Una cruzada contra el Embajador (1)

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Amin Arias Garabito

Político dominicano residente en Madrid

 

 

En las ultimas semanas hemos asistido a una esperpéntica campaña de descrédito dirigida contra la designación del nuevo embajador de los Estados Unidos en la República Dominicana, James ´Wally´ Brewster, alentada por grupos religiosos dominicanos por la conocida orientación sexual del diplomático.

El activista por los derechos LGBT estadounidense llega al país caribeño con las mejores credenciales, una larga hoja de servicios en el sector privado y correspondiendo al nombramiento expreso del Presidente Barack Obama, quien agradece de esa manera la importantísima contribución de Brewter a su campaña electoral.

Tanto la Iglesia católica, encabezada por el Cardenal López Rodríguez, como un importante número de congregaciones de iglesias evangélicas del país han puesto literalmente el grito en el cielo por el nombramiento del diplomático.

Una de las reacciones más aireadas fue la del Obispo Auxiliar de Santo Domingo Monseñor Pablo Cedano, quien acusó a los EEUU de “falta de delicadeza y de respeto” a la República Dominicana por nombrar como su representante a un señor que está en unas condiciones alejadas de la “realidad cultural” del país, y llegando a amenazarle diciendo que “sufrirá y tendrá que irse”.

Estas muestras de intolerancia y troglodismo a raudales son bien conocidas por los dominicanos y las dominicanas, que hemos tenido que padecer a lo largo de la historia la presión inmensa que ha ejercido la Iglesia católica sobre los distintos gobiernos dominicanos, los que no han podido librarse de ella en ningún momento a pesar de que la República Dominicana es un Estado aconfesional.

No es de extrañar, y atendiendo a estos antecedentes, que el gobierno y los legisladores, en una gran parte, no se hayan pronunciado al respecto del caso que afecta al embajador estadounidense; y que la oposición no haya fijado a estas alturas una postura clara sobre el tema, asumiendo, como se supone debe de hacer, un discurso progresista.

Sin embargo, el mensaje del Gobierno  nos llega a través del Consultor Jurídico del Poder Ejecutivo Cesar Pina Toribio, quien ha sido muy claro al asegurar que la opción sexual de un individuo no establece ningún tipo de limitación a la hora de desarrollar cualquier actividad y que la República Dominicana no estaría haciendo lo correcto si rechaza la designación de un embajador de otra nación soberana sólo por el hecho de ser homosexual.

Lo mismo hemos escuchado de boca de renombradas personalidades del país que han entendido que es momento de poner fin a la marginación de miles de dominicanos que no pueden ejercer su libertad y vivir con dignidad por los dogmas religiosos que imperan en el país, y han alzado su voz, de distintas maneras y en diferentes espacios, para mostrar su apoyo a la comunidad LGBT dominicana y enfrentarse a la discriminación institucionalizada que hace que muchos ciudadanos y ciudadanas no puedan acceder a un trabajo digno por su condición, que se les margine, y que permite que tengan que dejar muchas veces sus estudios por el acoso que sufren gracias a la intolerancia que alimentan algunos.

El reclamo del rechazo a esa designación ha unido de igual manera a las iglesias evangélicas, las que han publicado un manifiesto en el que hablan de una pretendida “moral nacional” vinculándola, además, a los padres fundadores de la República y en el que denuncian un supuesto entramado conspirativo ideado por los EEUU con el que se pretende “colocar” a activistas LGBT en distintos países para así forzar la apertura de los mismos y la aprobación de leyes favorables a la comunidad LGBT.

En ese comunicado se dan datos del alto índice de suicidios en los EEUU, del consumo de drogas y del aumento de los contagios por VIH que se han seguido produciendo en aquel país, señalando siempre a la comunidad homosexual como responsable; así como una dura crítica a la interrupción voluntaria del embarazo, a la educación sexual y a la enseñanza del uso del preservativo, que evita embarazos no deseados y el contagio de enfermedades de transmisión sexual. Esto es que los evangélicos se posicionan al lado de las posturas más arcaicas, radicales y negadoras de la dignidad humana que se conocen en el mundo.

Por el contrario nada dicen ellos en su comunicado de que la República Dominicana es uno de los países del mundo con mayor índice de embarazos en adolescentes; que el contagio por VIH crece exponencialmente cada año y que afecta en el país principalmente a las personas heterosexuales. Nada dicen en su comunicado sobre el enriquecimiento ilícito de muchos pastores de iglesias evangélicas a costa de sus feligreses y tampoco se refieren a la misoginia que ellos practican queriendo aplicar a sus esposas, hijas, hermanas, e incluso madres, las estrictas reglas de la ley mosaica.

