¿Vivimos en Democracia?

¿Vivimos en Democracia?

Jonatan Gomez Jonathan Gómez
Politólogo y fundador de la Plataforma para el Debate

En la antigua Grecia, de donde procede lo que hoy disfrutamos como democracia: demo (pueblo), cracia (poder) y el ágora, lugar donde se realizaban las réplicas, oposiciones, argumentos, teorías, discursos, se disponía de distintos puntos de vista que brindaban la oportunidad de un avance cada vez mayor de contenido político, filosófico, económico y social.

No hemos cambiado muchos desde entonces. Hemos cambiado la forma, pero el fondo sigue siendo el mismo. El poder político ofrece la oportunidad de cambiar la vida de las personas de una manera positiva eso es lo más noble de la gestión pública. Una gestión que se debe traducir en consolidar la democracia, el bienestar social, crecimiento económico incluso, crecimiento cultural.

La importancia de tener dos o más visiones distintas a la solución de un mismo asunto, se viene demostrando desde la antigüedad. Es vital que consideremos esa constante para el fortalecimiento de la democracia, expandirla y nutrir todas las instituciones públicas, incluso privadas. La consolidación democrática no solo se consigue con un sufragio universal cada cuatro años, también se logra con un partido de la oposición serio, responsable, comprometido y con una hoja de ruta marcada para satisfacer a una parte de la población, aun siendo ésta minoría. Una de las grandezas de la democracia es velar también por los intereses de la minoría y representarla… ¡que no es poca responsabilidad!

El partido del gobierno en su intento de continuar en el poder con sus procedimientos internos, marcando estrategias, estableciendo acuerdos y el partido de la oposición moviendo ficha para organizarse, estructurarse, configurarse y reinventarse, es una parte fundamental del proceso de la llamada “fiesta de la democracia” en el que ellos (los partidos) son actores protagonistas y nosotros meros espectadores, pero que posteriormente nos convertimos en absolutos protagonistas, lo que convierte el proceso de interés nacional.

Existe una causa común por parte de los partidos: ser la mejor de opción para la consecución del bien común. El tablero que nos presentan las distintas fuerzas políticas donde se juegan distintos frentes e intereses es un síntoma de que el sistema democrático es el menos malo que tenemos, -mejorable como todo en la vida-.
Por lo tanto debemos valorar en buena medida que existan dos alternativas políticas: una queriendo continuar en el poder, y la otra obligándose a representar una alternativa de gobierno para equilibrar el sistema. No importa quien se encuentre en oposición o liderando: los papeles pueden cambiar, el pueblo puede decidirlo en cualquier momento. Lo importante es que, si existen dos opciones fuertes para aspirar al poder, podemos ratificar la consolidación del sistema democrático y vivir la “fiesta de la democracia” orgullosamente y con patriotismo.

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