Un padre multimillonario

Jose NovasPor JOSE C. NOVAS

Hace algunos años publiqué una nota parecida. Conforme pasa el tiempo la vida se va transformando, la sociedad ve restringida su felicidad.
Hoy es pertinente repetir consideraciones sobre la riqueza espiritual que no cuesta dinero adquirirla. Nunca tuve intención de hacer público el monto de mi fortuna, pensé inapropiado exponer que se vive en la abundancia. La inseguridad en estos tiempos lleva a temores y nadie quiere ser despojado de lo que con esfuerzo acumula.

De niño tuve ilusiones. Me fijéla meta de una profesión y creí que ello abriría puertas hacia logros materiales. En ese sentido me equivoqué, aprendí que la riqueza era otra cosa. Quería muchos hijos y cuando forme mi hogar, me di cuanta que debía limitarme a unos pocos.
Dios me premió con tres, que hoy son orgullo para mí porque tienen la mejor de las virtudes: saben escuchar. Cada día elevo oraciones a la Divina Providencia por el regalo, que constituye mi gran riqueza.

Vivo en un ambiente de amor sin condiciones; mi entorno es pleno en tolerancia y sobra la comprensión; ese balance supera cualquier reserva bancaria, ninguna suma tangible en bienes económicos le sobrepasa a mi paz espiritual. Mi cifra no tiene límites, continúa en aumento conforme pasan los días, la dicha rebosa y se derrama, no es posible despojarme del cariño que recibo, ni me robaran los afectos espontáneos que me dan.
Que hermoso es vivir así, debo confesar que soy un padre multimillonario.

Mi vida renace cada vez que salgo al encuentro con la experiencia acumulada. Primero hijos, ahora nietos, unos y otros controlan mi vida y yo disfruto a plenitud esa manipulación.
Tengo una mina que me hace sentir como un Rey en el imperio de lo inmaterial. Soy el ser más rico del mundo, mi nombre no aparece en ningún listado de cosas banales, pero el deleite no termina; mis bienes no se miden en monedas de curso legal, mi fortuna está depositada en el banco del alma

Facebook Comments