¡El quehacer cuando no hay qué hacer…!

Cesar Medina, Embajador dominicano en España

César Medina
lobarnechea1@hotmail.com

Los fines de semana, he escrito ya, me los dedico a mí mismo, en un ejercicio egoísta agotados ya los requerimientos de la rutina laboral. Reviso al desgaire los periódicos y revistas acumulados, miro la tele o sencillamente me ensimismo.

El quehacer, cuando no hay nada qué hacer, es un deleite, una remisión sin pausas a la libertad personal, a entender sin cortapisas ese cordero o animal carroñero que todos llevamos dentro.

Así, entre periódicos que aún no amarillecen, revistas cuyo contenido conservan actualidad y una exposición de periodismo de altura, de ese que aquí en España me despierta preocupación genuina por la forma en que emborronamos las cuartillas en nuestra media isla, no puedo evitar las comparaciones… Acompañado todo del silencio de Madrid desierto a causa del ocio del domingo.

Ni siquiera la presencia por estos mundos de un gran amigo y contertulio encantador– que se llama Leonel Fernández y que después del almuerzo con Juan Luis Cebrián nos interna por horas en las librerías–, evita que estas horas del fin de semana nos conduzcan por la reflexión más profunda sobre lo que está pasando en la Europa Milenaria…

Los nuestros, irrisorios
Los problemas en Europa son tantos, y tan variados, de tal naturaleza, que los nuestros lucen irrisorios quizás por las muchísimas millas de la distancia física que, sin embargo, nunca podrían ser emocional para un periodista como yo, con más de dos terceras partes de la vida en el oficio.

A propósito de las comparaciones, he advertido repetidamente que cada gobierno en aplicar sus propias recetas sin buscar culpables en el pasado. Las derrotas electorales no obedecen a traidores, sino a fallas propias o a que las crisis son enemigas del poder.

En las crónicas sobre el crujir italiano– y no precisamente por el estropicio de unas buenas pastas bien al dente–, la figura de Berlusconi no suena. Muy de vez en vez se le menciona, últimamente por las sugerencias que él mismo puso a correr de que se prepara para retornar al ruedo político.

En Gran Bretaña, si juzgo por los informativos de la BBC que alcanzo a ver en la televisión por cable, Gordon Brown desapareció desde que perdió las elecciones como cabeza del laborantismo, hace ya casi dos años. Desconozco si se refugió en su querida Escocia, acicateada igual que Cataluña por el germen de la independencia, o si retornó a la cátedra como profesor experimentado de Economía.

Lástima que la práctica académica le sirviera de tan poco en el ejercicio del poder….Pero también en política ocurre como en la música: Una cosa es con guitarra; otra, con violín.

Pasaron las elecciones en Francia y del pasado Presidente, Nicolás Sarkozy, seguro que sólo sabe su adorada y adorable esposa, Carla Bruni.

Los medios– y miren que aquí en España se sigue muy de cerca la política francesa– nada nos cuentan de ese exmandatario de rostro adusto, cuya estatura como hombre, que no como político, la suplía con unos zapatos de plataforma oculta.

François Hollande ha recompuesto bastante, tras unos malos entendidos iniciales, su relación fraternal, de aliados a carta cabal, que Sarkozy tenía con Ángela Merkel, la primera ministra alemana que tanta agua ha dado a beber en la periferia europea de economías casi en estado terminal.

Los socialistas franceses en el poder se han abanderado con la política que nuestro Leonel Fernández proclama urbi e orbe: Recorte de gastos, sí, pero de la mano con los estímulos correctos á la economía…

Porque con la austeridad monopolizando la política económica no se saldrá a camino: ¿Cómo atacar con eficacia el desempleo si se apuesta por la recesión?

Burro no come bizcochito
Sé que Antoni Samarás, Passos Coelho y Enda Kenny son los primeros ministros de Grecia, Portugal y de la República de Irlanda, respectivamente, los países europeos que ya vivieron el calvario de los ajustes profundos y que aún no se reponen del terremoto financiero cuyas réplicas se sienten a diario por toda la geografía de este continente con una historia cargada de grandeza y torpeza, de alto arte y bajas pasiones, de humanismo y barbarie.

Pero que a nadie se le ocurra preguntarme los nombres de los antecesores de estos jinetes de la crisis porque me pondría en aprietos. No suelo guardar los periódicos tanto tiempo, apenas unos días.

Sin embargo, en la República Dominicana los perdedores de las últimas elecciones no cesan de asaltar los medios con análisis, críticas y ofertas de soluciones para los grandes y pequeños problemas del país.

Es una moda…Y pena que mejor no hablen de moda, porque seguro provocarían la risa colectiva y nos incomodarían menos a todos. Es esta, justamente, lo diferencia que quiero resaltar.

Cuando un líder político en Europa pierde las elecciones o se retira, el caso de Tony Blair en el Reino Unido, y José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero, en España, se arropan en un silencio de respeto tanto para sí mismos como para sus sucesores. Buscan vida, antes de que se muden a la del más allá, en la academia, en las consultorías o en el mundo de las conferencias.

Este quehacer cuando no hay nada qué hacer tiene sus riesgos… Como el de imaginar, por ejemplo, a un excandidato presidencial nuestro hablar con propiedad en los grandes escenarios globales sobre las tensiones políticas en el Medio Oriente, analizar por qué no funcionaron los mecanismos de control de la banca internacional o las consecuencias del cambio climático para el mundo en desarrollo.

Con un poco de ilustración propia “dominguera” diríamos que la abeja no hace la miel para la boca del asno, que traducido a buen dominicano se lee otra frase simple: ¡Burro no come bizcochito…!

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