2016: promesas para “después”

2016: promesas para “después”

Por Víctor Bisonó

 

En casi todas las culturas, el inicio de un nuevo año simboliza un nuevo comienzo para las personas. Esto viene en forma de metas o resoluciones que nos trazamos al llegar el año a su fin, pues entendemos que el nuevo nos brinda oportunidades para seguir avanzando. Sin embargo, es común que esa energía con que iniciamos vaya convirtiéndose en complacencia y veamos cómo las promesas de acción son reemplazadas por excusas como: “para la próxima”, “todavía eres joven”, y “será después”. Así, pasan los años y se queda todo en el mismo lugar. Esto, en el mejor de los casos, pues en otros incluso se retrocede. Las personas comunes son las más susceptibles de lo que describimos, pero también lo son las administraciones estatales que con estas mismas excusas, terminan volviendo la República Dominicana en el país del “después”.

En el país del “después” queda para más adelante reformar la obsoleta Ley de Armas, la cual data de 1965, y cuyo proyecto ha estado 10 años en el Congreso. Para “después” ha quedado transformar la Policía, y para “un momento más oportuno” aprobar la Ley de Partidos, la Electoral y el Código de Garantías Electoral, condenando al país a pasar todas las elecciones, desde 1998, sin reglas claras, parámetros y sanciones que velen por una competencia justa tanto a lo interno de los partidos como en elecciones nacionales. Cabe preguntarse ¿cuántos comicios tienen que pasar para que se tome acción? Resulta incomprensible que en ese período la Constitución se haya reformado tres veces para modificar el artículo más controversial, como lo es el de la reelección, mientras prima la ausencia de voluntad para aprobar reformas en temas que la sociedad entiende urgentes.

La sabiduría popular nos ha enseñado que la noche es más oscura justo antes del amanecer. Por lo visto, aún queda la suficiente incidencia que procura que los grandes partidos permanezcan en la fragilidad institucional para seguir poniendo en práctica las políticas de nula democracia interna, y en cambio insistir con acuerdos de “aposento” que han imposibilitado la transparencia, el orden, la democracia y la apertura a que nuevas generaciones ingresen a la política. Se trata de un círculo vicioso que debemos romper.

Este escenario se ve agravado con el hecho de que la poca competencia que vemos se da entre funcionarios de partidos y/o de los gobiernos que sin siquiera tomar licencia llenan el país de promoción, sea para sí mismos o sus allegados. Todo esto llevando a que incluso los mínimos espacios a decidirse por el voto militante traigan consigo la desgarradora noticia de vidas perdidas y heridos en riñas que pudieron ser evitadas. Iniciamos 2016, el undécimo año electoral desde 1994, nuevamente expuestos a que la anarquía se apodere de lo que debe ser una fiesta de la democracia. Ya las palabras de quienes ostentan las direcciones y mayorías suenan vacías y lo que queda es la acción ciudadana que impulse el cambio fundamental para el país. La resolución de año nuevo debe ser que dejemos de ser el país del “después”, para pasar a ser la nación del “ahora” por la democracia y el desarrollo de República Dominicana.

 

Facebook Comments