¿Independencia o separación?

¿Independencia o separación?

Amín-Arias-Garabito-150x150Amín Arias Garabito
Político dominicano residente en Europa
@AminArias

(Apuntes necesarios para la comprensión del proceso libertador dominicano)

Parte I.

Hay que tener muy en cuenta el hecho de que Duarte, los trinitarios y todos los que participaron en las gestas patrióticas del 27 de febrero y los años sucesivos, tanto en sus escritos como en los documentos oficiales emanados de la Junta Central Gubernativa, las proclamas hechas en todo el país y, previamente, el propio Juramento Trinitario, hablan generalmente de Separación y no de Independencia.

¿Esto a qué es debido? ¿Hay matices que desconocemos y que es menester que saquemos a relucir? ¿Qué consecuencias tendría el que aceptáramos un término y desdeñáramos el otro? ¿Seremos capaces los dominicanos de abandonar los apasionamientos y abstraernos para mirar con verdadera objetividad el proceso libertador dominicano poniéndolo todo en sus justos términos, aceptando que nuestros héroes son hombres y mujeres de carne y hueso y que algunos de ello cometieron errores garrafales que dieron lugar, incluso, al derrocamiento de gobiernos legítimos y al apoyo de regímenes dictatoriales?

Todas estas preguntas tienen una clara respuesta. La cuestión estriba en que aunque seamos capaces de releer los libros de historia, los de nuestros propios historiadores, estamos tan prediseñados que no abandonáremos con facilidad lo que tenemos grabado en la cabeza y sellado en el corazón. El rechazo a todo lo que significa Haití nos acompañará durante toda nuestra vidas, o al menos eso parece.

Pero algunos estamos dispuestos a ser linchados por las huestes ultranacionalistas y mitificadoras, creadoras de semidioses. Todo sea por ensalzar la verdad histórica, poniendo negro sobre blanco cada detalle, cada momento, cada acontecimiento que conscientemente queremos obviar. Estamos dispuestos a dejar de mirar al otro lado del río Masacre con los ojos del recelo para tender una mano y encontrar los puntos comunes. Así que ¡empezamos!

La parte Este de la Isla de la Española era parte integrante de la República de Haití y los dominicanos de la época eran conscientes de ello. El proceso de unificación de ambos Estados vivido entre 1821 y 1822 arrojó el resultado de una sola República en toda la isla, y los sucesos que llevaron a su creación se explican fácilmente en tres puntos:

1. La parte occidental de la isla se independiza de Francia en enero de 1804 dando origen a la República de Haití.

2. La parte oriental de la isla proclama su independencia de España en diciembre de 1821 creando el nuevo Estado Independiente del Haití Español, y adscribiendolo a la República de la Gran Colombia fundada por Simón Bolívar.

3. Desde noviembre de 1821 los Alcaldes y jefes militares de las distintas ciudades fronterizas habían empezado a publicar proclamas en favor de la unificación con la República de Haití a la vez que desconocían la independencia proclamada por Núñez de Cáceres. Antes de dos meses todas las ciudades de la antigua parte española se habían declarado unidas a Haití, por lo que el Cabildo de Santo Domingo se vio compelido a proclamar formalmente la Unión del Estado del Haití Español a la República de Haití para así conformar una sola República bajo el amparo de una misma Constitución.

Lo que habían hecho los dominicanos era entrar a formar parte de un Estado que ya existía, proclamando su voluntaria aceptación del mismo, de sus leyes, pero con la condición del respeto a sus usos y costumbres.

La tan socorrida «ocupación» en realidad fue un proceso de «unificación» que se pudo producir gracias a las mañas de Boyer, el arte persuasivo de sus emisarios, sobre todo la alarma creada en el Sur por Dessier Dalmazí, la debilidad de la independencia de Núñez de Cáceres por las carencias con las que nacía (económica, militar, de derechos ciudadanos).

La primera medida fue la abolición de la esclavitud. Núñez de Cáceres se había negado a eliminarla cuando proclamó la independencia, y durante los años de la España Boba y la ocupación francesa fue igualmente mantenida a pesar de que Toussaint L’Overture la había abolido cuando ocupó la parte este de la isla en 1801.

Los haitianos nombraron a dominicanos en los principales puestos administrativos y de dirección, aunque el poder político (Gobernador) y el militar (generales) recayó sobre personajes del otro lado de la isla. Sin embargo esto no fue impedimento para que hombres como Tomas Bobadilla hicieran carrera política en el tren gubernamental, ni mucho menos para que hombres como Francisco del Rosario Sánchez desarrollaran con libertad su profesión de abogado, ni tampoco para que Mella ascendiera en el escalafón militar, y menos aún para que Juan Pablo Duarte pudiera comerciar ventajosamente en el negocio familiar gracias a las leyes de comercio promulgadas por Boyer, ni para que hiciera el servicio militar en el Regimiento 32 o para que hiciera política activa apoyando al partido de Herard y a los Reformistas.

Muchos dominicanos fueron elegidos como diputados a la Asamblea Nacional haitiana en representación de sus ciudades. Entre ellos podemos destacar a Buenaventura Báez. Duarte hizo una campaña muy activa en 1843 con el resto de trinitarios para favorecer el derrocamiento de Boyer y la instalación de un nuevo gobierno. Envió a Mella como emisario a la parte Occidental y éste cerró el acuerdo por el que los trinitarios proclamarían en Santo Domingo a Herard como Presidente. Lo que vino después ya lo conocemos: persecución y exilio de Duarte, simulacro de muerte de Sánchez, conspiraciones entre separatistas que buscaban protectorados con Francia, Estados Unidos, Colombia, Inglaterra o España y defensores de la independencia pura y simple; Trabucazo, proclamación de la República…

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