Por su lado los sacerdotes católicos no ocupan ni un solo minuto en condenar los abusos sexuales perpetrados contra niñas y niños indefensos desde el propio seno de su iglesia; no han ocupado un solo minuto para referenciar el escándalo recientemente destapado en el Vaticano sobre la utilización de servicios de prostitución masculina por parte de muchos de sus prelados y menos sobre el escandalazo que supone la presunta gestión fraudulenta del Banco Vaticano.

Una doble moral que provoca más que estupefacción porque para justificar sus posturas homófobas construyen argumentos que cuando los contrastamos vemos que son cuanto menos engañosos. Por ejemplo, es muy común en República Dominicana hablar de una “realidad cultural” que nos coloca radicalmente lejos de la homosexualidad, la que nos ha venido, siempre según esos argumentos, impuesta por la modernidad, la corrupción cultural que sufre el país al copiar modelos importados de otras naciones y al libertinaje que da el alejarse de la “palabra de Dios.

Pero esos argumentos construidos sobre una base falsa se caen por los suelos cuando acudimos a los textos históricos y constatamos, por ejemplo, que los propios cronistas de indias como Fernández de Oviedo y el Padre Las Casas (ninguno sospechoso de no ser cristiano) reseñan en sus escritos que los tainos practicaban con naturalidad la homosexualidad, y no es un secreto que existen registros de transexualismo en más de un centenar de tribus americanas. Por ejemplo, los mayas, los toltecas y los incas eran sumamente tolerantes con los homosexuales, al igual que la cultura Chimú y muchas tribus de Norte América.

 

Por otra parte, la homosexualidad en muchas de las tribus africanas está perfectamente documentada y se sabe que esas prácticas fueron trasladadas a América durante la época de la esclavitud. La República Dominicana tiene una fuerte herencia africana a pesar de que la misma haya sido negada durante siglos, por lo que es lógico pensar en ello como parte de nuestra herencia cultura. En África y América sólo empezaron a ser mal vistas esas relaciones una vez llegaron los europeos con su moral cristiana a minar las tradiciones de las poblaciones originarias y la de los africanos traídos desde el continente negro.

 

Y si alguien insiste en considerar que ninguna de esas manifestaciones (la taína y la africana) corresponden a la composición social dominicana porque somos un país “fundamentado en el catolicismo” y más cercano a Europa que al paganismo aborigen y negro, pues sólo tiene que pensar un sólo momento en Sócrates, Platón o Aristóteles. Imaginarse al gran Alejandro Magno y al inigualable Julio César; admirar las grandes obras de Leonardo da Vinci o Miguel Ángel, y deleitarse leyendo a Oscar Wilde, Shakespeare y al magnífico García Lorca; escuchar a Chaikovski; aplicar las teorías de Keynes o simplemente admirar a Safo de Lesbos y a Marlene Dietrich. Todos ellos, además de ser blancos, eran gays y lesbianas.

Por tanto cabe preguntarse ¿de qué “moral nacional” y de cuál “realidad cultural” es de la que nos hablan estos fanáticos religiosos?

La respuesta es que se la inventan intentando negar la realidad del ser humano y particularmente la de todo un país al que pretenden abstraer del mundo real para diferenciarlo como si sus ciudadanos fuéramos una especie única, negándose a entender que el amor se siente y punto, que da igual por quien: es amor. Siguen viendo las relaciones entre personas del mismo sexo como algo específicamente carnal y no son capaces de reconocer que lo que existe es un sentimiento entre las personas, muchas de las cuales deciden vivir juntas para el resto de sus vidas.

Algo que no cabe en la cabeza de los fanáticos religiosos es que la dignidad humana está por encima de cualquier consideración particular de una determinada congregación religiosa, que las leyes están para salvaguardarla y que por eso la Constitución dominicana en su Capítulo I del Título II habla de los Derechos Fundamentales que asisten a cada ciudadano y ciudadana del país. El artículo 38 garantiza el derecho a la dignidad humana que es “sagrada, innata e inviolable”; y el artículo 39 dice que todos nacemos “libres e iguales” y que no podemos ser sujetos de ningún tipo de discriminación por cualquier condición social o personal. El artículo 43 garantiza el derecho al libre desarrollo de la personalidad y el 44 la inviolabilidad del derecho a la intimidad y al honor.

 

(continua)

 

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