Como una paradoja política

Por OLGA CAPELLAN

UNIÓN EUROPEA.- Se podría considerar como una paradoja política la situación por la que atraviesa el Partido Revolucionario Dominicano (PRD), donde dos de sus dirigentes principales se han trillado su propio camino. Por un lado Miguel Vargas Maldonado se encuentra totalmente sólo, mientras por el otro Hipólito Mejía está de rodillas ante el primero, o a merced de lo que él haga o decida.

El Ing. Miguel Vargas Maldonado, como presidente indiscutible, tiene la parte institucional de la más grande organización política de la República Dominica, pero debido a su torpeza no está siendo favorecido por la base del PRD. En tanto, el Ing. Hipólito Mejía dice tener a su favor la mayoría de sus compañeros, pero no cuenta con la parte institucional de su partido y tampoco tiene de su lado las decisiones del Tribunal Superior Electoral.

Pero qué paradoja la de estos dos dirigentes;  viéndolo desde otro punto de vista y para que ninguno de los dos le haga daño a su partido, cada uno de ellos debería coger por su lado y darle paso a otros dirigentes que estén en disposición y capacidad de llevar al PRD por buen camino, apegado a los estatutos que lo rigen.

El Partido Revolucionario Dominicano no es una herencia patrimonial ni política de ningún dirigente, sino propiedad o patrimonio de cada uno de sus miembros, militantes y simpatizantes que estén en disposición de respetar los lineamientos políticos del mismo.

El PRD ha perdido la facultad de hacer una oposición digna al gobierno del Partido de la Liberación Dominicana, Leonel Fernández y Danilo Medina, a pesar de ser la más grande organización política del país. Tampoco está contribuyendo a fortalecer la democracia nacional por encontrarse inmerso en los problemas internos, considerado por las partes en pugna como asunto prioritario a espalda de la base, que es quien en definitiva decide su destino.

La República Dominicana necesita una oposición fuerte capaz de contrarrestar la concentración de poderes con en el PLD y su gobierno; hay que dejarse de romanticismo y llegar a la realidad. La democracia nacional está en peligro porque así lo ha querido un grupo poderoso del país, aún sin ser mayoritario.

La concentración de poderes es una situación típica de los regímenes dictatoriales, quienes reducen a su obediencia a la ciudadanía en general. En República dominicana se pasó por esta situación en los tiempos del trujillato;  sin embargo, luego de la caída del tirano en el año 1961, surgió en el país una pléyade de dirigentes y líderes que quisieron encaminar al pueblo por una verdadera democracia hasta que llegó el gobierno de Joaquín Balaguer en 1966.

Sin embargo, el tiempo no se detuvo, ya que la lucha continuó sin vacilación y fueron todos los sectores opositores que facilitaron la caída del gobierno reformista en 1978 para devolver la democracia que tanta sangre y sacrificio costó al pueblo dominicano. Ahora bien, a pesar que la mayoría de electores no ha favorecido al actual gobierno, la oposición no ha sabido capitalizar ni interpretar cuáles son las necesidades prioritarias del país y prefiere participar cada cual por su lado.

La desunión de la izquierda, la venta ideológica de algunos ex comunistas y la lucha intestina del PRD ha permitido esa concentración de poderes que posee el PLD y que hace peligrar a toda la nación.

Es entendible que el Partido Revolucionario Dominicano debe resolver lo antes posible la lucha interna por la que atraviesa, no importa a cuáles de sus dirigentes tenga que sacrificar.  La izquierda y todas las organizaciones políticas existentes deben aunar esfuerzos para hacer una oposición digna, decente e inteligente para que la República Dominicana no vuelva a caer en otra dictadura como en el pasado histórico.

La democracia no debe perecer en la República Dominicana, pero la paradoja del momento de todas las organizaciones políticas del país es que dependen actualmente de lo que decidan los Tribunales Superiores, aunque se sabe que estos organismos fueron formados para favorecer a determinados sectores dominantes, con la ayuda de algunos ingenuos que le han hecho el juego, a sabiendas que con ello están sacrificando la soberanía nacional, porque ya en éste país nadie decide nada, ni siquiera el modo de vivir.

Que Dios bendiga y proteja a todo el pueblo dominicano.

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