pues cuando la publicidad de un partido sólo menciona a su rival, y no menciona planes y programas que les sirvan de aval, termina importantizando y ayudando al rival.

En la búsqueda del poder, el liderazgo político debe aprender a perder, y quien no sepa perder no debe aspirar al poder, pues cada cuatro años escuchamos al partido perdedor argumentar que le robaron la oportunidad de ganar mediante un fraude colosal, y por eso cuando Balaguer perdió las elecciones de 1978 le dio tremendo boche público a los reformistas que quisieron alegar que contra ellos hubo un fraude colosal, cuando les dijo: “No lloren como mujeres lo que no supieron defender como hombres”.

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