Turismo en República Dominicana: Locomotora de progreso

 guia-mamiverse-de-la-republica-dominicana-mainphoto
EDUARDO SANZ LOVATÓN

La República Dominicana se ha transformado en los últimos 25 años. Esas transformaciones no son siempre positivas. Las deudas de nuestras clases dominantes con la institucionalidad, con la seguridad, con la educación, con la salud y en fin con nuestra calidad de vida son abismales. Sin embargo, subyace un progreso ineludible, un optimismo que tiene que ver con una combinación: Por un lado el pincel divino que nos pintó en una hermosa isla y por el otro una pujante clase empresarial que ha sabido refugiarse y avanzar.

Un gran motor de buenas energías es el turismo para la República Dominicana.

Ese motor genera riquezas que a su vez se convierten en instituciones académicas, filantrópicas, culturales, que poco a poco van sembrando la República Dominicana del mañana. Ya con andar por Bávaro-Punta Cana o la Romana o las Terrenas o Jarabacoa o Constanza o Puerto Plata o San José de Ocoa se ven muestras de un país que poco tiene que ver con lo que se ve en Gualey o Cienfuegos.

En esos lugares se ve un país con mejores índices de empleados, de seguridad y con mayores niveles educativos.

Es común ver como la gente emigra a esos lugares desde nuestro mismo país o desde otras latitudes. En esos lugares el turismo ya es inversiones millonarias en segundas viviendas que emplean ingenieros dominicanos, arquitectos dominicanos, decoradores dominicanos, abogados dominicanos, asesores financieros dominicanos y muchas otras disciplinas que participan del turismo de inversión, no ya sólo del turismo de diversión.

Nuestro turismo crece primero a espaldas y casi a pesar de nuestras leyes e instituciones. Luego diferentes gobiernos, promovieron iniciativas legislativas que beneficiarían el sector.

La legislación turística en nuestro país inicia con la Ley Orgánica de Turismo No. 541 de fecha 31 de diciembre de 1969 y Ley No. 84 de 26 de diciembre de 1979, que modifica la primera; esta ley resulta complementada con la promulgación en 1984 de los Reglamentos No. 2122, 2115 y 2116 relativos a las agencias de viajes, los establecimientos hoteleros y los restaurantes, respectivamente. Años más tarde se promulga la Ley 158-01 de Fomento al Desarrollo Turístico y sus modificaciones en especial la Ley 195- 13, que contemplan importantes exenciones impositivas para los proyectos turísticos y hoteleros que se desarrollen en todo el territorio nacional y que incluyen exenciones del impuesto sobre la renta, impuesto de transferencia de propiedad, entre otros beneficios.

Hoy cifras tan llenas de esperanza como son los más de cinco millones de turistas que visitaron nuestro país el pasado año. Debemos entender que turismo es Agricultura, turismo es Deportes, turismo es Educación, turismo es Seguridad, turismo es Tecnología. Cada una de esas áreas se ve influenciada por la necesidad de adecuar nuestras infraestructuras, nuestra población, nuestros museos, nuestros espacios para dar servicio a esta industria.

Sería lógico entonces, que el turismo esté al frente de nuestra agenda legislativa y de nuestra agenda fiscal.

Esto sería lo estratégico. No es el caso, por la miopía de muchos políticos.

Para muestra un botón. Además del cobro de la tarjeta de turista y de los impuestos que por diferentes conceptos se aplican a los boletos aéreos y otros impuestos indirectos como las tasas aeroportuarias nuestros turistas pagan por alojamiento en los hoteles del país un 18% por ITBIS, mientras que los hoteles de otros países en nuestra región tienen tasas diferencias mucho más bajas por la importancia que le dan a esta “Industria sin chimenea”. Si nos enfocamos en los países de Europa, vemos que en Francia el impuesto que se aplica a los bienes y servicios es de un 20%, sin embargo, el alojamiento tiene una tasa reducida de un 5.5%.

En España el impuesto estándar es de 21%, para el alojamiento se aplica un impuesto reducido de un 10%.

Estos datos reflejan que el sector turístico nacional compite con sus homólogos en otros países en posición de dificultad. Corregir ese despropósito debería ser uno los elementos a tomar en cuenta por nuestras nuevas autoridades y por los negociadores del llamado Pacto Fiscal.

Facebook Comments