Afroespañolidad: la España diversa e invisible

amin2_0Amin Arias Garabito
Dominicano residente en Madrid
España siempre ha guardado una relación especial con el continente africano que ha marcado su trascender histórico con innumerables acontecimientos que han generado una compleja mezcla que se presenta como seña indispensable de la identidad de la península ibérica.

Es propicio el momento, ya que el 25 de mayo se celebra el Día de África, para reafirmar la africanidad española generada por esa interacción de tantos siglos de convivencia entre ambas orillas del Mediterráneo.

La España que por otra parte se ve en el espejo de Europa sigue manteniendo esa relación natural con aquel lado del Mediterráneo, que algunos se atreven a reconocer como más intensa que la que históricamente ha tenido la península con el otro lado de los Pirineos. Y no es para menos porque ochocientos años de cultura árabe en la península ibérica han dejado un legado científico, tecnológico, literario, lingüístico, artístico y etnológico impresionante, que impregna casi todos los elementos que componen la identidad hispánica.
Sin embargo se ha renegado de esa relación con el continente africano;  se mira con desconfianza todo elemento que parezca llevar sangre o aroma de aquel lado del Mediterráneo. Lo africano siempre ha parecido algo extraño y no ha sido bien asumido como parte indivisible de lo que somos, del componente social que encarna la realidad peninsular, con los de aquí y con los llegados de todas partes. Y menos si el tono de la piel del que tenemos enfrente es más oscuro que el propio.
Vivimos en una España que ignora su parte negra, que desdeña su raíz africana, entre otras cosas, porque la desconoce. Estamos en esa España que ve como extraño a aquel, que a pesar de ser el resultado de varias generaciones en esta tierra, no pasa de ser un desconocido.
Nos negamos a ver también que en parte, España y otros países europeos tienen una deuda histórica con África por haber engendrado el monstruo de la esclavitud, seguido por el desgarrador período de la colonización del continente negro: unos procesos que determinaron la desestructuración y dieron la ruptura de la evolución natural de todo un continente; acabando con generaciones enteras y diseminando forzosamente por el mundo una diáspora que, a pesar de las adversidades, ha sabido sobreponerse y luchar eternamente, sin descanso, por la libertad y por su dignidad.
Pero más que culpa por esos hechos, lo que hay es un enorme desconocimiento sobre lo que somos, sobre lo que tenemos y sobre lo que es verdaderamente España: una nación diversa, con múltiples lenguas, con distintas herencias culturales y un montón de colores, ritmos, sabores y gentes venidas de todas partes a lo largo de toda su historia.
A pesar de que para muchos sea impensable, España también es negra. Lo es desde el primer momento en que llegaron negros a la península antes, incluso, de que Cristóbal Colón decidiera emprender el viaje a las Américas donde el mestizaje se produjo muy rápido, y más de un indiano regresó a la península desde Santo Domingo y de otros territorios americanos junto a su prole mulata.
Son muchas las partes de la historia de España que han sido acalladas, de las que nada se dice y que pocos conocen. Hay una larga lista de personajes relevantes de la historia española que han sido ocultados y negados por el simple hecho del color de su piel. Es el caso, por ejemplo, de Juan de Pareja, esclavo negro de Velázquez del que se dice que fue su mejor colaborador. Otros participaron en la colonización americana como el descubridor Juan Valiente, que participó en la expedición que llegó a Chile, o Juan Garrido, uno de los conquistadores del Imperio Azteca, quien además introdujo por primera vez en el Nuevo Mundo el cultivo del trigo.
En la literatura, sobre todo en el Siglo de Oro, hay innumerables referencias a los negros en diversos textos: los entremeses El Valiente Negro de Flandes,Entremés del Indiano y el Entremés de los NegrosEl Negrito Hablador o las referencias de Cervantes en su obra El Coloquio de los PerrosLos Negros de Santo Tomé y el propio Lazarillo de Tormes, en el que se menciona al padrastro negro, son claros ejemplos de lo presentes que estaban los afrodescendientes en la vida cotidiana peninsular y en la literatura.
Pero el más desconocido afroespañol es quizás el más grande de toda la historia: Juan Latino, el más prominente catedrático de gramática del colegio catedralicio de la antigua capital del Imperio y profesor de latín de la Universidad fundada por Carlos I. El mismo al que Miguel de Cervantes dedicó unas líneas en el prólogo de El Quijote, el que fuera consejero de Juan de Austria y muy cercano al Emperador Felipe II.
Siglos de intercambio cultural entre los tres continentes arrojan una población actual en España de alrededor de dos millones de afrodescendientes, según los informes del Alto Consejo de las Comunidades Negras en España. Dos millones de personas invisibilizadas al no contar como nacionales para la mayoría de los españoles, que siguen viéndonos como “gente de fuera”, asimilándonos a la inmigración hayamos nacido o no en España.
Es prácticamente imposible ver en la televisión a españoles y españolas afrodescendientes, una realidad que rompió Francine Gálvez en los 90, cuando apareció por primera vez en los informativos de RTVE, seguida por la leonesa Desirée Ndjambo que presenta actualmente los deportes en la cadena pública.
Actrices como Virginia Buika han tenido que emigrar porque en España “no se escriben papeles para negros”. Afirmación que queda confirmada con tan sólo echar un vistazo a la cartelera: los papeles que encarnan actores negros están ligados a la prostitución, la inmigración y a la marginalidad. No hay protagonistas negros, no existe historia alguna contada por un negro o una negra fuera de los estereotipos y los roles asignados a los afrodescendientes.
Pero directores de cine como el afroespañol Santiago Zannou se alejan de esa estigmatización. El ganador del Goya está comprometido con la visibilización de su comunidad. Lo mismo que la actriz Vicenta Ndongo o el caso de deportistas de élite como, por ejemplo, la olímpica Aauri Bokesa.
La afroespañolidad es un concepto de esta nueva sociedad plural y diversa que debe ser explorado para así favorecer su conocimiento. Es imprescindible que conozcamos y nos relacionemos con la diversidad que nos rodea, saber quienes son nuestros referentes. Ahí es donde radica el compromiso que debemos asumir los propios afrodescendientes para conseguir el empoderamiento de un colectivo que durante muchos siglos ha estado marginado; para desvelar esa parte de la historia borrada de los libros; para presentarnos como miembros activos de la sociedad y para ser partícipes de ella a todos los niveles, eliminado los prejuicios y haciendo desaparecer los estereotipos.
España debe de dejar de mirar a África y a los afrodescendientes como algo que le queda muy alejado. Tiene que entender que una parte de ese continente está en su propia gente, dentro de estas fronteras, y que las costumbres se entremezclan unas con otras. España debe apartarse del paternalismo y apostar por una ayuda al continente africano que implique una profunda transformación social, exportando lo bueno que tenemos para que las sociedades al sur de nuestras costas alcancen un nivel democrático sin que eso suponga un cambio en sus costumbres y en su modo de vida.

Los españoles de todas las razas y de todos los orígenes debemos tener el compromiso de apostar por el respeto a la diversidad para que pronto llegue el día en el que nos veamos unos a otros sin distinguir colores o acentos. Simplemente como iguales, como seres humanos con derechos y deberes y como ciudadanos que trabajamos unidos por la construcción de una sociedad donde la diversidad sea un valor a preservar.

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