República Dominicana protege a las ballenas jorobadas

La actividad de avistaje de ballenas genera entre 100 y 130 mil dólares anuales para el país.

SAMANÁ, República Dominicana – Para las ballenas jorobadas, las aguas cálidas de la costa norte de la República Dominicana son como un enorme bar para solteros.

Cada año, miles de ballenas llegan a la zona desde el Atlántico Norte para aparearse. Es una de las áreas más importantes para estos mamíferos gigantes, que pueden llegar a pesar hasta 36.000 kg.

Las hembras regresan un año más tarde para dar a luz. Las crías luego viajan miles de kilómetros de regreso a los sitios donde obtendrán su alimento, desde las costas de Massachusetts hasta las heladas aguas del norte de Europa.

Gracias en gran parte a los esfuerzos de países como la República Dominicana para proteger a las ballenas y a su hábitat, la cantidad de ballenas jorobadas ha aumentado de manera significativa.

Si bien se cree que están prácticamente extintas a causa de la caza comercial, en la actualidad estas ballenas aparecen en afiches infantiles donde se explica cómo los esfuerzos conservacionistas pueden contribuir a salvar a esta población amenazada.

“La República Dominicana ha estado en la primera línea en los esfuerzos por proteger a las ballenas jorobadas. Nos percatamos muy temprano del valor de proteger a las ballenas”, dijo Idelisa Bonnelly de Calventi, bióloga marina y fundadora de la Fundación Dominicana de Estudios Marítimos.

Las ballenas vienen aquí desde hace cientos de años. Aparecen en pinturas en las cavernas cercanas al Parque Nacional Los Haitises, creado por los indios taínos que vivían en la región antes de la colonización española.

Pero no fue sino hasta que Bonnelly y otros investigadores comenzaron a luchar por la protección de las ballenas que el gobierno dominicano comenzó a actuar.

En 1986, el gobierno estableció un santuario de mamíferos marinos en el norte del país. Desde entonces las fronteras del santuario se extendieron dos veces, y en la actualidad incluyen las áreas conocidas como Banco de la Plata, Banco de la Navidad y Bahía de Samaná, sitio privilegiado para el avistaje de ballenas.

En la actualidad, aquellos esfuerzos conservacionistas están siendo compensados. No solo se ayudó al crecimiento de la población de las ballenas jorobadas, sino que también se creó una significativa actividad dedicada al avistaje de ballenas que beneficia a la población local.

En la imagen se observa una cría de ballena jorobada, de aproximadamente seis semanas. La cría posiblemente nació en el santuario de mamíferos marinos de la República Dominicana, una importante área protegida donde las ballenas jorobadas se aparean y dan a luz a sus crías. (Ezra Fieser para Infosurhoy.com)
“Se ha establecido una presencia muy sólida de reconocimiento internacional”, destacó Patricia Lamelas, presidenta del Centro para la Conservación y Ecodesarrollo de la Bahía de Samaná y su Entorno (CEBSE).

Recientemente en un día calmo, los pasajeros de un crucero fueron trasladados en pequeñas embarcaciones y distribuidos por toda la Bahía de Samaná en busca de ballenas. Un pequeño grupo logró divisar una madre con su pequeña cría.

Respetando las reglas fijadas por el gobierno dominicano, solamente tres botes pudieron seguir a las ballenas, manteniendo cierta distancia.

Cuando la cría se acercó al bote, los turistas estallaron en aplausos.

“Fue fantástico” relató un turista alemán. “Eran muy amigables”

Además del pago a la empresa de avistaje de ballenas, cada visitante debe pagar una tasa al gobierno.La tarifa, que es reinvertida en actividades de conservación, totaliza entre 4 y 5 millones de pesos dominicanos (entre 100 y 130 mil dólares aproximadamente) anuales.

Desde 1993, miles de turistas de todo el mundo llegan al país durante la temporada de avistaje de ballenas, que va desde mediados de enero hasta fines de marzo.

Los turistas además reciben información sobre la importancia de proteger la vida marítima.

“Se puede ver cómo cambian durante la visita. Toman conciencia de lo frágiles que son las ballenas”, explicó Leida J. Buglass, bióloga marina que supervisa un proyecto del CEBSE para monitorear la población de ballenas. “Regresan a casa como embajadores de las ballenas”.

Esto es importante porque a pesar del crecimiento en la población de ballenas, estos animales aún deben enfrentar numerosas amenazas, entre ellas los efectos del cambio climático, los choques contra los botes y los enredos que se producen con los aparejos de pesca.

Si bien la caza de ballenas está prohibida desde la década de 1980, la Comisión Ballenera Internacional permite a grupos aborígenes de Groenlandia y la nación caribeña de St. Vincent cazar una cantidad limitada de ballenas para fines de subsistencia.

“Es bueno recordar que las ballenas aún están amenazadas”, remarcó Buglass. “Y es por eso que necesitamos continuar con nuestro trabajo de protección”.

Por Ezra Fieser para Infosurhoy.com

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