¿Quién revive esos muertos?

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TONY PÉREZ

Como en Semana Santa, han comenzado con una vergonzosa contadera de muertos y heridos a causa de la agitación poselectoral. Hablan de seis, siete, ocho, nueve… Todos restados a la trinchera de los pendejos. Ni un hijo de un ricachón agitador, ni un dirigente político virulento. Esos, no solo seguirán viviendo, sino que lo harán en el bienestar, protegidos por cualquier gobierno.

Mandar a una confrontación fratricida a los faltos de instrucción e impedidos de analizar la realidad es un doble crimen. Primero, porque abusan de su ignorancia y, segundo, porque les dan el “pasaje de ida” al cementerio a sabiendas de que conforme pase el tiempo nadie reclamará por ellos. No tienen voz. ¡Qué van a tenerla si deben dedicar cada segundo de sus vidas azarosas a administrar su hambre!

Hablan de seis, siete, ocho, nueve… Todos restados a la trinchera de los pendejos. Ni un hijo de un ricachón agitador, ni un dirigente político virulento. Esos, no solo seguirán viviendo, sino que lo harán en el bienestar, protegidos por cualquier gobierno.

Se puede entender que el candidato del Partido Revolucionario Moderno (PRM), el empresario universitario, turístico y cementero Rafael Abinader, hable duro, dramatice, para justificar la derrota (más o menos 35% frente al 62% de Danilo Medina) escondiendo las verdaderas causas. Se comprenden los discursos altisonantes de otros opositores, pues hay que tapar el porqué del casi nulo respaldo popular. Nada nuevo entraña esa estrategia. Para sobrevivir en el matadero se necesita contar una historia de suspenso que radicalice pasiones creadas con bulla y bulto.

Lo imperdonable es que desconozcan los límites fatales de ese afán y pongan en juego las vidas de personas pobres emborrachadas de pasión y alcohol. Imposibilitadas para pensar. Víctimas.

El 2020 está muy lejos como para alocarse, y menos de esa manera. El porcentaje registrado por el PRM parece más hijo de una coyuntura muy especial que de la fidelización, y podría esfumarse con la misma velocidad con que llegó si sus dirigentes se ponen anteojeras y se obnubilan. La construcción de un liderazgo requiere mesura y visión (Peña Gómez, Balaguer, Bosch). El discurso y las acciones de Abinader pintan oscuro tras las votaciones del 15 de mayo, aunque vislumbre ya una pugna interna para desplazarle. El método no luce correcto.

Agitar la coctelera de los perredeístas que se fueron en masa de su casa original para votar por él solo sumará sangre y mucha tensión a la sociedad dominicana. Carece de derecho para ello. Igual los demás opositores y algunos oficialistas presas del “galloloquismo”.

Evaluar y criticarse le sería más productivo, como más productivo le caería al gubernamental Partido de la Liberación Dominicana (PLD) no dormirse en los laureles de la victoria apabullante del presidente Danilo Medina para poder identificar las falencias que lo llevaron a la derrota o a victorias pírricas en candidaturas congresuales y municipales.

Quienes hoy se matan en las calles inducidos por discursos calenturientos mediatizados no saben lo que hacen. Ni siquiera tienen la posibilidad de pensar en la orfandad de sus proles. Sus acciones emotivas fruto de su ignorancia, no los dejan; se creen héroes. Por eso les prometen panaceas, y las creen ciegamente. Los dueños del saber los usan como carne de cañón y luego, cuando han logrado propósitos económicos, los tiran como papel de baño. Nada valen para ellos, en realidad. Solo son su objeto, su cosa.

Defendamos “con uña y diente” a quienes el poder ha arrancado el derecho a pensar: los don nadie. Que nadie les arrebate sus vidas.

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