Diego el Cigala dice que en España «la música y la cultura se han acabado»

Diego el Cigala dice que en España «la música y la cultura se han acabado»

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Madrid, 11 jun (EFE).- Diego el Cigala es intenso. Cargado de oro, con unas gafas doradas extra grandes hechas a medida, y vestido «de marca» de pies a cabeza, regresa a España con un disco nuevo y orgulloso de poder decir que irse a vivir a República Dominicana le ha venido «de lujo»: «la música y la cultura aquí se han acabado».

«Del 1 al 10, me ha ido de 8,5. Solo me queda sacar el disco que estoy preparando como homenaje a la salsa para llegar al 10», se ríe en una entrevista con Efe recién llegado de Colombia, cansado de tanto viaje pero exultante: «la palabra ‘light’ no está en mi diccionario, todo lo mío es apasionado».

Desembarca en España, donde estará casi un mes, con una nueva aventura discográfica, «Vuelve el flamenco», una grabación en vivo, en el Palau de la Música de Barcelona, con el acompañamiento de Diego del Morao, el hijo de Moraíto Chico, discípulo de Paco de Lucía, a quien dedica el trabajo.

Este gitano madrileño, nacido en 1968 como Diego Ramón Jiménez Salazar, tenía «necesidad» de volver al flamenco, «de recuperar la esencia» de los cantes más tradicionales, tan distintos a los viajes «de ida y vuelta» que comenzó con el súperventas «Lágrimas negras» y en el que conoció a Bebo Valdés, «el mayor regalo» que le ha dado la vida «por cómo era musical, humana y espiritualmente».

«Los discos flamencos tienen riesgo pero dan una satisfacción brutal. Este tiene una energía, una potencia increíble y es que el público estaba entregado y salieron los duendes», rememora sobre la grabación de este paseo por palos como martinete, sevillanas, malagueña con verdiales, soleá, taranta, tangos, fandangos de Huelva o bulerías.

Grabar los discos en vivo, afirma, «tiene muchos riegos, pero también muchas ventajas», porque en un estudio «puedes hacer y deshacer» pero en la sala, como ocurrió en el Palau, «tienes mucha inspiración y complicidad con los músicos».

Es su décimo CD, el cuarto que hace «lejos de las garras» de las discográficas tradicionales, camino que inició con «Dos lágrimas», y primero en autoedición.

 Es «muy difícil» que vuelva «al redil» de una discográfica como no sea para asegurarse la distribución, pero «de lo demás» él ya ha pasado «lo suyo» y no quiere más.

«Lo que ocurra que ocurra por mí, por lo que yo he hecho. Quiero dormir con la tranquilidad de haber intentado hacer buenos discos», subraya.

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