Ante la crisis, los españoles buscan una oportunidad en Latinoamérica

Muchos latinos decidieron volver a sus países, seguidos ahora por los españoles que esperan encontrar trabajo del otro lado del océano.

Latinoamérica fue durante la última década una fuente de mano de obra, que cruzaba el Atlántico para trabajar durante los años del boom constructor en España, pero con el estallido de la burbuja inmobiliaria, el flujo parece revertirse.

Los inmigrantes estuvieron entre los primeros en perder sus trabajos cuando el boom se agotó y muchos de ellos decidieron volver a sus países, seguidos ahora por muchos españoles que esperan encontrar una oportunidad en esos países al otro lado del océano.

Con un desempleo que afecta a un cuarto de la población activa y sube hasta el 52% entre los jóvenes de entre 16 y 24 años, se dirigen no sólo al norte de Europa, sino también a países del sur en plena expansión como Brasil o Venezuela para encontrar un trabajo o crear una empresa.

Mercedes Martín, de 29 años, se está preparando para marcharse a finales de este año a Brasil, donde espera expandir su empresa de diseño de páginas web y marketing.

«Aquí lo veo difícil porque las empresas no invierten, tienen mucho miedo, ahorran mucho en costes, en gastos y en Brasil creo que hay más oportunidades», afirma Mercedes.

«Hay mucha más demanda de empleo ahí que aquí, de personas cualificadas», especialmente con vistas a la próxima celebración del Mundial de fútbol de 2014 y de los Juegos Olímpicos en 2016, añadió.

Con el boom inmobiliario de los años 2000 en España, también se produjo un gran aumento de su población: las estadísticas nacionales muestran que creció en cinco millones de personas entre 2002 y 2009 cuando se hizo evidente la crisis financiera internacional.

En cuanto España cayó en la recesión, causada por la crisis, la ola de llegada se paró y revirtió, y este año este cambio de flujo ha empezado a acelerarse a medida que los empleos son cada vez más escasos y muchos españoles han caído en la pobreza.

Según cifras del Instituto Nacional de Estadística (INE), entre 2011 y septiembre de 2012, 117.000 españoles dejaron el país. En Las Palmas, en las islas Canarias, Catherine Hernández, de 37 años, se prepara para marcharse a Venezuela.

Hernández, de padres españoles y que posee la doble nacionalidad hispano-venezolana, volvió a España hace 12 años y gracias a sus estudios de comunicación trabajó en una radio local.

Ahora, las Canarias tienen uno de los mayores índices de desempleo de España -más de un 33%-, mientras que Venezuela, según ella, está en pleno boom. «No tengo trabajo. En Venezuela, hay un momento de florecimiento, hay muchas opciones para hacer cosas, hay trabajo de todo tipo», afirmó, recordando un viaje que hizo hace algunos años, durante el cual incluso encontró un trabajo.

Durante el boom de la última década en España, «el latinoamericano estaba muy mal visto», afirmó. En Europa, mientras tanto, muchos españoles miran al norte, hacia Alemania. El Instituto Goethe de Madrid, una organización cultural germana, asegura que las inscripciones para sus cursos de alemán han subido un 50% en dos años.

«Podemos apreciar desde febrero del 2011 un nuevo y cuantioso grupo de alumnos», dijo el director del Instituto en Madrid, Manfred Ewel, en una declaración.

Otros apuestan por otros países europeos algo menos prósperos. Contento de trabajar, pero también de aprender inglés para mejorar sus perspectivas de empleo, Jaime Mora, de 21 años, un diseñador madrileño, se metió en un avión para Liverpool, en el noroeste de Inglaterra, sólo porque «el nombre me pareció gracioso».

«La elección la hice un poco a lo loco. Compré los billetes y me fuí el lunes siguiente. En la semana después de comprarlo estuve ‘guay’ (contento), pero cuando llegué y me encontré solo, fue más duro», reconoce.

En unas pocas semanas encontró un apartamento, un escuela que ofrece clases de inglés gratis y un trabajo lavando platos en una residencia de ancianos para pagar el alquiler. En sus clases de inglés, un 90% de los alumnos son españoles, incluyendo un psicólogo, un biólogo y algunos ingenieros.

«Lo más duro es dejar a la gente que quieres, la familia, los amigos», relata, antes de reconocer que «es una formación de la vida. Estás fuera de casa buscándote la vida. Me hace crecer a grandes pasos».

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