Riesgos de un 14 de junio de 1789

Por RAFAEL A. ESCOTTO

“Cuando la mayoría de una nación quiere permanecer libre, ¿Puede emplearse una fuerza capaz de impedir que no lo sea? – Conde de Mirabeau.

 

Los que gobiernan, al parecer, desconocen lo que ocurrió en Francia el 14 de julio de 1789 porque la actividad que se advierte en los funcionarios del régimen es que ellos tienen todo en sus manos y que le da un bledo lo que digan los periodistas, los medios radiales, escritos y televisados.

El 14 de julio, cuando Mirabeau dirigió el movimiento que tomó La Bastilla, el principal fortín del régimen de Luis XVI, nadie pensó en ese momento que se estaba escribiendo uno de los acontecimientos más sobresaliente que registra la historia de la Humanidad. En la República Dominicana la prepotencia y el despotismo de los que gobiernan piensan que el pueblo seguirá soportando los atropellos de este grupo de malhechores; yo estoy seguro que muchos de ellos no cabrán en el avión cuando se produzca la estampida.

Podría aquí ocurrir lo mismo que pasó aquel 14 de julio en Francia. Se recuerda que Luis XVI y María Antonieta murieron de la misma forma que ellos llevaron al patíbul guillotinados; la misma arma que ellos utilizaron contra cientos de franceses. Esta gente ha ultrajado de manera inmisericorde a este pueblo digno de mejor suerte. Nadie pensaba ni remotamente que los discípulos de Juan Bosch actuarían contrario a la prédica del distinguido escritor, Bosch y Gaviño.

Estamos en presencia de un gobierno absolutista como en la Francia de 1789, caracterizado por el despilfarro, una forma de vida lasciva de corrupción, lo que ha disminuido en la nación los fondos del Erario Público hasta el grado que el país parece una bóveda de algún banco arrasada por los vampiros del peledeismo gobernante; el gobierno de Danilo como el de Leonel comienza a distinguirse por los privilegios de sus funcionarios y miembros del partido, el de la Liberación Dominicana. Mientras los funcionarios y cortesanos del régimen viven en la opulencia más grosera, el pueblo desenvuelve su vida dentro de un ambiente de miseria y de precariedades que raya en lo intolerable.

La injusticia social ya no es un elemento invisible en la sociedad dominicana; dejo de serlo desde el Leonel comenzó a gobernar la nación; tampoco lo es la arbitrariedad y la altanería de los funcionarios del Gobierno y sus allegados, quienes descansan su riqueza en la economía del país. Y lo peor del hecho es que Danilo en vez de corregir este comportamiento lo esta acentuando de forma evidente y descarada. Se ha rodeado de las mimas personas corruptas de su antecesor, Leonel, inclusive la presencia de Margarita, una figura camastrona, produce irritación en el pueblo.

Danilo, en vez de retirarle los privilegios a estos individuos, quienes durante doce años han llevado una vida fácil y libre de preocupaciones a costa de los recursos del Estado y de los aportes impositivos de los hombres y mujeres de trabajo de este país de idiotas, lo que hace es angustiar a los ciudadanos con acciones fiscalizadoras monstruosas y aberrantes, como es imponerle al pueblo sin ningún arrepentimiento un paquetazo fiscal que se ha convertido en una especie de espada de Damocles con el que han puesto a los habitantes de esta nación a pisar sobre brasas.

Uno se pregunta ante esta medida tan inconsecuente y dolorosa para el país, ¿le ha importado un comino a Danilo como a Leonel, lo grave que es para los trabajadores y las amas de casas de hogares pobres el alcance de esta medida impositiva? Pues mire, no le importa un pito a este grupito de forajidos porque ellos representan, al parecer, una clase privilegiada de mujeres y hombres intocables, ni siquiera podrían ser tocados por una justicia terrenal ni celestial, porque hasta estas dos figuras han sido compradas con dinero del pueblo.

Los peledeistas podrían estar pensando de esa manera, pero el pueblo posiblemente tenga en carpeta otro proyecto, como aquella determinación que enardeció las pasiones del pueblo francés el 14 de julio de 1789, terminando con la prisión de La Bastilla, quienes como los peledeistas, representaba todas las iniquidades, atropellos e injusticias del absolutismo. Este pueblo podría en cualquier momento abandonar su cobardía y exigir las cabezas de sus verdugos peledeistas, como pasó en parís con el gobernador de La Bastilla.

Mal quisiera yo convertirme en un Camilo Demoulins o en un Duque de Orleans, poniéndome al frente de este pueblo, al que le llamamos algunas veces pendejo, en las calles de la República; pero no cabe duda de que el pueblo dominicano empujado por la indolencia estaría en este instante en condiciones de demostrar su decisión de levantarse contra la miseria y el abuso del gobierno peledeistas igual a lo que hicieron los franceses en las calles de Paris, y configurar un manifiesto reclamand Unidad y vuelta a los principios éticos, Justicia social, solidaridad, democracia, libre de despotismo o sucumbiremos todos.

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