Un oro que nunca se acaba

Manuel Quiterio Cedeño

 

Por primera vez el turismo se ha convertido en un tema importante para los políticos que aspiran a la Presidencia de la República. El programa presentado por Danilo Medina, abanderado del PLD, considera que este sector es la “locomotora” del desarrollo; y el de Hipólito Mejía, del PRD, presentado en marzo, dice que en su gobierno se convertirá en “motor del desarrollo”, motivo por el cual tendrá “carácter de prioridad nacional”. La propuesta de Medina es “ambiciosa”, para tomar la palabra utilizada por Enrique de Marchena en una charla en la Universidad Central del Este esta semana, porque aunque un posible gobierno suyo sólo cubriría cuatro años, ha propuesto que la meta del país sea traer 10 millones de turistas en 10 años.

El planeamiento de Mejía es más modesto aunque promete que el turismo será, junto con la agropecuaria y la minería, uno de los tres pilares para obtener los recursos para financiar el desarrollo sostenible; y también apuesta a un alto crecimiento porque aspira a un incremento promedio anual de las llegadas del 10% en su período.

De Marchena en su intervención dice que 10 millones en 10 años es un objetivo factible y deseable, pero que para alcanzar este alto crecimiento se requiere la voluntad política del Presidente de la República como director de la orquesta y tener un plan y un modelo. Parece una afirmación simple, pero no lo es. Hasta ahora el turismo ha crecido como las flores silvestres porque nunca hemos tenido un plan que guíe y dé coherencia a la acción del Gobierno, y que armonice la colaboración y la inversión privada.

Estamos hablando de una alta tasa de crecimiento y esto no se logrará si el futuro Gobierno mantiene el comportamiento actual, en que el Ministerio de Turismo se parece al “Llanero Solitario”,  pero sin tener siquiera la compañía del fiel “Toro”, presente en sus aventuras en los muñequitos del viejo oeste.

Comparto la visión del señor De Marchena de que una década de alto crecimiento del turismo traerá al país un período de desarrollo económico sin precedentes, porque se dinamizaría el sector agropecuario, la construcción, la industria, la agroindustria y la industria cultural, y se crearían más de 800 empleos en turismo y actividades relacionadas.

La demanda de alimentos agropecuarios para el turismo será casi igual al valor total de la producción del año 2010; y la inversión en construcción sería cinco veces mayor al total invertido por el sector privado en el período 2000-2010, para citar sólo dos ejemplos.

La pregunta es si haremos el cambio de rumbo para  lograrlo. El oro de las montañas también es una opción, pero se va; en cambio sol, mar y naturaleza podemos tenerlos siempre.

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