El futuro del PRD está en manos de los jóvenes

Por SAUL PIMENTEL

EL AUTOR es periodista, director de ALMOMENTO.NET

En el Partido Revolucionario Dominicano (PRD) podría producirse en un corto plazo un vacío institucional porque, a pesar de que Miguel Vargas ha sido ratificado como presidente y manejador de la “franquicia” perredeísta, un importante sector de esta organización no acatará sus directrices y, mucho menos, sus convocatorias. Permanentemente se mantendrá cuestionándolo, desestabilizándolo y conspirando contra él. Vargas de seguro responderá convocando a los organismos de dirección del partido y cuando los seguidores de Hipólito Mejía no asistan a las reuniones, procederá a aplicarles las sanciones que contemplan los estatutos perredeístas y los sustituirá.
En otras palabras, se anticipa que los conflictos en el más viejo y numeroso partido de la República Dominicana se extenderán por mucho tiempo y que habría una inevitable división, como nunca antes, a menos que surja alguien con autoridad moral y fuerza para evitarlo.

Anteriormente en el PRD existía una figura del peso de José Francisco Peña Gómez quien, no obstante en algunos momentos fue protagonista de conflictos, tenía la solidez y liderato suficientes para dominar a los grupos en pugna. Pero ahora no hay un personaje con esas condiciones, con el agravante de que ya no hay líderes, y los denominados “viejos robles” están como el caballo de aquella popular canción del venezolano Simón Díaz: viejos y cansados, algunos de ellos, incluso, desacreditados y parcializados, por lo cual no pueden erigirse en mediadores entre los grupos en pugna, para tratar de salvar al partido.
Esto nos hace llegar a la conclusión de que el futuro del PRD está en manos de los jóvenes, los cuales son los únicos capaces de impulsar y hasta imponer un proceso de transformaciones que haga cambiar el desprestigiado rumbo de esta organización política, provocado por la ineficiencia, ambiciones y falta de modernismo de sus líderes tradicionales. Son los jóvenes los únicos con el vigor, moral y autoridad suficientes para producir una revolución en el perredeísmo.

Ahora bien, este proceso de cambios debería ser pacífico, involucrar a todos los sectores de la organización y estar orientado únicamente a que se produzca a corto plazo una renovación total de los cuadros directivos, no violentamente y de arriba hacia abajo como pretenden algunos, sino de abajo hacia arriba. En este sentido debería haber una mancomunidad de acciones de “viejos y nuevos robles”, orientado a dotar al partido de nuevas estructuras y métodos, poniendo énfasis en la formación ideológica de sus cuadros y en la creación de una nueva mística y de una ética, que tanta falta hacen en el perredeísmo.

Algo provechoso sería que los perredeístas a todos los niveles concentraran sus energías, no en seguir buscando los culpables de la derrota electoral, sino mas bien en definir qué debe hacer el partido en el futuro inmediato, a la luz de las actuales circunstancias. Sería más que saludable que erradicaran de sus mentes el erróneo concepto de que el único propósito de un partido político es conquistar el poder y gobernar. Ellos deberían tener en cuenta que la principal función de una institución política, esté o no en el poder, es servir de pilar del sistema democrático y contribuir al desarrollo del país.
Lo que ha hecho falta en los últimos tiempos y que lo que más se necesitará a partir del próximo 16 de agosto es precisamente una oposición constructiva. En otras palabras, que se impida al Gobierno actuar a su antojo, como si fuera dueño y señor del país.

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