Feminicidios, Brazos Cruzados y Bocas Cerradas

Por AWILDA GOMEZ

 

Me pregunto todos los días, cuando me levanto cada mañana, y doy gracias al creador por un día más de vida, ¿qué está pasando con tanta violencia de género?, ¿por qué hay tantos brazos cruzados, y tantas bocas calladas, ante esta epidemia que nos está arropando a todos?, ¿qué pasa? .

En los últimos días he visto en todas las redes sociales, medios impresos y digitales, el maltrató a la mujer, los asesinatos a la orden del día, los afiches de cero violencia, las marchas en contra de las victimas de violencia doméstica, el basta ya, el cero feminicidios, y me pregunto a cada minuto: ¿será posible que ante este mal silente, nos quedemos de brazos cruzados?.

Existen instituciones sin fines de lucro que orientan a las mujeres víctimas del maltrato, leyes que supuestamente protegen a las víctimas, pero también me pregunto:  ¿estas leyes funcionan a favor de las víctimas o del agresor?, ¿será posible que a diario maten mujeres como si fueran pollos o cucarachas, y nadie hace nada?.

La violencia doméstica es considerada una de las principales violaciones de los derechos humanos, y hoy día se ha convertido en un problema de salud en varios países latinoamericanos, y diría yo del mundo entero.

El problema en sus diferentes formas es un hecho altamente preocupante que pone en peligro el bienestar del núcleo familiar, especialmente el de la mujer maltratada. No es cuestión de un “Basta Ya”; es más que es eso.  Como mujer me siento preocupada día a día al ver cómo mujeres, muchas de ellas indefensas, terminan muertas a mano de sus agresores, y nadie dice nada.

Las causas de este fenómeno son múltiples. Se han señalado factores tales como problemas de personalidad y de dinámica interpersonal familiar, situaciones variables como el nivel de pobreza, el estrés económico, la falta de orientación, atención, status legal así como normas culturales que dan soporte a la violencia de género o a la provocada por la desigualdad social, pero no por eso se puede callar ante este mal que nos esta envolviendo a todos.

La violencia contra las mujeres hoy día es un fenómeno que ocurre en todos los países, clases sociales y ámbitos de la sociedad. Incluye no sólo las agresiones físicas sino también el maltrato psíquico y sexual por parte del agresor.

Podríamos decir que, habitualmente, cuando pensamos en la violencia contra las mujeres casi siempre , la limitamos a la violencia física grave (palizas, agresión con armas, muerte). Sin embargo, también comprende el maltrato psicológico, sexual, de aislamiento y control social, que suelen pasar mucho más desapercibidos.  Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la violencia de género es cualquier acto o intención que origina daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico a las mujeres, incluye las amenazas de dichos actos, la coerción o privación arbitraria de libertad, ya sea en la vida pública o privada de la victima.

Violencia doméstica, violencia de género, violencia contra las mujeres, como lo queramos llamar, son tres sintagmas utilizados para denominar un grave problema, que vuelvo y repito  está arropando a la humanidad completa.

El primero, aunque sigue siendo el más utilizado, muchas veces se parcializa, ya que la violencia por el compañero íntimo va más allá de las paredes del hogar. El segundo, más amplio y cargado de contenido ideológico, puede minimizar la gravedad del problema detrás de un término que aún no está claro para muchas personas. Por eso, cabe seguir haciendo pedagogía y clarificando lo que significa el género.

Género, es un concepto sociocultural ligado a las costumbres y al significado que se da a las atribuciones femeninas y masculinas, que pueden diferir entre sociedades y en el tiempo, no es una variable ni sinónimo de mujer ni tampoco debe utilizarse de manera intercambiable con la palabra sexo. El sexo, en cambio, es una categoría biológica que, en principio, es inmutable y ahistórica.

Existe la necesidad de hacer cumplir los verdaderos compromisos en cuanto a las medidas que han de tomarse para prevenir y erradicar la violencia contra la mujer. No solo un “basta ya”, una marcha, afiches  por doquier, anuncios por las redes sociales, videos, etc, etc , sino más que eso… una verdadera lucha, un verdadero freno.

Dicen muchos psicólogos que la violencia de género empieza en el adiestramiento pedagógico que todos sufrimos durante la infancia. Todo nuestro entorno social va instruyéndonos sobre las prácticas propias de niños y niñas. Para empezar, a los niños les enseñan a apropiarse de nuestros genitales al grado que terminan poniéndole nombre al miembro, mientras que a las niñas les dicen que ellas no tienen lo que los niños tienen, como insinuando que están carentes de genitales. Yo difiero de esa idea, respetando a los profesionales de la psicología, pues tanto el niño como la niña son iguales porque son seres vivos, que sienten y padecen, seres que desde pequeños hay que enseñales a respetar a las niñas, y sobre todo inculcarles desde temprana edad que a las niñas no se les pega. Al menos eso pienso como mujer, y como ser humano.

Lo único que le queda a la mente adulta es vivir conforme a las reglas con las cuales se le ha adiestrado durante toda su vida, reglas que no se deben romper pero que a cada instante se rompen; una de ella es no al maltrato, no a la violencia de género

Erradicar la pandemia de la violencia de género es el verdadero reto del siglo XXI, mucho más que cualquier otro tipo de avance científico, cultural o tecnológico. Si la humanidad aprendiera a detectar, parar y prevenir esta enfermedad histórica, se produciría un punto de inflexión en su evolución y probablemente no habrían tantas muertes y tanta violencia de género.

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