Ángela Carrasco: «Soy la más coqueta que parió madre»

Un secreto banal: para desembarazarse de las llamadas inoportunas, fuerza su acento dominicano, se ayuda con un tono de criada en «Lo que el viento se llevó» y dice: «Yo estoy limpiando, no sé nada, la señora está de viaje». Y todo el mundo traga. Fantasiosa, Ángela Carrasco reconoce que alcanzó mucho más de lo que nunca soñó; anhelaba volver a su tierra cargada de éxitos y bajar las escalerillas del avión como había visto hacerlo a las estrellas de Hollywood en los noticieros: envuelta en un impresionante abrigo de piel. «Y lo hice, me tragué todo el calor de Santo Domingo, pero lo hice; mi familia flipaba al pie de la escalerilla».

–Su madre era cantante, pero no ejerció para dedicarse a la familia. No sé si usted hubiera hecho algo así…
–Yo nací en otro tiempo. Mi madre se casó con 16 años y no paró de tener hijos, hasta siete. Yo siempre pensé que lo mío era cantar y me casé con un hombre, Ramón, que siempre lo tuvo tan claro como yo. Mi madre sólo actuaba en las presentaciones que hacía mi padre, Blas, que tenía una academia de guitarra. Era la suya una voz preciosa, estilo Olga Guillot. Y la aplaudían mucho. Ahora, ella se ve en mí. Mi éxito es su éxito.
A los siete años hizo el anuncio de una bebida; a los trece años ya cantaba con el grupo de la academia de su padre e impartía clases de guitarra; a los 15 presentaba un programa en la TV dominicana, «se llamaba “Órbita” y hacía de todo: era la productora, decoradora, directora, cantante, entrevistadora…». Nació, dice, con la música en la garganta. Una beca le trajo a España a estudiar Decoración y Diseño.

–¿Y acabó la carrera?
–Acabé y trabajé en el INI decorando paradores nacionales. Uno de ellos tiene mi sello: el de Seo de Urgel. Es una belleza. Cantaba mientras dibujaba. Siempre llevaba mi guitarra y, en los viajes o después de las comidas, cantaba para los amigos. Hasta que pude llegar a TVE. Entré de azafata en «Señoras y señores», de Lazarov, y luego fui presentadora con María José Cantudo. Fue mi lanzamiento.

–Y llegó «Jesucristo Superstar», aquella María Magdalena inolvidable…
–En aquel musical estaban concentrados todos mis sueños. Me presenté al casting para el papel de María Magdalena el último día. Decían que ya estaba dado: sería para Paloma San Basilio o Ana Belén. El caso es que Jaime Azpilicueta y Teddy Bautista se mostraron  entusiasmados conmigo. Finalmente, Camilo Sesto dijo: «La quiero». Y me quiso.

–Se convirtió en una de las cantantes más famosas de España. ¿Aquel éxito le sirvió para…?
–Para todo, lo conseguí todo. Llegué a competir con el propio Camilo y con Julio Iglesias en las listas, fui número uno muchas veces, aquí y fuera.

–Su padre murió un día antes del estreno…
–Un infarto fulminante a los 52 años. Mi papá iba por Santo Domingo con las revistas bajo el brazo e iba enseñando mis fotos a todo el mundo. Vivía mi éxito con más emoción que yo, hasta el punto de que durante un tiempo me sentí culpable de su muerte: pensaba que la emoción de mi triunfo le había llevado al infarto. Mi madre me quitó esa idea de la cabeza.
Nació una gran amistad entre Camilo/Jesús y Angela/María Magdalena: tuvieron canciones, discos y giras internacionales. Luego,  fueron distanciándose, cada uno por su camino. «Además, últimamente Camilo prefiere la soledad; pero canté con él en su gira de despedida». Le gusta recordar su niñez. Pasó una década en los EE UU, tuvo éxito, ganó premios, volvió a España y se metió en aquel «Gran Hermano VIP»: «Pero aquello no era para mí; era demasiado buena; ¿qué vas a esperar de una persona como yo, que cogía a los cerditos como si fueran bebés? Esperaba que podría cantar, pero eso no les interesó; eso no vende, vende el “edredoning”, ya sabe». Dirige el Centro ABC Estudio. Son las siglas de Actuación, Baile y Canto. «También es un homenaje a mi padre: Academia Blas Carrasco». En su academia prepara artistas para musicales. Es su futuro, su legado, dice. Le gustaría ser la gran surtidora de artistas para musicales de todo el mundo. Tiene buen ojo para descubrir a los que valen.

–¿Y qué tal envejece?
–No me resigno. Soy la más coqueta que ha parido madre. No aparento los años que he cumplido, tengo salud, el alma joven y todavía no huelo a vieja. Disfruto cocinando, comiendo y con un buen vino. Y cantando.
Antes salía corriendo de cualquier parte donde sonara un disco suyo; ahora los escucha en casa (algunos) y le gustan, se gusta, «sobre todo me emociona el Adagio de Albinoni al que Camilo puso letra; recuerdo que tardamos tres días en grabarlo porque yo no podía contener las lágrimas». Va a seguir actuando siempre. Feliz y pizpireta, me dice que Armando Manzanero le acaba de piropear: «Estás cantando mejor que nunca».

 

8 Sep/ Amo Dom/larazon.es

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